Capítulo 6 La Primera Discusión
La noticia cambió todo.
"Hay personas buscando información sobre ti."
Aquellas palabras permanecieron en la mente de Sofía durante el resto del día.
Intentó ignorarlas.
No pudo.
Intentó convencerse de que Matteo estaba exagerando.
Tampoco pudo.
Porque había algo en su forma de hablar que hacía difícil dudar de él cuando estaba siendo serio.
Y aquella vez había hablado completamente en serio.
El viaje comenzó a la mañana siguiente.
Muy temprano.
Demasiado temprano.
Cuando Sofía bajó las escaleras encontró varios vehículos esperando frente a la mansión.
Dos todoterrenos negros.
Un sedán oscuro.
Y varios hombres de seguridad.
Aquello parecía una operación militar.
No un simple viaje.
—Esto es ridículo.
Matteo apareció detrás de ella.
—Es necesario.
—¿Siempre vives así?
—Generalmente.
—Debe ser agotador.
Por un instante creyó ver algo parecido a una sonrisa amarga. —Lo es.
Aquella respuesta la tomó desprevenida.
Porque sonó sincera.
Muy sincera.
El trayecto transcurrió en silencio.
Al menos durante la primera hora.
Sofía observaba el paisaje desde la ventana.
Colinas.
Viñedos.
Pequeños pueblos.
Carreteras interminables.
Todo parecía tranquilo.
Normal.
Muy diferente al mundo de Matteo.
Finalmente rompió el silencio.
—¿Adónde vamos?
—A una propiedad familiar.
—¿Dónde?
—Cerca de Taormina.
—¿Vacaciones?
—Trabajo.
—Claro.
Porque aparentemente siempre era trabajo.
Matteo ignoró el comentario.
Algo que comenzaba a hacer con demasiada frecuencia. Y aquello la frustraba.
Porque era difícil discutir con alguien que rara vez reaccionaba. Llegaron poco después del mediodía.
La propiedad era impresionante.
Mucho más pequeña que la mansión principal.
Pero también mucho más hermosa.
Construida sobre una colina.
Con vistas al mar.
Terrazas cubiertas de flores.
Jardines.
Y un paisaje que parecía sacado de una postal.
Sofía permaneció inmóvil unos segundos.
Observando el Mediterráneo.
El agua brillaba bajo el sol.
Las olas rompían suavemente contra las rocas.
Por primera vez en semanas sintió paz.
Paz verdadera.
—Bonito.
Matteo se detuvo a su lado.
—Lo es.
—No esperaba algo así.
—La mayoría de las personas no lo espera.
—Empiezo a notar un patrón.
—¿Cuál?
—Nunca eres exactamente lo que imagino.
Aquellas palabras provocaron algo extraño.
Un silencio diferente.
Más personal.
Más peligroso.
Matteo apartó la vista primero.
—Eso suele ser una ventaja.
La casa estaba prácticamente vacía.
Solo algunos empleados.
Un cocinero.
Dos guardias.
Y una pareja encargada del mantenimiento.
Nada más.
Aquello sorprendió a Sofía.
—¿Eso es todo?
—Sí.
—Pensé que traerías medio ejército.
—No es necesario aquí.
—¿Por qué?
—Porque este lugar no aparece en ningún mapa relacionado conmigo. Aquella respuesta llamó inmediatamente su atención.
—¿Nadie sabe que existe?
—Muy pocas personas.
—Interesante.
—Esa era la idea.
Durante la tarde decidió explorar.
Los jardines parecían interminables.
Había senderos ocultos entre árboles antiguos.
Pequeñas terrazas de piedra.
Y rincones con vistas espectaculares al mar.
Mientras caminaba, intentó disfrutar del momento.
Pero la conversación del día anterior seguía persiguiéndola. Finalmente escuchó pasos detrás de ella.
No necesitó girarse.
Ya sabía quién era.
—¿Siempre apareces así?
—¿Así cómo?
—Sin hacer ruido.
—Es una habilidad útil.
—Inquietante sería la palabra correcta.
Matteo caminó junto a ella.
Durante varios minutos ninguno habló.
Sorprendentemente el silencio no resultó incómodo. Solo extraño.
Porque comenzaba a sentirse natural.
Y eso era exactamente lo que debía evitar.
—¿Puedo hacerte una pregunta?
La voz de Matteo rompió finalmente el silencio. —Depende.
—¿Siempre respondes así?
—Generalmente.
—Entonces entiendo muchas cosas.
Sofía sonrió sin querer.
La primera sonrisa genuina desde que lo conocía. Y eso la sorprendió más que a nadie.
—Haz la pregunta.
Matteo observó el mar antes de hablar.
—¿Cuál era tu plan?
—¿Mi plan?
—Antes de todo esto.
Antes de la deuda.
Antes de llegar a la mansión.
La pregunta la tomó desprevenida.
Porque nadie se la había hecho.
Ni siquiera ella misma últimamente.
—No lo sé.
—Mentirosa.
—¿Perdón?
—Todo el mundo tiene un plan.
Incluso cuando finge no tenerlo.
Sofía soltó una pequeña risa.
—Quería abrir mi propio negocio.
—¿Qué clase de negocio?
—Una librería.
Matteo pareció genuinamente sorprendido. —¿Una librería?
—Sí.
—Interesante.
—¿Por qué todos reaccionan igual cuando escuchan eso? —Porque normalmente las personas sueñan con hacerse ricas. —Y yo sueño con libros.
—Eso explica muchas cosas.
—¿Otra vez esa frase?
—Otra vez.
Aquello provocó una pequeña sonrisa en ambos.
Y por un instante olvidaron quiénes eran.
Dónde estaban.
Y por qué se encontraban allí.
Esa sensación desapareció rápidamente.
Porque el teléfono de Matteo comenzó a sonar.
Y todo cambió.
La expresión relajada desapareció.
La sonrisa desapareció.
Incluso su postura cambió.
Volvió a convertirse en Matteo De Luca.
El hombre que todos temían.
—Habla.
Escuchó durante varios segundos.
Su rostro se volvió más serio con cada palabra.
—¿Están seguros?
Silencio.
—Entiendo.
La llamada terminó.
Sofía sintió inmediatamente la tensión.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Eso significa que pasó algo.
Matteo guardó el teléfono.
—Vuelve a la casa.
—¿Qué?
—Ahora.
—No.
—Sofía.
—No me des órdenes.
Por primera vez Matteo perdió la paciencia.
No completamente.
Pero lo suficiente.
—Vuelve a la casa.
Ahora.
La intensidad de su voz la sorprendió.
Y también la hizo enfadarse.
—No.
El silencio cayó entre ambos.
Un silencio peligroso.
Porque ninguno estaba dispuesto a ceder.
—No entiendes la situación.
—Porque nadie me explica nada.
—Porque no puedo.
—Porque no quieres.
—Porque intento mantenerte a salvo.
La discusión comenzaba otra vez.
Y ambos lo sabían.
Entonces ocurrió.
Un sonido seco rompió el aire.
Algo golpeó una roca cercana.
Apenas unos metros de ellos.
Sofía se congeló.
El mundo pareció detenerse.
Durante un segundo no entendió qué había ocurrido. Después escuchó otro impacto.
Y esta vez sí lo comprendió.
Un disparo.
El corazón dejó de latir.
El miedo explotó dentro de ella.
Y antes de que pudiera reaccionar, Matteo ya estaba moviéndose. La sujetó por la cintura.
La empujó contra el suelo.
Cubriendo su cuerpo con el suyo.
Otro disparo resonó en la distancia.
Después otro.
Y otro más.
Los guardias comenzaron a gritar.
Todo ocurrió demasiado rápido.
Demasiado.
—¡No te muevas!
La voz de Matteo sonó junto a su oído.
Firme.
Autoritaria.
Protegiéndola.
Por primera vez ella obedeció sin discutir.
Porque estaba aterrada.
Completamente aterrada.
Los siguientes minutos fueron caóticos.
Más disparos.
Más gritos.
Carreras.
Órdenes.
Finalmente llegó el silencio.
Un silencio pesado.
Inquietante.
Sofía seguía temblando.
Apenas podía respirar.
Matteo continuaba frente a ella.
Protegiéndola.
Sin apartarse.
Sin moverse.
Como si fuera un escudo humano.
—¿Estás herida?
Ella negó con la cabeza.
—No.
—¿Segura?
—Sí.
Solo entonces Matteo pareció relajarse.
Apenas un poco.
Lo suficiente para que ella lo notara.
Y también para notar algo más.
Estaba preocupado.
No preocupado por la situación.
No preocupado por los disparos.
Preocupado por ella.
Y aquella realidad resultó más impactante que cualquier otra cosa. Poco después llegaron noticias.
Los atacantes habían huido.
Nadie sabía quiénes eran.
Nadie sabía cómo habían encontrado la propiedad. Pero una cosa estaba clara.
No había sido un accidente.
Aquello iba dirigido a alguien.
Y Sofía comenzaba a sospechar que podía ser ella. Aquella noche ninguno de los dos durmió.
La tensión seguía presente.
La adrenalina seguía recorriendo sus cuerpos.
Cerca de la medianoche, Sofía salió a la terraza. Necesitaba aire.
Necesitaba pensar.
Necesitaba entender qué estaba ocurriendo.
Escuchó pasos detrás de ella.
Otra vez.
Matteo.
—Deberías descansar.
—Tú también.
—No puedo.
—Yo tampoco.
El silencio regresó.
Pero esta vez era diferente.
Más suave.
Más cercano.
Después de varios minutos, Sofía habló.
—Me salvaste.
Matteo permaneció mirando el mar.
—Era mi responsabilidad.
—No.
Ella negó lentamente.
—No fue solo eso.
Por primera vez Matteo no tuvo una respuesta inmediata. Y aquello era raro.
Muy raro.
Finalmente habló.
—Jamás permitiría que te ocurriera algo.
Las palabras fueron simples.
Directas.
Honestas.
Y precisamente por eso resultaron tan peligrosas.
Porque algo cambió dentro de Sofía al escucharlas.
Algo pequeño.
Pero imposible de ignorar.
Y mientras observaba el océano bajo la luz de la luna, comenzó a darse cuenta de una verdad que no quería aceptar.
Cada día que pasaba le resultaba más difícil odiar a Matteo De Luca. Y eso podía convertirse en el problema más grande de todos.