PRISIONERA DE SU DESTINO Capítulo 3 Una Oferta Imposible
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Capítulo 3 Una Oferta Imposible

Sofía permaneció inmóvil durante varios segundos después de abandonar la terraza.

Algo en aquella conversación la había dejado inquieta.

No había obtenido respuestas.

Solo más preguntas.

Y eso era exactamente lo que más odiaba.

Mientras caminaba por los largos pasillos de la mansión, intentó convencerse de que Matteo De Luca era exactamente lo que todos decían.

Un hombre peligroso.

Frío.

Calculador.

Sin embargo, algo no encajaba.

Los monstruos que imaginaba no solían hablar con tanta calma. No parecían tan controlados.

No observaban a las personas como si estuvieran intentando comprenderlas.

Aquella contradicción comenzaba a molestarla.

Y cuanto más pensaba en ello, más confundida se sentía. Una empleada la acompañó hasta la salida.

El automóvil ya la esperaba.

Durante todo el trayecto de regreso observó el paisaje sin realmente verlo.

Su mente seguía atrapada en la mansión.

En aquella oficina.

En aquellos ojos oscuros que parecían analizar cada palabra que pronunciaba.

Cuando llegó al restaurante, encontró a su padre esperándola. Antonio se levantó inmediatamente.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Qué quería?

Sofía dejó el bolso sobre una silla.

—Hablar.

—¿Solo hablar?

—Eso parece.

Antonio no pareció convencido.

—¿Te dijo algo más?

—No directamente.

Su padre suspiró.

—Eso significa que está pensando.

—¿Y eso es malo?

Antonio soltó una pequeña risa amarga.

—Cuando Matteo piensa, alguien termina perdiendo. Aquella respuesta no ayudó en absoluto.

Los días siguientes transcurrieron con una tensión constante. Nadie mencionó la deuda.

Nadie habló de la propuesta.

Pero ambos sabían que seguía ahí.

Esperando.

Como una tormenta acercándose lentamente.

El restaurante volvió a abrir.

Los clientes regresaron.

La rutina intentó recuperar su lugar.

Sin éxito.

Sofía seguía mirando la puerta cada vez que sonaba la campana. Esperando ver a Carlo.

O peor.

A Matteo.

Sin embargo, nadie apareció.

Y aquella ausencia resultaba incluso más inquietante. Porque significaba que algo estaba ocurriendo lejos de su vista. Algo que no podía controlar.

Tres días después llegó la llamada.

Antonio estaba sirviendo café cuando sonó el teléfono. Su expresión cambió apenas escuchó la voz al otro lado. —Entiendo.

Silencio.

—Esta noche.

Más silencio.

—Estaremos allí.

Cuando colgó, Sofía ya sabía quién había llamado.

—¿Matteo?

Antonio asintió.

—Quiere que vayamos a cenar.

—¿Cenar?

—Sí.

—¿Desde cuándo los mafiosos organizan cenas?

—Desde que quieren discutir algo importante.

Sofía dejó escapar una exhalación frustrada.

—Esto es absurdo.

—Lo sé.

—No pienso ir.

Antonio permaneció en silencio.

Y aquella reacción fue suficiente.

—¿Tengo elección?

—No.

La respuesta llegó en voz baja.

Pero fue suficiente para destruir cualquier esperanza.

Aquella noche la mansión parecía aún más impresionante. Las luces iluminaban los jardines.

Las fuentes reflejaban destellos dorados.

Todo transmitía riqueza.

Poder.

Influencia.

Era un mundo completamente distinto al suyo.

Un mundo donde personas como Matteo De Luca imponían las reglas. Un hombre los recibió en la entrada principal.

Los condujo hacia un elegante comedor.

Y allí estaba él.

Sentado al final de una mesa enorme.

Como si fuera un rey esperando a sus invitados.

Matteo se puso de pie cuando entraron.

Un gesto inesperadamente educado.

—Antonio.

—Matteo.

—Sofía.

Ella simplemente asintió.

No tenía intención de mostrarse amable.

Matteo pareció darse cuenta.

Y por alguna razón eso pareció divertirlo.

La cena comenzó en silencio.

Los empleados servían platos impecablemente preparados. Pero nadie parecía interesado en la comida.

Todos sabían por qué estaban allí.

Finalmente Matteo dejó la copa sobre la mesa.

—Hablemos de negocios.

Antonio tensó los hombros.

—Sabía que llegaríamos a esto.

—Por supuesto.

Sofía observó a ambos hombres.

Sentía que estaba viendo una partida de ajedrez.

Una en la que ella era la pieza más importante.

Y también la única que no conocía las reglas.

—Escucho.

Matteo apoyó las manos sobre la mesa.

—He tomado una decisión.

El silencio cayó sobre la habitación.

—¿Qué clase de decisión?

—Respecto a la deuda.

Antonio cerró los ojos brevemente.

Como si se preparara para recibir una sentencia.

—Continúa.

Matteo miró directamente a Sofía.

—La deuda será cancelada.

Las palabras sorprendieron a todos.

Especialmente a Sofía.

—¿Qué?

—He dicho que la deuda será cancelada.

Antonio parecía tan confundido como ella.

—¿Por qué?

Matteo permaneció en silencio durante unos segundos. —Porque quiero ofrecer un acuerdo diferente.

Un escalofrío recorrió la espalda de Sofía.

Aquello sonaba demasiado simple.

Y las cosas simples rara vez existían en el mundo de Matteo De Luca. —¿Qué acuerdo?

La mirada de Matteo permaneció fija sobre ella.

—Quiero que vivas aquí durante seis meses.

Sofía sintió que el corazón le daba un vuelco.

—¿Qué?

—Seis meses.

—¿Estás loco?

Antonio se puso de pie inmediatamente.

—Eso no ocurrirá.

Matteo ni siquiera reaccionó.

—Si aceptan, la deuda desaparece.

—No.

—Si rechazan la oferta, exigiremos el pago completo. El silencio explotó dentro de la habitación.

Sofía observó a su padre.

Luego a Matteo.

Y nuevamente a su padre.

Nadie parecía estar bromeando.

Aquello era real.

Terriblemente real.

—¿Por qué?

La pregunta salió de sus labios antes de que pudiera detenerla. Matteo sostuvo su mirada.

—Porque necesito alguien en quien pueda confiar. Sofía estuvo a punto de reír.

—No nos conocemos.

—Lo sé.

—Entonces no tiene sentido.

—Para ti no.

—Para nadie.

Por primera vez Matteo pareció perder un poco de paciencia. No mucho.

Solo lo suficiente para que ella lo notara.

—Hay cosas que todavía no entiendes.

—Entonces explícalas.

—No puedo.

—Conveniente.

La tensión volvió a crecer.

Antonio observaba la escena con evidente preocupación. Porque algo estaba ocurriendo.

Algo que ninguno de los dos comprendía completamente. Y Matteo no parecía dispuesto a revelar la verdad.

Más tarde, cuando la cena terminó, Sofía salió sola al jardín. Necesitaba aire.

Necesitaba pensar.

Necesitaba alejarse de aquella absurda propuesta.

La noche era tranquila.

El sonido de una fuente llenaba el silencio.

Intentó ordenar sus pensamientos.

Sin éxito.

Todo resultaba incomprensible.

¿Por qué ella?

¿Por qué seis meses?

¿Por qué cancelar una deuda tan grande?

Nada tenía sentido.

—Sabía que estarías aquí.

La voz apareció detrás de ella.

Matteo.

Por supuesto.

Sofía ni siquiera se giró.

—¿Siempre consigues lo que quieres?

—No.

—Difícil de creer.

Matteo se acercó lentamente.

—La mayoría de las personas creen muchas cosas sobre mí. —Quizá porque les das motivos.

—Quizá.

Sofía finalmente se volvió.

La distancia entre ambos era menor de lo que esperaba. Por primera vez pudo observarlo con detenimiento.

No parecía peligroso.

Y precisamente por eso resultaba tan peligroso.

Porque los hombres verdaderamente poderosos rara vez necesitaban demostrarlo.

—No pienso aceptar.

Matteo sostuvo su mirada.

—Todavía no te lo he pedido.

—Acabas de hacerlo durante la cena.

—No.

Aquello la confundió.

—Entonces ¿qué fue eso?

—Una oferta.

—Es lo mismo.

—No exactamente.

Sofía cruzó los brazos.

—Empiezo a creer que disfrutas confundiendo a las personas. Una pequeña sonrisa apareció en el rostro de Matteo.

Y por un instante, apenas un instante, pareció diferente.

Más humano.

Más joven.

Pero desapareció tan rápido como había aparecido.

—Piénsalo.

—No.

—Lo harás.

—No me conoces.

—Lo suficiente.

Aquellas palabras la hicieron estremecer.

Porque por primera vez sintió algo inesperado.

No era miedo.

No exactamente.

Era curiosidad.

Y eso era mucho más peligroso.

Porque una parte de ella comenzaba a preguntarse quién era realmente Matteo De Luca.

Y si la historia que todos contaban sobre él era toda la verdad. O solo una parte de ella.

Mientras regresaba al interior de la mansión, una sensación incómoda se instaló en su pecho.

La sensación de que su vida estaba cambiando.

Y de que ya era demasiado tarde para detenerlo.