Principito Oscuro Del séptimo cuaderno
84%

Del séptimo cuaderno

Cuarenta y cuatro atardeceres

Al principio movía la silla para seguir la luz. Cuando desaparecía por una esquina, corría hacia la siguiente. Llegaba tarde muchas veces. El sol no esperaba a que yo colocara bien las patas.

Valentín contó los años de otra manera. Cumpleaños, pacientes, artículos, botellas cerradas y abiertas. También movía la silla. Lo hacía con tanta lentitud que parecía trabajo.

Cuando salimos de San Julián, creí que el cielo nos debía los atardeceres perdidos. Quise verlos todos. El día se negó. Cayó una vez sobre el puerto y se hizo de noche.

La tristeza no disminuyó. Cambió de forma. Ya no podía empezar otra vez moviendo la silla, y por eso cada minuto pesó más.

Quizá vivir consista en aceptar esa mala administración del cielo. Un solo atardecer para todo lo que no hemos terminado. Una noche completa sin garantía de mañana.