La comisión
Preguntaron por qué había sacado los cuadernos, por qué visité a Clara sin autorización y por qué trasladé a Adrián a la pensión. Respondí sin adornos. Había infringido procedimientos. También había encontrado a un hombre sedado en un sótano que el hospital negaba utilizar.
Un abogado mostró fragmentos de los cuadernos.
—¿Considera usted que estas referencias a planetas, rosas parlantes y árboles subterráneos describen hechos verificables?
—Algunas describen experiencias. Otras cifran lugares, fechas y personas que ya hemos verificado.
—¿Cree que su hermano viajaba por el espacio?
—Creo que permaneció en una habitación de doce por seis baldosas.
La representante de pacientes intervino.
—La cuestión no es si la metáfora ocurrió, sino qué ocurrió para que fuera necesaria.
El abogado protestó. La presidenta permitió la pregunta.
Después declaró Mara Sanz. Contó cómo Rivas se cortó la ceja, cómo se falsificaron los registros y cómo bajaban a Adrián por el ascensor. Su voz tembló al principio. Al mencionar la amenaza contra su hijo, se volvió firme.
Inés entregó las copias notariales. Admitió que dudó de Adrián y que ocultó material. La comisión anotó ambas cosas.
Severino compareció por videoconferencia.
Habló de protocolos, confidencialidad y deterioro estructural.
Cada frase parecía redactada para que nadie pudiera señalar una mentira completa.
Cuando le preguntaron si había entrado en el nivel seis, respondió que el edificio tenía muchos espacios técnicos.
—¿Ha estado en la habitación B-612? —insistió la presidenta.
—Esa designación carece de vigencia administrativa.
—¿Ha cruzado su puerta?
—No recuerdo cada dependencia visitada durante treinta años.
La pantalla mostró un hombre sereno. Bajo la mesa, visible en un reflejo, movía el pulgar sobre una llave.
Al terminar, la comisión ordenó preservar el hospital y suspender todos los traslados sin autorización judicial. Dos horas después se averiaron las bombas del sótano.
La burocracia había abierto una puerta. Severino respondió con agua.