Las fresias de Inés
Inés no me había contado por qué aceptó el caso de Adrián. Lo hizo la noche de mi suspensión, en una cafetería frente al juzgado. La ciudad ya conocía la identificación y dos fotógrafos esperaban a la salida.
Su hermana mayor, Julia, ingresó en San Julián a los quince años. Oía la voz de su madre fallecida y se negaba a comer. Pasó seis meses en una unidad que la familia creyó situada en otro edificio. Cuando regresó, no mencionaba a su madre y sufría pánico ante las flores blancas.
—Decían que estaba curada —contó Inés—. Terminó los estudios, se casó y tuvo una hija. A los treinta y dos años vio un reportaje de Narciso sobre la memoria. Reconoció una habitación. Esa noche intentó matarse.
Julia sobrevivió al intento, pero murió años después por una enfermedad. Antes de fallecer, recordó que durante el aislamiento un médico dejaba fresias junto al espejo. Si repetía la historia correcta, podía llevarse una a su cuarto. El médico era Vulpes.
—Por eso encontraste la flor en la taquilla —dije.
—Adrián debió de leer su expediente o Vulpes se lo contó. Yo pensé que estaba utilizando a Julia para entrar en mi cabeza. Me enfadé con él. Luego apareció una segunda fresia dentro de un sobre de la fundación.
Sacó una fotografía. La flor estaba acompañada por una nota: El duelo compromete su criterio.
—Pedí el traslado para no darles la evaluación que necesitaban. Si declaraban que yo estaba implicada, cualquier cosa que encontrara quedaría desacreditada.
—Adrián creyó que lo abandonabas.
—Lo sé.
—¿Se lo explicaste?
—No. Los médicos también escondemos decisiones detrás del bien del paciente.
Inés había enviado copias de los cuadernos a una notaría antes de entregármelos. Conservaba mensajes de Severino y registros de los traslados nocturnos. Su retirada formaba parte de una estrategia, pero eso no eliminaba la forma en que Adrián la vivió.
—Cuando todo esto termine —dijo—, no quiero que me conviertas en la doctora valiente que guardó pruebas. Tuve miedo, dudé de él y me marché sin despedirme.
—Entonces declara eso.
—También puede utilizarlo la defensa.
—La versión limpia ya pertenece a San Julián.
Al salir, entregó a los fotógrafos una carpeta y anunció que presentaría testimonio. Reservó el nombre de su hermana, que necesitaba otra clase de permiso.
Al domingo siguiente llevó fresias al cementerio. Esta vez entró.