Principito Oscuro PRÓLOGO
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Principito Oscuro

Principito Oscuro

Por Noemi Jovellanos

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PRÓLOGO

La garganta

A los doce años dibujé una garganta.

Mi madre creyó que era un jarrón estrecho. Mi padre dijo que parecía la chimenea de una fábrica y me preguntó por qué había usado tanto negro. Ninguno vio la figura encogida detrás de los dientes, con las rodillas contra el pecho y las manos apoyadas en la lengua.

Adrián sí la vio.

Tenía cuatro años menos que yo y aún pronunciaba mi nombre con una ele de más. Se acercó el papel a la cara, siguió con el dedo la curva del cuello y dijo que el hombre no podía salir porque alguien le había cosido la boca. Después dibujó una puerta en mitad de la tráquea y la dejó abierta.

Mi padre rompió la hoja en cuatro pedazos.

Conservé uno durante muchos años: el ángulo inferior, donde se veía la punta de un zapato.

Lo perdí al marcharme al internado o quizá lo tiré.

Durante mucho tiempo preferí esa segunda versión.

Uno se siente más dueño de su pasado cuando cree haber elegido las pérdidas.

Veintiocho años después, un paciente sin nombre dibujó la misma garganta en la pared de San Julián de las Nieblas.

La puerta seguía abierta.

Y al otro lado había escrito mi nombre.