Príncipe (Bilogía Morgan 2) London
87%

London

—¿ Qué carajos piensas hacer ahí?

— Creo que es una gran iniciativa.

— Está claro que Jesse Callum me ha superado, de lo contrario, no me habría invitado. Tiene mejores cosas que hacer que seguir llorando por un amor roto.

— Esto es por el titular del diario de la semana pasada, ¿verdad?

—¿ A qué te refieres?

— Mercia entornó a los ojos.

— Piensas que está en una relación con el tal Olivier Gasly y, como el imbécil que eres, quieres demostrarle que tú también puedes seguir, que ahora tienes un noviecito. Ansías enrostrarle que lo has superado.

— Mercia, por Dios, ¿acaso te escuchas? ¿Piensas que llevaría a Sander para hacer algo tan…?

—¿ Adolescente e inmaduro? Por supuesto que sí, profesor Morgan, porque desde que te enteraste del romance, te la pasas buscando información de él.

Los ojos de London se abrieron con sorpresa.

—¿ Tú cómo?

Mercia le dio una risa socarrona.

— Lo haces de manera tan automática que incluso lo hiciste en la computadora de mi negocio, y siempre olvidas borrar el historial.

Las mejillas de London se tornaron rojizas.

— Solo tenía un poco de curiosidad. No he sabido nada de él en mucho tiempo, más allá de algunas noticias esporádicas, nunca lo he visto en los lugares que frecuentábamos.

Mercia se rascó la barbilla.

— London, ¿puedo hacerte una pregunta?

— La harás de todos modos.

London suspiró con resignación.

—¿Por qué mierda lo dejaste si lo amabas tanto?

London negó.

— No entiendes.

—Pues, ilumíname, genio.

London tensó la mandíbula.

—Ser el líder de una familia como los Callum es una condena a muerte, tarde o temprano iba a perderlo.

— Por supuesto, entonces decidiste adelantarte como el cobarde que eres.

—¡No te atrevas a llamarme cobarde! —Se defendió London—.No sabes lo que esa gente me hizo. No tienes idea.

—Eres un cobarde sin importar lo que te hicieron sufrir ellos. Jesse sangró por ti y ahora quieres aparecer allí y abrir viejas heridas. Eres un bastardo.

—Se supone que eres mi hermana—replicó enojado.

—Soy tu hermana y veo el desastre que estás a punto de hacer.

London se cruzó de brazos.

—¿ Qué te hace pensar que Jesse Callum sigue pensando en mí?

— Porque te amaba más que a su vida, porque movió cielo y tierra y todos los infiernos para encontrarte, porque estuvo dispuesto a dar todo por ti y eso no se borra de la noche a la mañana, y la verdad es que tú, pedazo de imbécil, todavía enloqueces con solo escuchar su nombre.

No me importa con cuántos twinks pierdas el tiempo, Jesse Callum es irreemplazable en tu corazón.

London observó el piso en silencio. El silencio era ensordecedor.

— Acompáñame esta noche.

Mercia sonrió con tristeza.

— No. Amo a Jesse, es un ser extraordinario, pero no puedo sentarme a la mesa con esos asesinos.

— Los hombres que me se secuestraron ya no…

— Jared, Ian, Dominic, Mayka, todos ellos están vivos y están cortados por la misma tijera. No quiero tener nada que ver con ellos. No me importa si el resto de la familia los acepta. Ve con Sander como habías planeado. Yo no participaré en esto.

***

—Oye, ¿no crees que el tal Jesse parece Morticia de los Locos Adams?

La voz aguda de su novio Sander lo sacó de sus pensamientos.

El semáforo cambió a verde. La nieve caía a raudales como una cortina blanca y perfecta sobre los vehículos que transitaban.

Faltaban dos horas para el año nuevo, para variar estaban llegando tarde, porque Sander no encontraba su abrigo de diseñador, y no podía pisar la mansión Callum sin él.

London observó un segundo a Sander, quién escrutaba la imagen de Jesse Callum en una gala de beneficencia días atrás, estaba al lado de Olivier Gasly.

London nunca se consideró un hombre territorial o celoso, al contrario, siempre incentivó a Jesse a brillar cuando estuvo a su lado ¿Por qué verlo junto a este hombre le sabía como la hiel?

—Parece muerto en vida. Mira esa piel, de seguro duerme en un ataúd y bebe sangre.

—No tienes idea. —London murmuró.

—¿Qué?

—Que estamos llegando tarde—dijo London y aceleró la marcha.

La tormenta se desató con toda su fuerza para cuando llegaron a la mansión, la cual, estaba iluminada. Los pinos estaban decorados con luces, al igual que las fuentes cuya corriente de agua se había congelado.

—¡Mierda! Esto sí grita dinero rancio—agregó Sander que observaba la imponente estructura mientras se aproximaba.

Sander era ajeno al vendaval en el cuerpo de London, cuyo corazón aceleraba un poco más que el vehículo por momentos.

Tenía que verlo, tenía que ver en sus ojos si Jesse, su Jesse, le seguía perteneciendo en alma, aunque su cuerpo fuera de otro.

«Lo abandonaste».

¿Qué derecho tenía? ¿Cómo podía esperar a que Jesse se mantuviera célibe y cerrara su corazón cuando él nunca lo hizo?

Iba a encontrarse con él, iba a verlo, aunque ninguno de los dos se acercara a saludarse, aunque Jesse se mantuviera como el anfitrión impecable.

Una vez que atravesó a los hombres de seguridad frente a la mansión, el vehículo de London fue dirigido hacia el sector de los estacionamientos en donde ya había varios deportivos.

—¡Ay! Estoy tan emocionado, ¿tú no? —chilló Sander. London acarició el volante—. Oye, ¿me estás escuchando?

—¿Por qué te emocionarías?

—¿Es en serio? ¡Mira este lugar! ¿Cuántas veces podríamos venir a un lugar así?

Los ojos verdes de Sander brillaban de alegría. London le sonrió como se le sonríe a un niño, a alguien tan inocente que no conoce la cruel verdad.

En algo, tal vez, Sander tenía razón, después de esa noche, nunca más volvería a pisar ese lugar.