Príncipe (Bilogía Morgan 2) Opciones
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Londres, Inglaterra.

—¿Te gusta?

Lee Nok observó el departamento que tenía una vista panorámica de Londres. El lugar era hermoso. Moderno y minimalista, pero se sentía frío. Acarició la mesa con sus dedos finos. Había un florero sobre ella, flores de cerezo grabadas en él. Sonrió ante la imagen.

Barud conversaba con la asesora de ventas, la mujer le mostraba cada detalle del imponente lugar. Lee dio un suspiro, su novio se giró hacia él y frunció el ceño.

—¿Qué te parece?

Lee Nok se encogió de hombros.

—Es lindo.

—¿Lindo nada más?

La mujer miró entre la pareja.

—Los dejaré para que decidan.

—Gracias—dijo Barud y la vio alejarse. Lee se acercó a su pareja—¿Qué pasa?

—No lo sé.—Lee se arregló un mechón de cabello, un tic que tenía cada vez que estaba nervioso—. El lugar es agradable, la vista es excepcional y todo eso, pero…

—¿Pero?

Lee Nok esbozó una sonrisa tímida.

—Dios mío, es increíble que este lugar no me guste ¿Estoy tan mal de la cabeza?

Barud se encogió de hombros.

—Eres mi novio, así que sí, probablemente. —Se burló.

—Tonto. —Nok le dio un golpecito.

Barud lo abrazó.

—¿Sabes? No hay razón para apresurarse.

—Lo sé, pero este lugar te encanta—replicó—. Lo veo en tus ojos.

—Es lindo—Barud le quitó peso a la situación—, pero hay mejores opciones, solo hay que saber dónde buscar.

—Es el tercer departamento que vemos. —Lee Nok susurró mientras apoyaba su cabeza en los pectorales de su novio—. Esta mujer nos odiará.

—Probablemente, pero prefiero que ella me odie, a que me odies tú.

—Nunca lo haría.—Lee Nok respondió de inmediato—. Menos por una tontería.

—No es una tontería, es el lugar en donde despertarás cada día, el sitio en donde descansarás y pasarás muchas horas.

Barud le acarició el cabello, introdujo sus dedos entre las hebras suaves y lacias.

—Seguiremos buscando.

—¿Y si nada me convence?

—¿Por qué no lo haría? —Barud indagó—. Dime, ¿qué debería tener un lugar para que lo adores?

Lee Nok se mordió el labio inferior.

—Me gustaría un lugar como el que crecí—explicó—, un jardín amplio y verde, poder sentarme y oler la hierba. Cerrar los ojos, percibir el aroma de las flores y escuchar el sonido de los pájaros. Quiero…

Se detuvo, Barud le dio un beso en la frente.

—Sigue, ¿qué más te gustaría?

—Un espacio para leer—Lee Nok se imaginó en ese sitio—, ventanales tan amplios que no haya lugar en la casa que no sea besado por el sol y su calorcito. Una cocina donde pueda trabajar sin molestar, a mi gusto.

—Has hecho una lista mental. —Barud señaló—. Aquí no hay nada de todo lo que pediste, así que debemos seguir buscando. No hay de otra.

—¿Estás enojado?

Barud rio.

—¿Por qué piensas todo el tiempo que estoy enojado?

—No lo sé—explicó nervioso—, supongo que estoy acostumbrado a que la gente se enoje conmigo.

—Pues no, amor—Barud lo asió de la mano—. No me enojo por nimiedades, ya no. Ahora, prepárate, creo que ya sé dónde debemos buscar.