Catorce
—No es momento de dudar o de tener miedo.
Lee Nok se tapó el rostro con ambas manos y comenzó a reír, después de escuchar el cruel relato de lo sucedido con Barud, y el desastre del cual ahora formaba parte. Anael, por otro lado, también quedó con la boca abierta al escuchar su calvario.
—¿De verdad me pides que no tenga miedo con todo lo que me has dicho? ¿Perdiste las pocas neuronas que conservabas?
Anael estaba a su lado en la mesa, ambos tenían una taza de té entre las manos. Ninguno de los dos bebía y la infusión se enfriaba. Lee Nok contempló la casa y rio.
—¿De verdad vives aquí?
Anael se encogió de hombros.
—Es un poco diferente de lo que estaba acostumbrado, pero funciona para mí.
Lee Nok puso la mano en su barbilla.
—Ese hombre te ha dominado por completo.
—Lo malinterpretas. —Anael se defendió—. Ambos elegimos este sitio. No me ha dominado, elegí cambiar por él. Bueno, lo hice primero por mí y también por él.
—Porque lo amas.
—Porque lo amo—replicó sin titubear.
Lee Nok acarició con su índice el borde de la taza.
—¿Qué se siente?
—¿Qué cosa? —preguntó Anael.
—¿Qué se siente saber que todo el mundo se muere por ti? ¿Estar seguro de que todos los hombres de tu entorno desean meterse en tu cama?
Anael estaba serio.
—Nunca fue esa mi intención.
—Negarlo todavía te hace más atractivo—aseguró Lee Nok. Puso la mano en su barbilla—¿Te confieso algo? No ha habido un solo día en estos años en el que haya despertado y que tú no hayas el primer pensamiento de mi día.
—Lee Nok, por favor.
El muchacho levantó la mano.
—Necesito decirlo, porque me voy a volver loco, si no lo hago.
—Se humedeció los labios—.Recordar tu rostro y tu sonrisa fue lo que me mantuvo vivo, mientras mi tío me torturaba por negarme a ocupar el lugar de Dumok .
Todo lo que vivimos en la cárcel, incluso los días más oscuros, fueron un bálsamo, uno que bebí hasta que todo mi cuerpo se adormeció.
»Le pedí a Dios volver a verte, le dije que, de alguna forma, debías llegar de nuevo a mí , pero cuando caía el anochecer y seguía sin tener noticias tuyas, mi deseo, en vez de apagarse, se expandía.
Me desnudaba cada noche y tocaba mi cuerpo imaginando que eran tus manos.
Cada maldita noche—las lágrimas comenzaron a deslizarse por sus mejillas—, y ahora, cuando llego a tu lado, entiendo que no eres el mismo y que la ciudad en la que soñaba vivir ya no existe.
—Perdóname—pronunció Anael—, perdóname por…
—¿Por qué deberías disculparte? ¿Por no corresponder mis sentimientos? ¿Porque me enamoré de ti cuando siempre supe, desde el primero momento, que había alguien más?
»¿Te das cuenta de que ni siquiera puedo odiarte? Nada de esto fue tu culpa, nunca fue tu responsabilidad, porque jamás me prometiste nada, y, aun así, fui tan imbécil, tan iluso, que me permití sentir esto. —Lee Nok usó la mano en su corazón—. Este maldito no se calla, no se quiere callar.
Anael se levantó y la silla cayó hacia atrás. Fue sobre su amigo y lo tomó en sus brazos. Lo apretó con fuerza mientras éste se desdibujaba en sollozos.
—Sé que en este momento va a parecerte un consuelo estúpido, sé que va a parecerte una ilusión, pero allí afuera, hay alguien que te espera, alguien disponible.
—Anael besó su coronilla—. Alguien que no va a dudar en dar la vida por ti.
Allí hay alguien que cambiará tu corazón, que lo reconfortará y lo va a atesorar siempre.
Un hombre que agradecerá cada segundo contigo.
Recuerda, por favor recuerda. Cuando esta pesadilla termine, tú lo hallarás y ambos nos reiremos de este momento, incluso pensarás que estabas loco cuando decías que te masturbabas pensando en mí.
»Allí afuera hay un mundo tierno, aunque no lo veas, aunque millones de bastardos se nieguen a mostrártelo. Hay un muchacho que espera tu calor, que lo anhela con todo su ser. Te lo juro, Lee. Yo no voy a ser el único hombre que amarás en tu vida.
Lee Nok lloraba con desconsuelo entre sus brazos.
—No quiero un chico lindo y tierno. Quiero a un hombre como tú.
—No, créeme, no quieres esto—Anael lo contradijo—. Lo que pasa es que soy todo lo que has conocido, cuando apenas estás viviendo. Tienes solo 23 años, piensa, lo mejor que puede pasarte es alejarte de desquiciados como yo.
Se mantuvieron abrazados por un rato. Lee Nok respiró el aroma de su amor. Lo había extrañado tanto.
—Deseo estar junto a ti, aunque sea como amigo. No me apartarás, ¿verdad? No lo soportaría.
—Nunca—Anael respondió—, estoy para ti hoy y siempre, quizás no como deseas, pero mi amor por ti es innegociable, al igual que mi lealtad.
Se quedaron unos minutos más abrazados, luego, Anael acompañó a Nok al cuarto de huéspedes. Se quedó a su lado en la cama.
—¿Cómo es Inverness? —preguntó y Anael le sonrió.
—Un sitio aburrido con leyendas a diestra y siniestra, pero es bueno para ocultarse.
—¿De verdad vas a llevarme contigo?
—Si lo deseas, nunca más voy a dejarte atrás. Esta es mi promesa.
Las mantas se sentían cálidas, su cabello negro y lacio caía como en cascadas sobre la almohada.
—¿Piensas que Lisandro y el señor Sinclair me aceptarán?
—Siempre y cuando no le digas señor Sinclair, creo que estarás bien.
Ambos rieron.
—¿Cuánto tiempo estaremos allí?
—Lo necesario hasta que Barud esté un poco mejor y se familiarice con su entorno o, hasta quedarme tranquilo y saber, a ciencia cierta, que sus enemigos no llegarán hasta allí para cazarlo.
—¿Qué pasa si lo hacen?
—Estaremos preparados para enfrentarlos.
Lee Nok observó el techo.
—El señor Sinclair y yo nos parecemos demasiado. Ambos nacimos en lugares que odiamos, ambos amamos aquello que no podemos tener
Anael le dio una media sonrisa
—Lamento decirte que Barud no se parece en nada a ti, es más, cada vez estoy más seguro de que se asemeja a mí
Lee Nok entrecerró los ojos, el sueño estaba a punto de vencerlo.
—Eso sería bueno. Si tengo suerte, quizás, me corresponda cuando me enamore de él.
Anael se mantuvo en silencio, la respiración de Lee se tornó pausada La tranquilidad lo envolvió. Había logrado conciliar el sueño.
***
—Perdóname, de verdad lo lamento, pero me fue imposible llamarte antes.
—¿Ni siquiera un mensaje? Eres un bastardo insensible.
Estaban en videollamada. Anael estaba afirmado al lado de la ventana mientras la tormenta no cedía.
—Estamos vivos, ¿podrías alegrarte por eso?
Lisandro negó ofuscado y luego dio una risilla.
—Por supuesto, solo por eso debo mantenerme en silencio ¿Cierto?
Anael lo contempló.
—No voy a discutir contigo, Callum.
Lisandro se rascó la barbilla. La verdad es que él tampoco pensaba discutir. Solo estaba enojado, o quizás nervioso ante la falta de noticias.
—¿Cómo fue?
—¿A qué te refieres?
—¿Cómo te sentiste cuando lo viste?
Anael sonrió.
—Feliz y tranquilo. He ansiado este momento desde hace más de dos años ¿Cómo quieres que esté? —respondió. Lisandro apretó la mandíbula—. Hombre, ¿en serio estás celoso?
—Como nunca—confesó cansado—. Me muero al saber que estás con él, que dormiste con él durante meses mientras que yo…
Anael entornó los ojos, ¿cuántas veces habían tenido esta conversación?
—Jamás tuve sexo con él ¿No te conformas con eso?
—Ya lo sé y te creo, maldita sea. —Lisandro reconoció enojado—. Eso no hace que me sienta mejor. Dios mío, ¿qué te estoy diciendo? Soy un imbécil inseguro.
Anael lo contempló, incluso sintió satisfacción.
—Eres el único hombre al que he amado y eso no va a cambiar.
Lee Nok lo sabe, Barud lo sabe. El único que todavía no se percata de ello, al parecer, eres tú.
—Lisandro apretó los dientes de nuevo, y luego empezó a reír.
Anael lo siguió—. Ve a dormir, Callum. Mañana estaré a tu lado y juro por Dios que no vas a pegar un ojo en toda la maldita noche
Lisandro acarició la pantalla del celular.
—Eres mi perdición, Anael Morgan. Quiero que te hagas responsable de eso.