Príncipe (Bilogía Morgan 2) Doce
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Doce

Lee Nok era consciente de que existía una gran posibilidad de que Anael y Lisandro se mantuvieran juntos, sin embargo, esa idea no logró que doliera menos.

Sus ojos se llenaron de lágrimas al instante.

Estaba empapado de la fragancia de su amigo, pero este hombre no le pertenecía.

Se limpió los ojos y se odió por su sensibilidad, por no ser lo suficientemente fuerte, por nacer en el lugar equivocado, por amar a un hombre cuyo corazón jamás sería conquistado por él.

—Lo lamento. —Fue todo lo que Anael pudo decir—. Lamento no haber estado para ti, lamento ser incapaz de corresponderte.

Lee Nok puso su mano sobre la mano que Anael llevaba en la palanca de cambios.

—Uno no elige de quién enamorarse—agregó—. Me costó entenderlo, pero, al final, lo logré, aun así, con todo, jamás me arrepentiría de lo que siento. Tú me salvaste de mil formas.

Un nudo apretó la garganta de Anael.

—¿De qué mierda hablas? Fuiste tú quien me mantuvo vivo durante dos años en ese infierno. Sin ti jamás lo habría logrado.

Lee Nok sonrió.

—Entonces, supongo que seremos una gran pareja en la próxima vida.

—Desafortunadamente yo no creo en esas tonterías.

—Deberías.—Lee Nok replicó—. A veces, las esperanzas son lo único que hacen latir a tu corazón.

Anael se humedeció los labios.

—Si la mierda del karma y las vidas pasadas existen, yo no quiero regresar a este mundo.

Siento que he sufrido demasiado a lo largo de esta vida.

Estoy harto de pelear, Lee Nok. —El muchacho apoyó su cabeza en el respaldo y contempló al hombre que le quitaba el aliento.

Seguía provocando lo mismo en su corazón.

Anael lo miró, dio una risilla y volvió su vista al camino.

—Bastardo, cuéntame ¿Cómo mierda lograste escapar de Corea?

—No fue de Corea, fue de Japón. —Lee Nok corrigió—. Fue durante un acuerdo de negocios.

Anael negó.

—Tu tío no te la va a dejar pasar. —Una molestia se instaló en el corazón de Lee—.Si Kim Do Jin te quiere de vuelta…

—Tranquilo, no lo hará—interrumpió.

—¿Lo mataste?

Una risa salió de Lee Nok, una risa genuina.

—¿Piensas que sería capaz de algo así?

—¿Entonces? ¿Cómo mierda lograste zafar de esta?

Lee Nok se giró hacia los cristales. La nieve caía sin control.

—Kim Ji Hwan, mi primo.

La imagen de su primo de apenas 18 años vino a su cabeza. Sus manos picaron por pedir el celular de Anael y llamarlo, pero eso lo pondría en peligro, en caso de que ya no lo estuviese.

Lee rio y negó. Era un imbécil sin remedio.

Si su primo había planeado esto, no era para terminar muerto a manos de su padre.

Llegó a la conclusión de que, con seguridad, estaría mucho mejor que él, de hecho, siempre tuvo lo necesario para convertirse en el Dumok , incluso cuando su padre lo ignoró.

Se mantuvieron en silencio por varios minutos. Lee intentaba conciliar la imagen de la ciudad que conoció años atrás con la actual. No había rastros de ella. La camioneta circulaba por las calles y a Lee Nok se le estrujaba el corazón.

—¿Me dejarás quedarme contigo y con tu novio?

Anael se mordió el labio inferior.

—Lee Nok, han pasado algunas cosas. Lisandro no está en Londres sino en Escocia. Está junto a Barud Sinclair.

«Barud Sinclair».

Lee Nok lo recordaba de nombre y por algunas fotos. Nunca tuvo la oportunidad de conocerlo en persona. Una risa se le escapó.

—¿Qué están haciendo allí? ¡No me digas que ahora te van los tríos!

Anael se mantuvo serio, y eso ya lo preocupó.

—Amigo, lo que voy a contarte solo es para ti ¿Está bien? Nadie conoce el paradero de Barud y debe seguir de ese modo.

—Dios mío.—Lee Nok contuvo una maldición—. Dime que todo este desastre no es por él. —El silencio fue la única respuesta que obtuvo. El muchacho se tapó la boca y contuvo la risa. —¡Carajo! Yo que pensé que iba a salvarme de la Parca.

—Escucha—Anael activó la luz de giro, poco a poco, se alejaban del desastre del centro de Londres—, no hay forma bonita de decir esto, pero estamos en un gran aprieto, mejor dicho, Barud lo está, y no voy a dejarlo a su suerte ¿Entiendes?

Lee Nok negó con una sonrisa.

—¿Todavía nos jugamos la vida por los amigos?

—Siempre—Anael no titubeó—, y más cuando son como hermanos para mí.

Lee Nok puso una mano en su pecho.

«Te quiero como a un hermano».

Saboreó lo amargo de la frase.

—Duele como el primer día—esgrimió.

Anael dio un suspiro entre la tristeza y el cansancio.

—Sé que duele para él, también te dolió a ti—reconoció—, pero es como los siento a ambos. —El hielo golpeaba el parabrisas con más fuerza—. Hay que salir de Londres mañana. Debo regresar antes de que Barud y Lisandro se maten ¿Vendrás conmigo?

Lee Nok frunció el ceño.

—No lo sé—esbozó con sinceridad—¿Qué viene después de esto?

Anael abrió y cerró la boca sin encontrar las palabras correctas.

—Lee, hay tanto que no sabes de Barud.

—¿O sea que hay mucho más detrás del príncipe caído en desgracia?

Anael tragó saliva al pensar en el cuerpo y el semblante demacrado de Barud.

—Hay heridas peores que la humillación—esgrimió—. Déjame contarte toda la historia, después de eso, puedes decidir si quieres embarcarte en esta locura o no. Jamás te obligaría a nada, mucho menos cuando has arriesgado tanto.