Capítulo 4 #2
El pecho se me agita mientras miro fijamente la botella.
Tiene razón. Estoy tan jodidamente enfadada que podría despellejar vivo al hijo de puta.
Respiro una vez más y lanzo la botella contra la pared, escucho cómo se rompe, veo los fragmentos marrones de vidrio caer al suelo mientras la espuma y el líquido amarillento parduzco se deslizan por la pared.
Es satisfactorio. Muy satisfactorio. Mientras estoy ahí de pie, mirando el desastre, él me saca más botellas de la nevera.
—Toma. Prueba otra vez —dice, ofreciéndome otra botella.
La lanzo contra la pared, escucho el estruendo, y noto que una sonrisa se dibuja en mi cara. Jett me pasa una tercera botella y la arrojo contra la pared mientras el pecho me sube y baja. Ahí de pie, sintiendo una extraña sensación de alivio, miro a Jett, y él me dedica una cálida sonrisa.
—¿Te sientes mejor?
Sacudo la cabeza con incredulidad y respondo sin aliento:
—Cien veces mejor, joder.
Nos quedamos en silencio un momento. Luego dice con franqueza:
—¿Quieres contarme qué pasó con tu mánager? ¿Te dijo que dejaras el alcohol o qué?
Asiento. No sé por qué, pero lo hago.
—Sí —me humedezco los labios, recuperando el aliento—. Si no lo hago, nos echan.
—Joder —dice, tan asombrado como lo estuvimos mi banda y yo—. ¿Pueden siquiera hacer eso? ¿Cuándo vence tu contrato?
Sacudo la cabeza.
—No importa. Son una discográfica enorme.
—Y una mierda, Roxy —protesta—. Tienes derechos, joder.
—No los suficientes. No cuando no vendemos suficientes discos —explico—. Y si no salgo del otro lado y les doy un disco de éxito, también nos echan.
—Típico de Crass —dice Jett—. Por eso no queríamos firmar con ellos.
Clavo los ojos en los suyos.
—¿Tú también estás con Crass?
—Sí —asiente—. Esa es una de las razones por las que no queríamos firmar con ellos, pero nos ofrecieron el mejor trato. Tuvimos una oferta de Blue Records también, pero Terry y Roy, nuestro productor e ingeniero, están con Crass, y simplemente... no queríamos arriesgarnos a ir con otros.
—¿Dos discográficas os hicieron una oferta?
—Es una larga historia —dice con humildad.
—Ya, seguro —resoplo.
Cambia de tema después de un momento.
—Entonces, ¿qué vas a hacer?
—¿Qué más puedo hacer? —hago una pausa—. Ir a la puta rehabilitación, desintoxicarme, y luego hacer el álbum más increíble que pueda, para no decepcionar a nadie.
—Y creo que con tu voz y tu determinación, puedes conseguirlo, Roxy —dice con sinceridad.
Me quedo mirando el suelo.
—¿Conoces a Storm? ¿De la banda Daniel's List?
Lo miro.
—Nunca he conocido al tipo, pero sí, sé de quién hablas.
—Estaba muy jodido con las drogas... como... mal.
—¿En serio? No lo sabía.
—No sé cómo demonios logró mantenerlo en secreto —explica—.
Pero él y yo somos muy buenos amigos. Lo consiguió.
Superó la rehabilitación —hace una pausa para dar énfasis—.
Es una de las razones por las que me mantengo alejado de esa mierda.
Vi por lo que pasó. Fui a verlo casi todos los días mientras estaba en tratamiento.
—¿Cómo os conocéis vosotros dos?
—Era el mejor amigo de mi hermano mayor en el instituto. Lo conocí yendo a verlo cuando hacía conciertos locales y esas cosas. Solía colarme cuando era menor de edad. Me ponía en la lista VIP bajo un alias —sonríe—. Buen tipo.
—¿Por qué dijiste «era»? ¿Tu hermano ya no es su mejor amigo?
Jett me mira.
—No. No, mi hermano dejó de hablarle cuando empezó a meterse fuerte en las drogas —se humedece los labios—. Fue más o menos cuando dejó de hablarme a mí también.
—¿Tu hermano?
—Sí.
—¿Por qué dejó de hablarte a ti?
—Porque no quería tener nada que ver con nadie que anduviera metido en drogas. Y yo pensé que estaba siendo un imbécil. Es un defecto. Todo el mundo tiene al menos un defecto.
—¿Entonces sigues sin hablar con tu hermano?
—En realidad es él quien no me habla a mí. Yo nunca le daría la espalda. Si me llamara mañana y quisiera verme o ir a un concierto, le conseguiría entrada.
—¿Por qué?
Me mira.
—Porque no creo en tirar a la gente a la basura así como así.
Ya sabes. Los humanos no estamos hechos para ser perfectos, y si sigues tratando a la gente como si fuera desechable, vas a acabar solo.
Eso me da un miedo tremendo. Por eso me encanta estar en una banda, viajar, dar conciertos, conocer gente, fans, peña del mundillo. No quiero estar solo jamás.
Me quedo callada, digiriendo lo que acaba de decir.
—Yo la mayor parte del tiempo solo quiero estar sola. Casi siempre quiero mandar a la gente a la mierda y que me dejen en paz.
—Entre tú y yo, creo que eso es solo porque estás pasando un momento de mierda.
No creo que nadie quiera estar solo de verdad.
Todos necesitamos apoyo para distintas cosas.
Todos necesitamos gente a nuestro alrededor, sobre todo en esta industria, donde necesitas un equipo sí o sí para sacar éxitos de forma profesional.
—No, yo solo quiero estar sola. Pero sola de cojones, todo el puto rato —digo, sintiéndome irritada otra vez—. Sobre todo de gente como tú.
—¿Por qué?
—Vas de superamable y servicial y toda esa mierda, pero a la hora de la verdad, la gente así siempre quiere algo de ti. Quieren follarte o joderte de alguna otra forma.
—Bueno, yo no quiero joderte —dice con total naturalidad—. Y no creo que nadie de mi banda ni de la tuya quiera joderte tampoco.
—Stix sí. Siempre quiere joderme.
—¿Y tú le dejas?
—Eso no es puto asunto tuyo.
—Me lo tomaré como un sí.
Lo miro y esbozo una sonrisa amarga.
—¿Ves? Ya estás siendo imbécil otra vez.
—No estoy siendo imbécil, es que te he calado, y eso te cabrea.
—No me conoces. No sabes una puta mierda de mí, imbécil.
—Sé que tu guitarrista principal está a punto de largarse.
—Vete a la mierda.
—¿Ves? Tú también lo sabías, ¿a que sí?
—No, no lo sabía, imbécil.
—Pero ahora sí, y te sugiero que dejes de ser tan jodidamente terca y te des cuenta de que los de tu banda te quieren, joder, y son tus amigos. Y cuanto antes lo aceptes, mejor te irá, cariño.
—Vete a la mierda.
Levanta las manos mientras se aleja, pero no se va sin añadir:
—Y te guste o no, los de mi banda y yo también somos tus amigos, así que ahí queda eso.
—Vete a la mierda.
—Pásatelo bien en rehabilitación, Roxy.