Capítulo 2 #2
—¿En qué tienes esto configurado? No me extraña que suenes como una mierda en directo.
—¿Qué? —chillo—. No sueno como una mierda en directo. Ni de lejos.
—¿Alguna vez te has escuchado después de una actuación?
Me pongo las manos en las caderas e inclino la cabeza, harta ya de su sermón.
—No, no me escucho, gilipollas.
Se ríe.
—Joder. ¿Cuánto tocaste en directo antes de conseguir un contrato discográfico? ¿Nunca te grabaste en aquella época, o estabas demasiado ocupada metiéndote rayas entre bastidores?
Me está colmando la paciencia.
—Eres un gilipollas tremendo.
Noto que las lágrimas empiezan a picarme en el fondo de los ojos de lo cabreada que estoy.
Levanta una mano.
—No, tía, lo digo en serio. ¿Nunca te escuchaste después de una actuación?
—No, no lo hice —digo entre dientes.
—Bueno, deberías, tía. No te creerías la de cosas que descubrimos con el feedback. Ni siquiera necesitas grabar todo o grabarlo en vídeo, solo audio. Escucha con atención. Oirás pequeños matices que se captan y pueden estropear la calidad del sonido. En serio.
Asiente una vez.
—¿Por qué coño te importa cómo sueno? —me burlo.
—No me importa —resopla—. Pero este ajustito en tu amplificador «tan perfecto» me dice que no te escuchas en directo. Ese ajuste no debería usarse nunca en directo, y así es como lo tenías durante la prueba de sonido, cariño.
—Pues despediré a mi técnico de sonido. Está claro que es un incompetente.
—¿Así es como funcionas? —pregunta, como asqueado—. ¿Simplemente despides a la gente por cometer un error?
—Sí, gilipollas. No tengo tiempo para rehabilitar a los idiotas que hay por ahí.
—Pero tú no eres guitarrista. Tu guitarrista debería saber revisar ese amplificador. Quizá con tu berrinche se pasó por alto, cielo. Un poco de paciencia da para mucho en esta industria.
—Mira, por mucho que esté disfrutando de tus consejitos esclarecedores, nenaza, tengo cosas mejores que hacer.
Me ignora.
—Deberías comentarle a tu ingeniero lo de ese ajuste. Apuesto a que si lo cambiaras, tus grabaciones serían más nítidas.
—No paras, ¿verdad? —me río sin pizca de gracia.
—Y quizá si dejaras de ver a todo el mundo como el puto enemigo, no te sentirías tan tentada de enterrarte en un montón de nieve cada vez que subes al escenario —añade, y luego camina hacia la puerta—.
Usa mi amplificador... si no tienes miedo de que estalle en llamas...
como dijiste. Y te dejaré a mi equipo de grabación después de nuestro set.
Comprueba por ti misma la diferencia que supone.
Mete la mano en el bolsillo, saca un pequeño paquete y me lo lanza.
—Prueba esto también.
Lo atrapo y lo miro. Es un paquete de té de manzanilla.
—Bébete uno antes de actuar o cuando te sientas ansiosa... o... cabreada.
Me lanza una mirada elocuente.
—Confía en mí, ayuda.
Me río con rabia. —Ah, y supongo que luego querrás follarme a cambio de los consejos, ¿eh?
Niega con la cabeza, sonriendo. —Cariño, con esa actitud, no creo que ningún hombre quiera acercarse a menos de tres metros de ti, incluido yo. Buena suerte, Roxy.
Cierra la puerta. Estoy tan cabreada que miro alrededor de la habitación buscando algo que tirar.
Lo único que hay aquí es un sofá, una mesita de centro, un televisor atornillado a la pared y una mesa larga con una jarra de café y un dispensador de agua de sobremesa.
Miro mi amplificador, pero eso no puedo tirarlo, así que me resigno a sentarme en el suelo.
Con las piernas cruzadas, apoyo la cabeza en la mano, mordiéndome el labio, repasando lo que Jett acaba de decirme.
El paquete de té cruje en mi mano y lo miro.
Menudo maricón. ¿Qué hombre de verdad bebe té?
Los hombres que conozco se meten más coca que yo.
Y alcohol también. El amplificador está ahí a mi lado, burlándose de mí, y miro los ajustes.
Nunca lo había mirado tan de cerca, y de repente siento que quizá debería haberlo hecho… hace mucho tiempo.
Llaman a la puerta y veo a Stix al otro lado. —Eh, nena. ¿Qué haces aquí atrás?
—Acabo de cantarle las cuarenta a ese cabrón de Jett, eso es lo que pasa.
—¿De «Wired»? ¿Ese Jett? ¿Por qué coño?
—Su equipo estaba destrozando el escenario, tío. ¿No lo viste? Su mierda estaba por todas partes, jodiéndome el rollo. Le dije dónde podía metérselo, y el hijo de puta intentó robarme el amplificador, así que le solté todo lo que pensaba.
Stix me mira confundido. —Nena, el escenario está bien.
Los dos equipos lo arreglaron. La pancarta está colocada y nos están dejando algo de iluminación y esas mierdas.
Nuestra prueba de sonido estuvo un poco jodida, así que van a prestarnos parte de su equipo, porque la suya salió bien.
Todo bien, nena. —Levanta la barbilla—. ¿Necesitas otra raya?
Le tiro la bolsita de té gritando: —¡No, no necesito otra puta raya!
Levanta las manos a la defensiva. —Eh, para, nena. ¡¿Qué mosca te ha picado?!
—¡No me ha picado ninguna mosca!
Me ignora con condescendencia. —Ah, y nena, tenemos que pillar un ampli mejor, tío. —Señala el que está a mi lado—. El técnico de guitarra de Jett le echó un vistazo al otro y dijo que está frito. Es una mierda.
—Qué coño sabrán ellos —gruño.
—Nada, nena —se encoge de hombros—. Solo intentan ayudar, tío. ¿Por qué te ha cabreado tanto Jett? ¿Quieres que vaya a partirle la cara?