Presa de la reina Lycan (Serie Indeseada nº 2) Capítulo Cincuenta
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Capítulo Cincuenta

Un hedor pútrido a muerte y descomposición impregna el aire, mezclado con el inconfundible olor metálico de la sangre derramada y el tufo rancio del aceite de máquinas. Una agresión a los sentidos en esta fusión profana de naturaleza y tecnología.

James, los lobos y yo nos movemos sigilosamente por el búnker subterráneo. Somos fantasmas en la penumbra, acercándonos al corazón del lugar donde Slavic retiene a mi compañera.

Mientras serpenteamos por los sinuosos túneles, nos topamos con más guardias y con algo más.

Parece un hombre. Sin embargo, su imponente figura exuda un aura amenazante, con ojos que brillan con frialdad depredadora.

Es un monstruo criado para la guerra, un obstáculo aparentemente insuperable entre nosotros y Zirah.

Un dragón. No pertenece a mi reino ni al de Slavic, sino a uno de los reinos aliados de Slavic.

Solo espero que sea el único aquí, porque los metamorfos dragón están en otra liga.

Por suerte, el espacio es demasiado reducido para que pueda transformarse.

—¿Tu rey sabe que estás aquí? —gruño. Todos mis sentidos se concentran en él, los colmillos se alargan instintivamente, los músculos se tensan como un resorte, pero él es un muro impenetrable.

No responde. En su lugar, abre la boca y escupe fuego.

Apenas logro apartarme a tiempo, y el calor es abrasador cuando los guardias le gritan que pare.

Solo necesito unos segundos para fijarme en los explosivos adosados a las paredes.

Puede que él sea inmune al fuego, pero ninguno de nosotros lo es, ni tampoco el resto de los guardias de Slavic.

Gruñe con ferocidad y carga. Yo también corro hacia él, pero tiene más alcance y me agarra un puñado de pelaje, lanzándome al fondo de una celda.

Golpeo la pared con un ruido sordo y mi cuerpo hace saltar trozos de roca.

Gimiendo, me incorporo a cuatro patas solo para encontrarme con una visión mucho más escalofriante que cualquier adversario, una visión que me deja paralizado.

El cuerpo de Malachi. Sin vida.

Lo han tirado en el suelo mugriento de este infierno.

La visión es un golpe en el estómago, como si me hubieran arrancado todo el aire de los pulmones.

James se abalanza y golpea al metamorfo dragón que me lanzó como si fuera una pluma, deteniendo su avance justo a tiempo para que me levante.

Sin embargo, solo tarda unos segundos en ver a su hermano muerto en el suelo.

—¿Malachi? —murmura, dejándose caer de rodillas junto a su hermano menor. Su susurro agonizante resuena en el espacio cavernoso—. Malachi...

Un sollozo crudo y gutural desgarra el silencio espeluznante, reverberando por los pasillos desnudos.

Es un sonido que ningún hermano mayor debería emitir jamás, un dolor tan profundo que me desgarra el corazón.

La mano de James tiembla mientras la alarga hacia el cuerpo.

La sensación fría e inmutable de la muerte bajo sus dedos es una realidad desgarradora.

De repente, el retumbar de las pisadas de los guardias que se abalanzan sobre nosotros interrumpe mi dolor. Sin embargo, incluso ante el peligro inminente, James permanece arrodillado junto a Malachi, convertido en una estatua congelada por la angustia.

—¡James, libera al aquelarre! —grito mientras el metamorfo dragón me estampa contra otra pared. No hay tiempo para lágrimas. Ahora no. Primero debemos sobrevivir; después podrá derrumbarse todo lo que quiera.

Los lobos y yo cargamos contra el hombre dragón. El choque de cuerpos, la sinfonía de gruñidos y rugidos, el siseo del fuego... todo queda ahogado por el martilleo en mi cabeza.

Mientras lucho, James entra en acción y encuentra las llaves en un guardia cercano.

La llave resuena en las puertas de acero, y los rostros de los miembros liberados del aquelarre pasan del terror absoluto a una ira resuelta mientras se ponen de pie.

Ayudan a James a derribar a los guardias usando como armas todo lo que pillan cuando una llamarada estalla junto a mí e impacta en la pared.

De repente, estallan las explosiones y el cuerpo de Hunter me golpea con fuerza suficiente para tumbarme hacia atrás.

El techo se derrumba y me arrastro hacia atrás mientras la avalancha de rocas cae al suelo, aplastándolo todo y separándonos de los guardias y el metamorfo dragón.

Una mano me agarra del hombro y, de repente, tiran de mí justo cuando la pared de la celda se desmorona.

Al alzar la vista, me encuentro con mi padre mirándome fijamente.

—¡Te dijeron que esperaras fuera! —espeto.

—Menos mal que no lo hice —replica mientras me pongo de pie.

—¿Y Leila?

—Con Shadow. Me estaba aburriendo, y la chica habla demasiado.

Nos dirigimos hacia los túneles y hacemos un recuento. Por suerte, no han matado a nadie del aquelarre, y algunos ya corren hacia las salidas cuando veo a Kelly.

—¿Dónde está Zirah? —pregunto.

—Con tus hermanos. Slavic ordenó que nos llevaran, pero solo consiguieron llevarse a la mitad del aquelarre antes de que aparecieras.

—¿Pero están vivos? —pregunta mi padre.

—Sí, la última vez que los vi, tus hijos seguían vivos. Slavic sabe que Zirah no resucitará a su hijo sin ellos. Los está usando como moneda de cambio —explica Kelly.

—Su hijo. Lleva muerto bastante tiempo —le digo.

—Sí, lo sé, pero quiere resucitar a los muertos y cree que Zirah es la clave para conseguirlo —me informa Kelly.

—¿Y dónde está Malachi? ¿Dónde está mi hijo? —exige mi padre, y su voz acalla momentáneamente la tormenta del conflicto. Se hace un silencio helado, escalofriante y presagioso, y miro a James—. Bueno, ¿alguien va a responder? —espeta mi padre.

—Malachi... está muerto —le digo.

Las palabras quedan suspendidas en el aire y mi padre retrocede tambaleándose. James se acerca y le pone una mano en el hombro. Mi padre se la quita de encima.

—Yo guiaré al aquelarre hacia fuera —declara. Gira sobre sus talones y se dirige por donde vino.

—Iremos contigo. No hay forma de pasar por aquí ahora, necesito encontrar otra entrada —le digo.

—La frontera occidental. Ahí es donde los tiene. Hizo que su guardia trasladara a todos —me informa Kelly. Asiento, la sigo y ocupo la retaguardia por si existe algún túnel oculto en este laberinto.