Preñada por el conserje 7
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Ramiro aceleró, dándole azotes brutales en las nalgas hasta dejarlas rojas como tomates.

—Este culo ya es mío, Marcos. Tú solo tienes permiso para limpiarlo cuando yo termine.

Y se corrió dentro con un gruñido largo y asqueroso, llenándole las tripas otra vez. Cuando sacó la polla, el ano de Valeria quedó abierto como un túnel, palpitando, con semen espeso saliendo a borbotones.

Valeria ya no fingía. Se había vuelto una puta completa. Bajaba maquillada, con tanga, tacones y vestida como una zorra barata solo para él. A veces Ramiro la hacía ir a la portería en plena tarde, cuando había gente entrando y saliendo del edificio, y la follaba con la puerta entreabierta.

Una tarde, dos meses después de empezar todo, Ramiro subió el nivel de verdad.

Me mandó un mensaje: “Ven al cuartito a las 20:00. Solo mira. No hables.”

Cuando llegué, Valeria estaba ya allí. Completamente desnuda, a cuatro patas sobre el sofá viejo. Ramiro la estaba follando el culo con fuerza. Pero no estaba solo.

A su lado estaban Paco (67 años, gordo, calvo y sudado) y José Luis (70 años, flaco pero con una polla larga y fina como un palo).

Los tres viejos se estaban turnando con el culo de mi novia.

Paco le metía su polla gorda y corta en la boca mientras Ramiro la corría anal. José Luis le apretaba las tetas grandes y le pellizcaba los pezones.

—Joder, qué hembra más buena nos has buscado, Ramiro —gruñía Paco—. Este culo es de puta cara.

Valeria gemía como una auténtica zorra, con la boca llena de polla:

—Mmm… sí… usadme… soy vuestra puta universitaria… folladme el culo todos…

Ramiro me miró sonriendo mientras seguía empotrándola:

—¿Ves, cornudo? Tu novia ya no es tuya. Es la puta del edificio. Y esto solo acaba de empezar.

Esa noche los tres viejos se corrieron dentro de su culo y en su boca. Valeria se tragó tres leches diferentes y subió a casa con el ano destrozado, chorreando semen de tres viejos por las piernas.

Cuando cerró la puerta me miró, todavía con restos de corrida en la barbilla, y me dijo con voz rota pero feliz:

—Quiero más, Marcos… quiero que me usen todos los días… quiero ser su puta.

Y yo, con la polla más dura que en toda mi vida, solo pude decir:

—Entonces sé su puta.

A partir de esa primera sesión con los tres viejos, Valeria ya cruzó la línea sin retorno. Ya no era solo la puta de Ramiro. Ahora era la puta del edificio. Los tres viejos la usaban como querían, cuando querían y donde querían.

Ramiro organizaba las citas. Le mandaba mensajes claros y sucios:

“Esta tarde a las 18:00. Trae el culo limpio pero sin lavar después. Paco y José Luis quieren follarte otra vez.”

Valeria obedecía como una perra amaestrada. Se ponía la falda más corta que tenía, sin bragas, se pintaba los labios de rojo puta y bajaba al cuartito. A veces yo la acompañaba y me quedaba mirando desde la silla, pajeándome en silencio mientras tres viejos babosos usaban a mi novia.

Una tarde especialmente sórdida, los tres la tuvieron más de dos horas. La pusieron a cuatro patas en el suelo sucio. Ramiro le follaba el coño, Paco el culo y José Luis la boca. Se turnaban en todos sus agujeros sin parar. El cuartito olía a sudor viejo, a semen y a coño joven.

—Folladme más fuerte… —gemía Valeria con la voz rota—. Soy vuestra puta… usadme como queráis…

Paco, el más gordo y asqueroso, le escupía en la cara mientras le metía la polla en el culo:

—Mira cómo gime esta zorra. En la facultad parece una niña buena y aquí abre el culo como una guarra barata.

José Luis le agarraba las tetas grandes y pesadas, apretándoselas hasta dejarle marcas rojas:

—Estas tetas son para que las manoseen viejos como nosotros. Tu novio no se las merece.

Ramiro grababa todo y me mandaba los vídeos. En uno de ellos, Valeria estaba sentada encima de Paco, cabalgando su polla en el culo mientras se la chupaba a Ramiro y le pajeaba a José Luis. Tenía la cara llena de babas y semen, el rímel corrido y una expresión de puta total.

—Díselo a tu novio —le ordenó Ramiro grabando cerca de su cara.

Valeria miró a cámara, jadeando:

—Marcos… me están follando los tres a la vez… me tienen el coño y el culo destrozados… me gusta más que cuando me follas tú… soy su puta del edificio…

Esa misma semana subieron el nivel otra vez.

Ramiro decidió que ya era hora de que Valeria empezara a pagar “el alquiler de verdad”. Le ordenó que bajara todos los días a las 8 de la mañana, antes de ir a clase, para que le hiciera una mamada rápida y se fuera a la universidad con sabor a polla vieja en la boca.

Una mañana la acompañé. La vi arrodillarse en el cuartito, todavía con el pijama corto, y chuparle la polla arrugada y peluda a Ramiro mientras él le acariciaba el pelo como a una mascota.

—Así, niña… chúpala bien antes de ir a estudiar. Quiero que en clase te huela el aliento a mi leche.

Valeria se tragó todo y subió a cambiarse. Cuando me besó antes de salir, todavía sabía a semen.