Preñada por el conserje 6
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Ramiro empezó a volverse más cruel y más exigente.

Le ordenaba que me besara nada más llegar a casa, para que yo saboreara su polla en su boca.

Le hacía ponerse ropa cada vez más puta: faldas cortísimas, tops transparentes, tacones altos.

A veces la follaba en el ascensor o en las escaleras, arriesgándose a que algún vecino los viera.

Y Valeria… Valeria ya no fingía resistencia. Se había vuelto adicta a esa polla gruesa, a esa humillación, a sentirse usada por un viejo asqueroso mientras su novio joven y universitario pagaba todo.

Una tarde me mandó un vídeo especialmente salvaje. Valeria estaba en el cuartito, a cuatro patas, con el culo en pompa. Ramiro le estaba metiendo dos dedos en el ano mientras la follaba.

—Pronto te voy a romper este culito virgen —le decía—. Y tu novio va a mirar cómo te desvirgo el culo.

Valeria gemía como una loca:

—Sí… quiero que me folles el culo… quiero ser tu puta completa…

Yo me corrí viendo ese vídeo tres veces seguidas.

El morbo se había apoderado de los dos. Ya no había marcha atrás.

Una tarde de jueves, Valeria llegó a casa más nerviosa y cachonda que nunca. Tenía las mejillas encendidas y caminaba raro, como si le doliera algo entre las nalgas.

—Hoy… hoy ha pasado —me dijo nada más cerrar la puerta, con la voz temblorosa.

Me senté en el sofá y le pedí que me contara todo, sin saltarse ni un detalle.

Valeria se quitó la falda corta y las bragas manchadas delante de mí.

Su coño estaba rojo e hinchado, pero lo que más me impactó fue ver su culito: el ano estaba claramente abierto, rojo, brillante de lubricante y semen, con un hilo espeso que todavía le salía.

Se sentó a horcajadas sobre mí, todavía oliendo a sexo viejo, y empezó a contármelo mientras me la metía despacio:

—Esta tarde me mandó un mensaje: “Baja ya, puta. Hoy te voy a abrir ese culito virgen que tienes”.

Bajé sin bragas, como siempre. Nada más entrar al cuartito me empujó contra la mesa, me subió la falda y me escupió directamente en el ano.

Me metió dos dedos gordos sin avisar, Marcos… me dolió, pero me mojé como una perra.

Valeria empezó a moverse encima de mí, cabalgándome lentamente mientras seguía hablando:

—Estuvo diez minutos dilatándome con los dedos, escupiéndome, llamándome “puta universitaria”.

Me decía que un culo tan grande y perfecto como el mío estaba hecho para que se lo follaran viejos como él.

Luego me puso a cuatro patas en el suelo sucio, con la cara pegada al cemento.

Sentí cómo ponía su polla gruesa contra mi ano… empujó… y entró.

Hizo una pausa, gimiendo bajito al recordarlo. Su coño me apretaba fuerte.

—El glande ya me dolió mucho… pero él no paró.

Me agarró fuerte de las caderas con sus manos callosas y siguió empujando.

Centímetro a centímetro me la metió toda, Marcos.

Sentía cómo mi culo se abría para esa polla vieja y venosa.

Cuando la tuvo entera dentro gruñó como un cerdo: “¡Por fin! Este culito de zorra ya es mío”.

Valeria aceleró el movimiento de sus caderas, follándome más rápido.

—Empezó a follarme el culo despacio al principio… sacándola casi toda y volviéndomela a meter hasta el fondo. Cada vez que entraba me dolía, pero también me daba un placer asqueroso. Me tiraba del pelo, me daba cachetadas fuertes en las nalgas y me insultaba sin parar:

—“¿Te gusta, puta? ¿Te gusta que un viejo asqueroso te rompa el culito mientras tu novio estudia?”

—“Di que te gusta más que te follen el culo que el coño.”

—“Este culo ya no es de Marcos… es mío. Voy a correrme dentro todos los días.”

Yo estaba a punto de correrme solo escuchándola. Le agarré las nalgas y se las abrí mientras ella seguía:

—Al final empezó a follarme de verdad, fuerte, salvaje.

Su barriga chocaba contra mi culo con cada embestida.

El sonido era obsceno… chap, chap, chap.

Me metía la polla hasta los huevos y la sacaba casi entera.

Me escupía más lubricante y seguía. Me corrí como una loca, Marcos…

me corrí solo con la polla en el culo. Nunca me había corrido así.

Valeria se inclinó hacia mí, sus tetas grandes pegadas a mi cara, y susurró con voz de puta:

—Cuando notó que me corría, me folló aún más fuerte.

Me decía “aprieta, zorra, aprieta ese culito”.

Al final rugió y me corrió dentro… mucho, mucho semen caliente.

Sentí cómo me llenaba el intestino. Cuando sacó la polla, me dejó el ano abierto, rojo, palpitando…

y un chorro de semen espeso me salió disparado y cayó al suelo.

Valeria se corrió encima de mí recordándolo, apretándome la polla con su coño.

—Luego me obligó a arrodillarme y a limpiarle la polla con la boca. Sabía a mi culo y a su leche… Me hizo lamerle los huevos también. Antes de dejarme subir me metió un plug anal pequeño y me dijo: “Esto se queda puesto hasta mañana. Quiero que lleves mi semen dentro toda la noche”.

Esa noche dormí con Valeria pegada a mí, sintiendo el plug en su culo. Cada vez que se movía gemía bajito. A las tres de la mañana se levantó, bajó al cuartito otra vez y volvió una hora después con el plug quitado y más semen chorreándole.

—Ha vuelto a follarme el culo —me confesó al meterse en la cama—. Dice que a partir de ahora mi culito es solo para él.

Desde ese día, Ramiro se volvió obsesivo con el culo de Valeria.

La follaba anal casi todos los días. A veces suave y largo, a veces brutal.

Le compró plugs de diferentes tamaños y la obligaba a llevarlos puestos mientras iba a clase.

Le mandaba fotos pidiéndole que se los quitara en el baño de la universidad y le enviara el ano abierto.

Valeria ya estaba completamente entregada. Le gustaba que le doliera. Le gustaba sentirse usada. Le gustaba ser la puta de un viejo conserje asqueroso.

Y yo… yo ya no podía vivir sin escuchar los detalles.

Después de abrirle el culo, Ramiro se volvió un puto animal. Ya no era solo sexo… era posesión total. El viejo asqueroso había descubierto que el culito grande, redondo y duro de mi novia era adictivo y no pensaba soltarlo.

Los siguientes días fueron una locura. Valeria bajaba al cuartito dos y hasta tres veces al día. Ramiro le tenía prohibido lavarse el coño y el culo después de follarla. Quería que subiera a casa con su semen espeso chorreando, oliendo a viejo follado.

Una tarde llegué antes y me la encontré en la cocina, apoyada en la encimera, con la falda subida hasta la cintura. Tenía el plug anal grande puesto, el más grueso que le había comprado Ramiro. El culo se le veía abierto alrededor del juguete, rojo e hinchado.

—Acabo de bajar —me dijo con voz ronca—. Me ha follado el culo durante casi una hora. Me ha puesto a cuatro patas en el suelo y me ha dado como a una perra. Decía que mi culito ya está completamente acostumbrado a su polla, que ya no es virgen de nada… que es un culo de puta vieja.

Se quitó el plug delante de mí. Un chorro de semen espeso, blanquecino y con olor fuerte salió de su ano abierto y le cayó por los muslos. Me miró con ojos de zorra total y me dijo:

—¿Quieres probar cómo sabe el culo de tu novia después de que un viejo se corra dentro?

Me arrodillé como un cornudo obediente y le comí el culo. Sabía a semen amargo, a lubricante y a su olor natural. Valeria gemía agarrándome la cabeza contra sus nalgas:

—Lame, cariño… lame todo lo que don Ramiro me ha dejado. Ese es tu sitio ahora.

A partir de esa semana, Ramiro empezó a follarla el culo sin piedad.

A veces la hacía bajar con vestidos cortos sin nada debajo y la empotraba en las escaleras del edificio, con riesgo de que algún vecino bajara.

Una vez casi los pilla la señora del segundo y Valeria tuvo que quedarse quieta con la polla del viejo metida hasta el fondo en su culo, mordiéndose el labio para no gemir.

Pero lo que más le ponía al viejo era humillarme a mí a través de ella.

Una noche me mandó un vídeo largo. Valeria estaba en el cuartito, completamente desnuda, con las tetas grandes colgando y el culo en pompa. Ramiro le estaba metiendo la polla en el ano mientras grababa.

—Mira, cornudo de mierda —decía el viejo mirando a cámara—. Esto es lo que le hago a tu novia mientras tú estás en clase. ¿Ves cómo le abre el culito mi polla? Di hola a tu novio, puta.

Valeria, con la cara desencajada de placer y dolor, miró a la cámara y gimió:

—Hola cariño… don Ramiro me está follando el culo otra vez… me duele pero me gusta… su polla es mucho más gruesa que la tuya… me está rompiendo…