Preñada por el conserje 5
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Ramiro le daba órdenes por mensaje: “Baja ahora mismo sin bragas”, “Ponte la falda corta que te compré”, “Quiero que vengas con las tetas marcadas”.

Valeria obedecía cada vez más rápido. Bajaba al cuartito, se dejaba usar, volvía a casa con el coño lleno de semen, el olor del viejo pegado a la piel y marcas en el cuerpo.

Empecé a pedirle fotos y vídeos. Ella me los enviaba desde el cuartito: Valeria de rodillas chupando esa polla venosa, babando hasta las tetas; Valeria a cuatro patas siendo follada como una perra; Valeria sentada encima del viejo, cabalgándolo con sus tetas grandes rebotando salvajemente.

Un mes después del primer chantaje, Ramiro subió el nivel otra vez.

Una tarde le dijo a Valeria que quería follarla en nuestra cama.

Subieron mientras yo estaba en clase. Me mandó un vídeo de casi cuarenta minutos: Ramiro follándose a mi novia en nuestra cama, en todas las posturas, corriéndole dentro dos veces y una vez en la cara.

Valeria gemía como una auténtica zorra, diciendo cosas que nunca me había dicho a mí:

—Fóllame más fuerte… tu polla es mucho mejor… soy tu puta, don Ramiro…

Cuando llegué a casa esa noche, todavía había restos de semen seco en las sábanas. Valeria me esperaba desnuda, con el coño hinchado y rojo.

—Quiero que lo veas en directo la próxima vez —me susurró mientras me besaba con sabor a polla vieja.

Y yo, completamente perdido en el morbo, le dije que sí.

Valeria ya no era la misma. Mi novia universitaria, la chica guapa, lista y con futuro, se estaba convirtiendo poco a poco en la puta particular de un viejo asqueroso de 68 años. Y lo peor… o lo mejor… es que tanto ella como yo nos estábamos volviendo adictos a esa degradación.

Los mensajes de Ramiro eran cada vez más sucios y exigentes.

“Esta tarde a las 17:00 baja sin bragas y con falda corta. Quiero ese coño joven bien abierto.”

Valeria leía los mensajes delante de mí, se mordía el labio y bajaba. Volvía una hora después con el pelo revuelto, las mejillas coloradas, el coño hinchado y rojo, y un hilo de semen espeso corriéndole por los muslos.

Me lo contaba todo con detalle mientras me montaba, todavía con la leche del viejo dentro:

—Hoy me ha follado contra la pared nada más entrar. Me ha levantado una pierna y me ha metido esa polla gorda de golpe. Me decía “así no te folla tu noviecito, ¿verdad zorra?”. Se ha corrido dentro dos veces y luego me ha hecho limpiarle la polla con la boca. Sabía a mi coño y a su leche…

Yo me ponía como una piedra escuchándola. La follaba después, mezclando mi semen con el de él, y le pedía que repitiera las frases más humillantes.

Un miércoles por la tarde, mientras yo estaba en clase, le mandó un mensaje: “Sube al piso. Quiero follarte donde duermes con tu cornudo.”

Valeria me mandó un vídeo en tiempo real desde el móvil escondido.

Allí estaba mi novia, completamente desnuda sobre nuestra cama, a cuatro patas. Ramiro detrás, con su barriga enorme colgando, agarrándola fuerte de las caderas y empotrándola como un animal. El sonido de sus huevos gordos chocando contra el coño de Valeria era brutal.

—Dilo, puta —gruñía el viejo dándole fuertes cachetadas en el culo—. Di que mi polla es mejor que la de tu novio.

Valeria gemía como una perra en celo:

—¡Sí! ¡Tu polla es mucho más gruesa! ¡Me llena entera! ¡Marcos no me folla así…!

Ramiro le tiraba del pelo, le metía el dedo en el culo y la llamaba de todo. Al final le descargó dentro con un gruñido largo y asqueroso. Cuando sacó la polla, un verdadero río de semen espeso y blanquecino salió del coño de Valeria y manchó nuestras sábanas.

Esa noche, cuando llegué, Valeria me esperaba sentada en la cama todavía desnuda, con restos de semen seco en las tetas y entre los muslos.

—He grabado todo para ti —me dijo con voz de puta satisfecha—. Quiero que lo veas mientras me follas.

Vimos el vídeo juntos. Yo la follaba por detrás mientras ella me repetía cada insulto que Ramiro le había dicho. Me corrí como nunca.

A partir de ahí, Ramiro tomó el control total.

Le prohibió a Valeria ponerse bragas cuando bajaba a verlo.

Le mandaba fotos de su polla dura y ella tenía que contestarle con fotos de su coño mojado.

A veces la hacía bajar al cuartito en plena noche, cuando yo ya estaba dormido.

Valeria se levantaba sigilosamente, bajaba, se dejaba usar y volvía a la cama oliendo a sexo viejo y con el coño lleno.

Una noche me desperté y no estaba. Bajé en silencio y los pillé de nuevo.

Valeria estaba arrodillada en el sofá viejo de la portería, con las tetas grandes colgando, mientras Ramiro la follaba por detrás de pie. El viejo sudaba como un cerdo y le daba azotes fuertes.

—Mira qué culo tiene tu novia, cornudo —dijo al verme, sin parar de follarla—. Ya es mía. Tú solo pagas el alquiler y limpias los restos.

Valeria me miró con ojos vidriosos de placer y solo pudo gemir:

—Perdóname… pero no puedo parar… me folla demasiado bien…

Empecé a quedarme mirando. Me sentaba en una silla y me pajeaba mientras el viejo usaba a mi novia como una puta barata.