9. Ya lo sabía… y no hice nada
sábado, 29 de mayo
A ti…
No fue de repente.
No fue un momento exacto.
Fue acumulándose.
Poco a poco.
Detalles que antes ignoraba.
Silencios que ya no parecían casuales.
Respuestas que llegaban… pero no decían nada.
Y yo…
lo estaba viendo.
Eso es lo peor.
Porque no puedo decir que no sabía.
No puedo decir que me tomó por sorpresa.
No puedo decir que no había señales.
Las había.
Siempre las hubo.
Solo que al principio eran pequeñas.
Fáciles de justificar.
Fáciles de acomodar para que no dolieran tanto.
“Está ocupado.”
“No pasa nada.”
“Estoy pensando de más.”
Y funcionaba.
Por un tiempo.
Pero después…
ya no.
Porque empezaron a repetirse.
A sentirse más claras.
Más difíciles de ignorar.
Y aun así…
no hice nada.
No dije nada.
No pregunté lo que quería preguntar.
No puse en palabras lo que ya sentía.
Solo me quedé.
Como si esperar fuera suficiente.
Como si en algún momento todo fuera a aclararse solo.
Pero no pasó.
Y en el fondo…
yo lo sabía.
Sabía que algo no estaba bien.
Sabía que no estaba recibiendo lo mismo que estaba dando.
Sabía que me estaba quedando en algo que no era claro.
Lo sabía.
Pero elegí no moverme.
Porque irme implicaba aceptar algo que no quería ver.
Que esto no era lo que yo pensaba.
Que tú no eras lo que yo quería que fueras.
Que lo que sentía… no era correspondido de la misma forma.
Y eso dolía más que quedarme.
Así que me quedé.
Aun sabiendo.
Y eso…
eso también es una forma de decidir.
Mariana… lo viste.
Y aun así…
no hiciste nada.
P.D.
No fue que no supiera…
fue que no quise actuar con lo que ya sabía.