7. Quise creer(te) otra vez
domingo, 23 de mayo
A ti…
Volviste.
Como si nada.
Un mensaje.
Simple.
Normal.
Como si los días de silencio no hubieran existido.
Y lo peor es que…
respondí.
No lo pensé tanto.
O eso quiero creer.
Porque si lo hubiera pensado de verdad…
quizás no lo hacía.
Pero sí lo estaba esperando.
Eso es lo que más me cuesta admitir.
Cuando vi tu nombre en la pantalla…
sentí algo.
No fue sorpresa.
Fue alivio.
Y eso me molestó.
Porque no debería sentirse así.
No después de haberme pasado días preguntándome cosas que nunca respondiste.
Aun así…
abrí el chat.
Leí tu mensaje.
Una vez.
Dos veces.
Tres.
Como si entre palabras simples fuera a encontrar una explicación.
Un “perdón”.
Un “no pude escribirte”.
Algo.
Pero no había nada.
Solo un simple mensaje “Hola, hermosa”
Como si todo estuviera bien.
Y aun así…
respondí.
¿En qué momento se volvió suficiente eso?
Hablamos.
Otra vez.
Como antes.
Fácil.
Natural.
Como si no hubiera pasado nada.
Y por momentos…
todo se sentía bien.
Demasiado bien.
Me reí.
Te seguí la conversación.
Me olvidé de lo que había sentido.
O eso intenté.
Porque no se fue.
No del todo.
Había algo ahí.
Pequeño.
Pero constante.
Esa incomodidad.
Esa voz que decía:
“esto no está bien”
Pero la ignoré.
Porque era más fácil quedarme con lo otro.
Con lo que sí funcionaba.
Con lo que sí se sentía bien.
Contigo.
No te pregunté nada.
No te reclamé nada.
No mencioné el silencio.
Y tú tampoco.
Como si nada hubiera pasado.
Como si ambos hubiéramos decidido borrar esos días.
Y eso me hizo ruido.
Mucho.
Porque si para ti fue tan fácil ignorarlo…
¿qué significa eso?
¿Que no te importó?
¿Que no lo viste igual que yo?
¿Que para ti esto no pesa?
No lo sé.
Y tampoco pregunté.
Porque en el fondo…
creo que tenía miedo de la respuesta.
O peor…
de que no hubiera ninguna.
Y aun así me quedé.
Porque cuando apareces…
todo lo demás se vuelve más pequeño.
Mis dudas.
Mis límites.
Lo que pensé cuando no estabas.
Todo.
Y eso no debería pasar.
No debería ser tan fácil olvidar lo que sentí.
No debería ser tan fácil volver a lo mismo.
No debería ser tan fácil contigo.
Pero lo es.
Y eso es lo que más me preocupa.
Porque no sé si estoy viendo lo que quiero ver…
o si estoy ignorando lo que ya vi.
Mariana… date cuenta.
Pero no lo haces.
Porque te gusta.
Porque se siente bien.
Porque cuando estás ahí… todo encaja.
Aunque sea solo por un rato.
Y quizás eso es lo que estoy eligiendo.
Ratos.
En lugar de respuestas.
P.D.
Quise creer que todo seguía igual…
pero en el fondo sé que no.
Y aun así…
me quedé.