Postales 6. El silencio también dice cosas
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6. El silencio también dice cosas

viernes, 21 de mayo

A ti…

Hoy no escribiste.

Y no debería importarme tanto.

Pero importa.

Revisé el celular más veces de las que quiero admitir.

Al principio sin pensar.

Como un reflejo.

Después… esperando.

Nada.

Intenté convencerme de que era normal.

Que tienes tu vida.

Que no todo gira alrededor de hablar conmigo.

Que no pasa nada si un día no escribes.

Pero igual…

volví a revisar.

Es extraño cómo funciona esto.

Ayer hablamos como si nada.

Risas, mensajes, lo de siempre.

Nada que hiciera pensar que hoy sería distinto.

Y aun así…

lo fue.

El día se sintió más largo.

Más lento.

Como si algo faltara, aunque no quisiera aceptarlo.

Intenté distraerme.

Me enfoqué en el trabajo.

Hablé con gente.

Puse música.

Pero siempre había un momento en el que todo se quedaba en silencio…

y ahí volvías tú.

Volvía la idea de escribirte.

Solo para ver si respondías.

Solo para confirmar que todo estaba igual.

Pero no lo hice.

No quería ser la que siempre escribe primero.

No quería parecer… necesitada.

Aunque en el fondo…

quizás sí lo estaba siendo un poco.

Pasaron horas.

Y nada.

A veces abría el chat sin darme cuenta.

Como si fuera a aparecer algo nuevo de la nada.

Como si por mirarlo lo suficiente… fueras a escribir.

Y ahí fue cuando me di cuenta.

Esto ya no es tan simple.

No eres nada mío.

No me debes nada.

No hay ninguna razón para que me afecte así.

Y aun así…

me afecta.

Empiezan las preguntas.

¿Estás ocupado?

¿No quisiste escribir?

¿Dije algo mal?

¿Te aburriste?

¿Siempre fuiste así y no lo noté?

Y sé que estoy pensando de más.

Lo sé.

Pero no puedo evitarlo.

Porque cuando alguien se acostumbra a estar…

su ausencia se nota más.

Y tú estabas.

De una forma constante.

Fácil.

Natural.

Y ahora no.

No sé si para ti esto es normal.

No sé si notaste el silencio.

O si simplemente seguiste con tu día como si nada.

Yo no pude.

Y eso dice más de mí de lo que me gustaría.

Porque no es solo que no escribas.

Es que me descubrí esperando que lo hicieras.

Mariana… cálmate.

No es para tanto.

Pero sí lo es.

P.D.

El problema no es que no escribas…

es que ya me había acostumbrado a que lo hicieras.

Y no sé en qué momento eso empezó a importar tanto.