Poseidonia Capítulo 12 — posidonia
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Capítulo 12 — posidonia

posidonia

Formentera posee una de las mayores praderas de posidonia oceánica del Mediterráneo. Gracias a ella, el agua parece más limpia de lo que debería, más transparente, más turquesa, como si la isla hubiera aprendido el secreto de volverse cristalina incluso después de tanta sombra.

La posidonia oxigena, depura y sostiene la vida desde abajo, allí donde casi nadie mira.

Y cuando sus restos llegan a la orilla, cuando se enredan oscuros y ásperos sobre la arena, siguen cumpliendo su función: proteger la costa, frenar la erosión, alimentar las dunas.

Lo más valioso de la isla no era aquello que deslumbraba a primera vista, sino lo que trabajaba en silencio bajo el agua, sin exhibirse, sosteniéndolo todo.

A Daniel aquella idea se le quedó dentro de una forma rara.

Quizá porque empezaba a sospechar que las personas no eran tan distintas. Que también había vidas en las que lo esencial no estaba en la superficie, sino sumergido, trabajando despacio entre restos, heridas y memoria.

Tal vez por eso no había mejor lugar para venir a romperse.

Ni para descubrir que algunas vidas, aunque desde lejos parezcan limpias, solo se aclaran después de tocar fondo.