Portada falsa Capítulo 34
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Capítulo 34

Una semana después.

—Tienes que perder esta costumbre, en serio —dice Cameron mientras Lexi entra en su apartamento.

La última semana de Cameron ha sido terrible: un nuevo evento de promoción antes del estreno definitivo y entrevistas en tres ciudades diferentes donde Lexi ha pactado que nada de preguntas personales, pero no ha podido evitar las que le hacen los periodistas ansiosos que se encuentra en todas partes.

Hoy es el primer día de esta semana que no tiene que hacer nada —salvo esperar a que llegue Brynn dentro de una hora— y se ha dedicado a echar un ojo a otro papel que le han ofrecido y que Lexi le entregó ayer.

Lo ha leído por encima y tiene que decidirse entre este y el rol lésbico al que todavía no ha dado respuesta.

Es su momento de paz y concentración: sofá, un café y lectura de guiones o de un libro, pero su publicista se lo acaba de interrumpir.

—Perdona, bonita, pero estoy obedeciendo órdenes tuyas —suelta Lexi, como si estuviera ofendida.

Cameron cierra la puerta y se gira hacia ella, mirándola con una ceja levantada.

—¿Qué órdenes? ¿De qué hablas?

—¿Puedes ofrecerme un café? Tengo una mañana de mierda —pide Lexi, pero ya va de camino a la cocina para servírselo ella misma .

La actriz coge el suyo del salón y se sienta en un taburete de la isla mientras Lexi coge una taza y se la llena hasta el borde.

—Me pediste que averiguase quién había filtrado el contrato, ¿no?

La publicista se sienta frente a Cameron, y la actriz se yergue y siente el pecho como si fuera un motor revolucionado.

—¿Quién ha sido?

—Me encantaría pedirte que intentes adivinarlo, pero no creo que lo hagas y…

—Lexi —la corta Cameron, impaciente.

—Fue Nico.

Cameron se echa ligeramente hacia atrás, sorprendida.

—¿Nico? ¿Nuestro gestor de emergencias mediáticas?

—El mismo.

Los ojos de Cameron se abren tanto que sus cejas se disparan hacia el pelo.

—No puede ser; él es quien tiene que arreglar estas cosas, le pagamos para… ¿estás segura de que ha sido él? —la actriz no sale de su asombro.

—Sí.

—¿Cómo? —pregunta incrédula—. ¿En qué te basas? ¿Cómo lo has averiguado?

Lexi bebe de su café y coge una pieza de fruta de la encimera, pelándola mientras se explica con una calma que irrita mucho a Cameron.

—Fácil. Después de la filtración, lo primero que hice fue hacer una lista de las personas que tenían acceso al contrato o conocimiento de su existencia. La lista era corta: tú, Brynn, Margot Stuart —la abogada que redactó el contrato— Nico, Rita, un directivo de la revista y yo misma.

—¿Y por qué él?

—A ti y a mí nos descarté de inmediato —dice, abriendo las manos con obviedad—.

Tú pusiste la mano en el fuego por Brynn, así que tampoco busqué en esa dirección.

La revista no tenía nada que ganar si se filtraba; ahora todo el mundo se cuestiona su credibilidad y haber despedido a Brynn ha sido una jugada de mierda.

Cameron curva su comisura izquierda hacia arriba.

Le pidió a Lexi que interviniera, que se informase para ver si había alguna posibilidad legal de hacer que Brynn recuperase su puesto, pero tras hablar con la abogada, Lexi le dijo que ser despedida era lo mejor que le había pasado, porque la credibilidad de la revista estaba en entredicho desde que se filtró el contrato.

—Solo me quedaba Margot Stuart y Nico Devine.

Era absurdo que una abogada hiciera algo así; se jugaba su reputación profesional, así que me centré en Nico.

Lo primero que me llamó la atención fue que cuando logré contactar con él el día que Marla Butler publicó el artículo, Nico ya tenía un borrador de comunicado preparado y una lista de posibles estrategias de contención.

En gestión de emergencias, la rapidez es una virtud, pero tener un borrador tan rápido cuando ni siquiera había hablado conmigo…

Cameron se levanta y se sirve otra taza de café.

—Lo segundo que me llamó la atención fue el artículo en sí cuando lo leí con calma. Marla Butler publicó detalles del contrato que no aparecían en el documento original.

—¿Qué?

—Publicó detalles del borrador inicial, el que le pasé a Nico al principio y del que después modifiqué algunas cosas que decidimos juntos; supongo que se equivocó de archivo al enviarle esas capturas a Marla.

—Qué hijo de puta —masculla Cameron, todavía desconcertada por la noticia.

—Con todo eso, tiré de un detective privado que te va a costar una fortuna por tener que trabajar en tiempo récord —añade, como si no tuviera importancia—.

Ha conseguido pruebas de que Marla Butler recibió un pago muy por encima de lo habitual por ese artículo de parte de la revista, y que, a su vez, ella hizo una transferencia por la mitad del valor ese mismo día a una cuenta que aparece como consultoría externa anónima.

—¿Y cómo sabes que esa cuenta es de Nico? —pregunta Cameron.

—Porque este investigador que te va a costar una fortuna —recalca con sorna—, parece tener muchos contactos y me ha asegurado que tendremos las pruebas definitivas en un par de días.

—No lo entiendo; ¿por qué iba a hacerlo? Le pagamos bien, ¿no? —cuestiona Cameron.

—Supongo que, porque creía que no íbamos a averiguarlo, pero es evidente que como delincuente es un completo inútil —Lexi se mete un trozo de fruta en la boca.

—Aun así, sigo sin entenderlo.

La publicista suspira y la mira como si estuviera hablando con una niña de cinco años.

—Ambición, querida. Nico nos cobra por horas de gestión de crisis; cuanto mayor es la crisis, mayor es su factura.

La codicia de algunas personas a veces las convierte en estúpidas: pensó que podría ganar por partida doble, el pago de la revista de Marla a través de ella misma y las facturas que te hubiera cobrado a ti por arreglar algo que él mismo había provocado.

Cameron se muerde los labios y aparta el café porque de pronto ya no le apetece.

—¿Y cuál es el plan? Porque no quiero que se vaya de rositas.

—Ya he hablado con Margot; en cuanto tengamos las pruebas definitivas, lo demandaremos por revelación de información confidencial y por violación del acuerdo de confidencialidad que firmó cuando comenzó a trabajar conmigo —explica Lexi.

—Quiero que lo hundas, que no vuelva a trabajar para nadie del sector, y quiero que lo sepa antes de que acabe la semana.

Lexi sonríe.

—Tranquilízate, fiera. Primero las pruebas; después, te aseguro que le caerá encima toda la mierda sin que la vea venir. Ahora, hablemos de los guiones. Necesito saber qué vas a hacer; hay que responder esta semana. ¿Has leído el último?

—Por encima. Iba a leer con más detenimiento esta mañana, pero has llegado para interrumpir, como siempre.

Lexi ignora la mordacidad de su clienta.

—Creo que voy a subirte mi tarifa, eres un coñazo.

Cameron sonríe y se apoya con ambas manos en la isla.

—Acepto el primero. El lésbico.

Lexi la mira un momento en silencio; después asiente.

—De acuerdo. Decidido entonces —la publicista se levanta y se dirige hacia el salón para coger su bolso y marcharse .

Cameron mira la hora antes de salir de la cocina —en el horrible reloj que todavía sigue ahí— y comprueba con una sonrisa que apenas faltan diez minutos para que llegue Brynn.