Capítulo 33
Brynn lleva cuarenta minutos sentada en el sofá con el portátil cerrado sobre la mesa y el teléfono bocabajo para intentar resistir la tentación de volver a mirarlo, cosa que no ha dejado de hacer desde la rueda de prensa de Cameron.
Cuando la actriz ha terminado, ella no sabía qué hacer, completamente desorientada durante varios segundos hasta que al final ha abierto la pestaña con su artículo y lo ha leído un total de tres veces para asegurarse de que se entendía todo lo que quería decir.
Y ahora vuelve a estar en una especie de limbo, quieta en el sofá mientras espera sin saber muy bien el qué.
Cuando se ha levantado de la silla, se ha duchado y cambiado de ropa en una especie de modo automático.
Ahora está descalza, con unos pantalones de chándal y una camiseta sin mangas muy desgastada.
Se mira los pies, que se le han helado sobre el suelo, y el estómago le ruge de hambre, pero no se mueve hasta que escucha el sonido lejano de algo parecido a un alboroto.
Se levanta de un salto y en dos zancadas llega hasta la ventana que da a la calle.
Brynn la abre sin pensar y el murmullo de hace unos segundos se convierte en un montón de voces hablando a la vez.
Se asoma justo a tiempo para ver el coche de Cameron detenido frente al edificio mientras su guardaespaldas le abre la puerta.
Los periodistas que había en su entrada se han triplicado, pero Cameron baja del vehículo con la misma actitud helada con la que camina por una alfombra roja o habla en entrevistas en las que no le apetece estar.
Las preguntas le llegan a Brynn todas mezcladas, sin orden, y endurece la expresión mientras piensa en lo agobiante que tiene que ser para Cameron estar en medio de todo ese ruido.
—¿Has leído el artículo de Brynn Mitchell? ¿Es verdad todo lo que cuenta? —pregunta uno.
—Cameron, ¿vais a hacer declaraciones juntas? —sigue otra.
La actriz no contesta ninguna y avanza hacia el portal con las gafas de sol puestas hasta que llega a la puerta y desaparece de su vista, y Brynn corre desesperada hacia el interfono para pulsar el botón y dejarla entrar sin molestarse en descolgarlo.
Se asoma al pasillo, impaciente, y la espera bajo el quicio hasta que Cameron sale del ascensor, radiante con ese traje blanco y sus tacones de diez centímetros mientras la mira fijamente.
Brynn se hace a un lado y la actriz entra y, en cuanto Brynn cierra la puerta, las dos sueltan un bufido al mismo tiempo que deja salir toda la tensión acumulada en las últimas horas.
Se quedan mirándose un momento, apenas un segundo, y entonces Brynn sonríe y salta sobre ella, rodeándole el cuello con los brazos y la cintura con las piernas.
Cameron la sujeta por debajo de los muslos con firmeza y le devuelve la sonrisa mientras da un par de pasos hacia atrás para estabilizarse.
—He leído tu artículo —empieza Cameron, y su comisura izquierda tira hacia arriba de pura satisfacción.
—Yo he visto tu rueda de prensa —responde Brynn—. No pensé que dirías que…
—Yo tampoco, pero lo he hecho —Cameron arquea una ceja y tamborilea los dedos contra el muslo de Brynn.
—¿Y cómo te sientes con eso? Dijiste que querías reservar esa parte de tu vida para ti —pregunta Brynn, preocupada.
—Esa parte seguirá siendo privada —explica la actriz, caminando muy despacio hacia el sofá con Brynn abrazada a ella—.
No voy a contar nada más sobre nosotras, y respondiendo a cómo me siento con eso, creo que lo debería haber hecho hace muchos años.
Me habría ahorrado momentos incómodos dejándome ver al lado de hombres por los que no solo no sentía nada, sino que me hacían sentir un fraude conmigo misma.
—Estoy muy orgullosa de ti —pronuncia Brynn, y baja los pies al suelo cuando Cameron se detiene.
—Ah, ¿sí?
—Sí, mucho —asegura la periodista.
—¿Y vas a demostrármelo de alguna manera? —la mirada de Cameron se oscurece y su tono se vuelve más bajo.
Brynn responde con una exhalación, pero contiene sus ganas de arrancarle la ropa y empieza a hacerlo muy despacio.
—Me gusta mucho cómo te queda este traje —susurra, bajándole la chaqueta por los brazos hasta que se la quita y camina hacia el respaldo de una silla para colgarla.
Cameron la mira, pasmada y excitada al mismo tiempo, hasta que Brynn regresa y empieza a desabrocharle los botones de la camisa igual de despacio.
La actriz, con la camisa abierta, se baja de los tacones y deja que Brynn le quite los pantalones con la misma calma, dejándolos doblados sobre la mesa baja del sofá.
—Ahora sí —susurra la periodista, y la besa al mismo tiempo que le quita el sujetador.
Brynn la coge por la cintura y tira de ella hasta que se detiene al borde del sofá y se sienta. Cameron no necesita que le diga lo que quiere; simplemente coloca cada rodilla a ambos lados de las piernas de Brynn y se sienta sobre sus muslos.
—Tengo muy poca ropa y tú demasiada —observa Cameron, mientras sus pechos se elevan con sus respiraciones cada vez más rápidas.
—Después; ahora quiero que te quedes quieta y que me mires. No me toques, solo mírame —murmura Brynn.
El abdomen de Cameron se tensa cuando contiene la respiración, y Brynn se inclina un poco hacia ella y mete una mano entre sus piernas mientras la sujeta por un muslo contra la otra.
—Brynn… —jadea Cameron, que se está deshaciendo antes de que la toque.
—Tampoco hables, solo mírame —ordena la periodista.
Le desliza las bragas hacia un lado y Cameron da un respingo de puro placer cuando la roza con los dedos, pero no aparta la mirada de los ojos de Brynn; solo respira de forma entrecortada mientras ella la toca y finalmente la penetra.
El gemido de la actriz es seco y se produce al mismo tiempo que todo su cuerpo se tensa.
Las aletas de la nariz se le abren y la mandíbula le tiembla mientras Brynn entra y sale de ella con una calma que en otro momento le resultaría desesperante y que ahora le parece exquisita.
—Joder, cariño —susurra, y se humedece los labios cuando Brynn curva los dedos en su interior y le roza el clítoris con el pulgar.
—Te he pedido que no hables; si vuelves a hacerlo, pararé —asegura Brynn.
Un suspiro entrecortado hace temblar el pecho de Cameron mientras la mira.
Quiere hablar, necesita decirle que ese ritmo es perfecto, que quiere besarla y necesita agarrarse a sus brazos porque teme desplomarse hacia atrás, pero se controla y obedece.
La actriz coloca sus propias manos sobre sus muslos y Brynn ve cómo las cierra y se pellizca la piel mientras una serie de jadeos entrecortados y contenidos escapan de su boca sin control.
—No tienes ni idea de lo preciosa que eres cuando te vuelves vulnerable —asegura Brynn, y Cameron gime con fuerza cuando la periodista hace un movimiento seco dentro de ella que por poco la hace desmayarse de placer.
Cameron no es de las que les gusta mantener un control absoluto en la cama; le gusta que el control se divida, poder hacer lo que quiera y dejar que se lo hagan, pero que Brynn le dé órdenes y sea prohibitiva con lo que ella puede hacer le ha provocado una sensación de placer constante que tiene arremolinada sobre el vientre y la está matando.
—Brynn… —jadea sin controlarse, porque necesita correrse o sabe que su corazón no soportará esto mucho más.
Brynn no la reprende; solo la mira sin parpadear, observando el cuerpo completamente tenso de la actriz, con las uñas clavadas en sus muslos que empiezan a estar muy rojos en esa zona y su dificultad para coger aire, y decide que ahora quiere escuchar sus gemidos, así que acelera el ritmo y le pone la mano libre en la nuca para atraerla hacia sus labios, pero solo la deja pegada a ella, sin besarla.
—Ahora quiero tragarme tus gemidos —anuncia, y un gemido desgarrado sale de la garganta de Cameron justo antes de que Brynn la bese y el orgasmo le atraviese todo el cuerpo.
Cameron pasa los brazos por detrás de los hombros de la periodista y se agarra con fuerza a su cuerpo mientras el placer la devora y, cuando el orgasmo termina, su cuerpo se relaja por completo y siente alivio cuando los dedos de sus pies vuelven a estirarse.
Con la actriz cae desmadejada sobre ella, Brynn retira los dedos empapados y la abraza con fuerza mientras Cameron se recupera jadeando contra su cuello.
El tiempo que pasan así es imposible de medir para ninguna, y terminan tumbadas una al lado de la otra cuando es Brynn la que se corre, sin fuerzas para levantarse, con un agotamiento del que el sexo no es el único culpable, sino toda la presión que han soportado durante semanas y que, ahora que ha desaparecido, las ha dejado sin energía.
—Lo que has dicho en esa rueda de prensa es lo más valiente que he escuchado nunca —susurra Brynn, mientras desliza los dedos muy despacio por toda la columna de la actriz—. Necesito que lo sepas.
Cameron levanta la cabeza y le besa la sien.
—Te has expuesto por completo en el artículo; eso sí que es valiente —susurra Cameron, y Brynn responde con una sonrisa.
—Probablemente me estarán despellejando en las redes ahora mismo.
—No lo creo. De camino hacia aquí, Lexi me ha enseñado las primeras reacciones, y en general es bueno.
—¿En serio? —se sorprende Brynn.
—Hay gente que nos critica, que se queja del montaje y cuestiona la credibilidad de ambas después de todo el número, pero la mayoría parece apoyarnos, y el colectivo LGBTQ+ está bastante encantado con mi salida del armario.
—Es muy importante para nosotros que los artistas no se escondan; nos da visibilidad —comenta Brynn.
—Lo sé. Debí haberlo hecho hace mucho tiempo —insiste la actriz.
—Yo no lo creo —Cameron la mira, sorprendida—. Lo has hecho cuando te has sentido lista para hacerlo, y de eso nadie puede culparte porque cada uno sale del armario cuando se siente cómodo para hacerlo, no cuando lo necesitan los demás.
Cameron suspira y se acomoda mejor .
—Deberías tener una manta en el sofá —susurra, sintiéndose exhausta.
—Voy a por una.
Brynn intenta moverse, pero Cameron la aprieta contra ella.
—Después, ahora quédate aquí.