Portada falsa Capítulo 32
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Capítulo 32

—¡Cameron, un momento!

—¡Solo una pregunta, Cameron!

Las voces le llegan por todas partes y la actriz camina hasta el coche con su guardaespaldas a un lado y Lexi al otro.

—No te pares, y no respondas a nada —sisea Lexi.

Son apenas tres metros desde la entrada del edificio hasta el vehículo, pero a Cameron le parecen los más largos que ha recorrido en su vida.

Encuentra la puerta abierta y se lanza al interior seguida de la publicista, que casi cae sobre ella, y Cameron suelta un suspiro de alivio cuando el sonido de las voces queda amortiguado detrás del cristal.

—¿Estás bien? —pregunta Lexi, que como siempre ya está sacando su tablet del bolso cuando ni siquiera se ha sentado bien del todo.

—Sí —asegura, pero tiene la mirada clavada en sus manos, que tiemblan descontroladas de un modo que no recuerda haber sentido nunca.

Se las mete debajo de los muslos como si así pudiera detenerlo y, cuando levanta la vista, Lexi la está mirando fijamente.

—Lo has hecho bien, Cam —la elogia, mirándola con orgullo—.

¿No te sientes mejor ahora? Tanto tiempo fingiendo ser alguien que no eres debe de ser agotador.

Ya lo has dicho, ahora todos saben que te acuestas con mujeres, ¿y qué?

No se acaba el mundo, y ya no tienes que dar más explicaciones; has marcado tus límites y cuando vean que no respondes a ese tipo de preguntas, dejarán de hacerlas.

Cameron asiente y se saca las manos de debajo de los muslos, todavía temblorosas.

—Y creo que esto servirá para detener las especulaciones, ahora se centrarán en que Cameron Felton es muy lesbiana —exagera, y Cameron sonríe.

—No lo he contado por la filtración —dice la actriz.

—Me lo imagino; has tenido mil oportunidades de hacerlo durante tu carrera y solo lo has hecho cuando la reputación de Brynn ha estado en juego. Y yo pensando que tu pequeño corazoncito era de piedra —se burla, y media sonrisa le baila en los labios como si hubiera contado el mejor chiste.

—Que te den —sonríe Cameron—. Ahora busca su artículo, quiero leerlo.

Lexi devuelve la vista a su tablet y lo encuentra de inmediato porque puso un acceso directo del blog de Brynn en su pantalla para tener controlada a la periodista en la época en que atacaba a su clienta como revancha de sus desplantes.

—Lo ha publicado a las doce en punto, qué obediente —comenta con susurro mordaz.

—Dame eso —exige la actriz, estirando el brazo para coger la tablet .

«Lo que no cabía en un titular».

Por Brynn Mitchell.

Hace casi un año conocí a Cameron Felton en la terraza de un hotel durante una gala benéfica a la que no quería asistir.

Yo cubría el evento para la revista donde trabajaba hasta esta mañana, llevaba un vestido que no era mío y unos tacones que estuve a punto de dejar debajo de una mesa porque me destrozaban los pies.

Salí a la terraza porque necesitaba aire, y apenas llevaba unos minutos allí cuando salió Cameron.

Obviamente, ella no sabía quién era yo, pero yo sí sabía quién era ella.

Fue la primera en hablar y yo necesité unos segundos para asumir que de verdad me hablaba a mí.

Me hizo reír, me hizo sentir interesante y, sobre todo, cómoda.

Hablamos durante bastante tiempo y me impresionó ver lo normal que era; no tenía ante mí a la figura pública ni a la actriz, sino a la mujer, y después de un tiempo que soy incapaz de definir, me dio su número de teléfono y me pidió que le escribiera, y ahí comenzó nuestra guerra.

Le escribí al día siguiente, pero jamás recibí su respuesta.

Lo que no sabía entonces —y no he sabido hasta hace muy poco— es que Cameron me dio un número equivocado por error.

Se confundió y mi mensaje le llegó a alguien desconocido que lo ignoró, y yo interpreté ese silencio como desprecio, como la confirmación de que Cameron Felton había jugado conmigo de la manera que yo esperaba que hiciera alguien como ella, porque a veces es más cómodo confirmar un prejuicio que aceptar que te has equivocado.

Escribí un artículo y lo publiqué en este mismo blog. No puse su nombre, pero dejé las pistas suficientes para que cualquiera llegara a la conclusión de que era ella. Fue cobarde, mezquino y la primera ficha de dominó de una cadena que ninguna de las dos supo detener.

Después vino la entrevista. Cameron no sabía que la mujer que tenía delante era la misma de la terraza; solo sabía que era la periodista que la había ridiculizado en internet.

Llegó tarde, agotada y furiosa, y me trató con la frialdad que me había ganado sin saberlo.

Yo interpreté —de nuevo— esa actitud como la prueba definitiva de quién era Cameron Felton en realidad, y escribí otra columna.

Esta vez con su nombre completo, que se hizo viral, pero no tan viral como el titular que eliminaba todos los matices de su respuesta en la rueda de prensa donde opinó sobre la visibilidad queer en la industria del cine. La dejé completamente expuesta.

No mentí. No inventé ninguna cita ni nada que no hubiera dicho, pero sé —y lo sabía entonces— que un titular puede ser técnicamente verdadero y profundamente injusto al mismo tiempo.

Elegí la injusticia para vengarme de su desplante en la rueda de prensa y porque llevaba meses enfadada con una mujer que nunca me había hecho lo que pensaba.

Ese titular tuvo consecuencias para ella —como perder el contrato con una marca— además de dañar su reputación. Y ahí vino la demanda, y lo que pasó después ya lo sabéis porque lo pone en el contrato filtrado.

Cameron me ofreció un acuerdo: fingir una relación para desmontar la acusación de homofobia y, a cambio, retirar la demanda que habría acabado con mi carrera.

Acepté porque no tenía otra opción, y después seguí aceptando porque cada día que pasaba a su lado descubría a la mujer que había conocido en la terraza, la misma que nunca se fue, la que siempre había estado protegiéndose de gente como yo.

Me enamoré de Cameron Felton mientras fingía estar enamorada de ella.

No escribo esto para que me perdonen. Escribo esto porque llevo meses contando verdades a medias y ha llegado el momento de contar una entera.

La verdad es que el contrato existió y que lo que empezó como una farsa dejó de serlo hace mucho tiempo, y que lamento el daño que causé a su reputación y pido perdón al colectivo —mi colectivo— por usarlos como herramienta de mi propia batalla absurda.

Aunque no tengo derecho, quiero pedir que se deje de especular sobre Cameron y que, si se tiene que señalar a una culpable en todo esto, esa soy yo.

Esta es toda la verdad, y lo único que deseo es que todo esto se olvide para poder seguir con mi vida junto a Cameron.

Cameron termina de leer y se queda quieta, mirando la pantalla como si las letras se movieran ante ella.

Después levanta la vista y mira un punto fijo por la ventana sintiendo que le pican los ojos, y esboza media sonrisa porque está orgullosa de Brynn, y también de sí misma por haber contado por fin su propia verdad.

—¿Qué tal las reacciones? —pregunta, dejando la tablet a un lado mientras Lexi mira su móvil fijamente.

La publicista alza la mirada de la pantalla y sonríe, levantando una ceja.