Portada falsa Capítulo 30
86%

Capítulo 30

Cameron sale de su apartamento una hora más tarde, duchada y vestida con ropa cómoda —vaqueros, jersey y unas botas de tacón medio que no tienen nada que ver con los tacones de diez centímetros que suele utilizar—.

Su equipo de seguridad le abre paso entre los periodistas —que se acumulan en su puerta lanzando preguntas como si fueran ametralladoras— hasta que consigue llegar a su coche, donde el chófer conduce hacia la redacción de Brynn y ella baja del vehículo acompañada por dos escoltas.

Como la vez anterior, la actriz accede a la sala donde trabajan todos los reporteros, pero cuando mira hacia el fondo —hacia la mesa de Brynn— la periodista no está en su puesto y la silla está bien colocada como si nunca hubiera estado allí, donde la mesa está vacía de todo el desastre que Brynn suele tener en ella.

La sorpresa le dibuja unas líneas verticales entre las cejas y Cameron gira la cabeza en todas direcciones para comprobar si la ve por algún sitio, pero no la encuentra y, cuando está a punto de darse la vuelta, advierte que un chico se levanta de un salto de su sitio y camina con rapidez hacia ella pidiéndole que espere con la mirada.

—Soy James, el cámara que suele acompañar a Brynn —se presenta nervioso, y le hace un gesto para señalar hacia la puerta—. ¿Podemos hablar un momento en privado ?

Cameron está desconcertada, pero asiente y camina junto a él desde la recepción hasta el rellano de la escalera, donde James se detiene junto a una planta artificial en el rincón que está llena de polvo, con Cameron a un lado y alguien de su personal de seguridad junto a la entrada.

—¿Dónde está Brynn? —pregunta, adelantándose en la conversación.

—Se ha ido hace media hora.

La actriz siente que la gravedad pierde efecto en la parte superior de su cara, dejando una de sus cejas más alzada que la otra mientras mira a James con expresión interrogante.

El cámara mira hacia atrás, hacia la puerta de acceso a la redacción, y cruza los brazos sobre el pecho en un gesto que a Cameron no le parece defensivo, sino nervioso.

—Oye, James, no tengo mucho tiempo —dice ella, tratando de mantenerse calmada—. ¿A dónde ha ido?

—A su casa, supongo —responde él, con la mandíbula tensa—.

Rita la ha despedido cuando ha visto el artículo de Marla Butler, le ha dicho que la revista solo puede defender una postura y será la de ellos, y que no pueden mantenerla aquí después de lo que ha pasado porque no se pueden arriesgar a que su mala imagen los salpique más en esto.

Cameron siente que tiene algodón en los oídos y le cuesta un par de segundos entender lo que James acaba de decirle.

La asalta el impulso de entrar y buscar a Rita para decirle que el acuerdo no incluía el despido de Brynn y que solo gracias a la periodista ellos pudieron llegar a un trato, pero ahora no puede perder el tiempo con esa mujer.

—Está bien, gracias por decírmelo —dice Cameron, rodeando a James para ir hacia el ascensor.

El siguiente trayecto lo hace como si tuviera un nido de avispas en la cabeza que zumban todas a la vez.

Le está costando concentrarse, no contaba con que Brynn perdiera su trabajo e intenta buscar la manera de conseguir que lo recupere, pero el acuerdo que firmaron las tres partes no tenía ninguna cláusula que protegiera a Brynn si pasaba algo como esto, solo incluía las de confidencialidad entre las partes y la que le permitía a Cameron activar la demanda en caso de que la farsa no funcionara.

En definitiva, todo iba en contra de la periodista.

El coche se detiene frente al edificio de Brynn y Cameron se pregunta cuánto tardarán los periodistas en averiguar dónde vive, porque por ahora no hay ninguno en la puerta, que está abierta de par en par mientras un vecino saca cajas como si se estuviera mudando.

—Perdón —se disculpa ella al pasar, mientras él la mira, perplejo cuando la reconoce.

Llama al timbre de Brynn un par de veces y, cuando no escucha ningún ruido al otro lado de la puerta, piensa que quizá no ha ido ahí como ha sugerido James, sino a dar un paseo para despejarse o incluso al aeropuerto para irse con su madre a Washington.

Esto último le encoge el estómago solo de pensarlo, pero entonces la puerta se abre y Brynn la mira con los ojos rojos y la cara mojada.

—Yo no he sido, Cam —asegura compungida, antes incluso de que Cameron cruce la puerta—. Yo no he filtrado el contrato.

—Lo sé, Mitchell —responde Cameron, cerrando la puerta.

—Yo no he sido —repite Brynn, tan aturdida que parece no haber escuchado a la actriz.

Cameron se acerca a ella y le pone una mano sobre la mejilla que hace que Brynn parpadee muy deprisa y la mira fijamente con los ojos brillantes por las lágrimas.

—He dicho que lo sé —susurra Cameron—. Sé que no has sido tú, Brynn, pero necesito que te centres, porque Lexi ha convocado una rueda de prensa y tengo que saber lo que voy a decir.

—No te entiendo —Brynn está hecha un manojo de nervios.

Cameron la coge de la mano y la guía hacia el sofá, donde Brynn se sienta con el cuerpo inclinado hacia delante y los codos apoyados en las rodillas mientras la actriz se acomoda a su lado en la misma posición, mirando hacia ella.

—Según Lexi, tengo dos opciones: activar la demanda de nuevo o retirarla por completo —resume Cameron.

Brynn abre mucho los ojos, asustada, y Cameron la corta antes de que pueda preguntar.

—Voy a hacer lo segundo, Brynn, voy a retirar la demanda, pero necesito saber que me apoyarás, que no rebatirás nada de lo que digamos y que dejarás que Lexi te ayude con esta mierda.

La periodista la mira boquiabierta, tan quieta que Cameron piensa por un momento que está catatónica.

—Me merezco la demanda, Cam —asegura sin dejar de llorar—. Yo provoqué todo esto, es culpa mía, si no hubiera sido tan…

—Esto es culpa de las dos —la interrumpe la actriz, cogiéndole una mano—.

Puede que tú lo comenzaras, pero yo te seguí el juego en lugar de sentarme contigo desde el principio, así que deja de pensar en eso de una vez —Cameron le limpia las lágrimas con los pulgares y desliza las manos hacia atrás para sujetarla por la nuca, pegando su frente a la suya—.

Deja de llorar, cariño, lo arreglaré —susurra, y Brynn suelta un hipido e intenta sonreír mientras asiente.

—Vale, sí, ya paro —dice, y la voz le suena como si estuviera detrás de un cristal.

—Bien —dice Cameron, inclinándose un poco para darle un beso suave en los labios que le sabe a sal.

Brynn suspira con fuerza cuando la actriz se aparta y busca su mano hasta que puede entrelazar los dedos con ella.

—Rita me ha despedido —explica, pasándose la otra mano por la cara para secarse las mejillas.

—Lo sé, he ido a la redacción y un tal James me lo ha contado, pero no la necesitas, ni a ella ni a esa revista. Tú tienes tu blog, ¿recuerdas?

La periodista abre tanto los ojos que prácticamente puede sentir como se le secan las córneas.

—¿Qué quieres que haga? —pregunta al fin, como si se hubiera centrado de golpe, contagiada por la seguridad de Cameron, que parece un bloque de hormigón incapaz de romperse.

—Cuenta la verdad, tu verdad —enfatiza—, y yo contaré la mía. Procura tener el artículo listo antes de las doce y publicarlo a esa hora. ¿Crees que podrás hacerlo?

—Sí, sí que puedo —asegura Brynn sin dudarlo.

—Bien, pues hazlo y hablamos después —la actriz se levanta.

—Espera, Cam .

Brynn casi da un salto para ponerse de pie.

—¿Qué pasará después de esto? —pregunta inquieta.

—No lo sé, eso depende de lo que la gente decida creer.

La periodista se aparta hacia atrás un mechón de pelo que le cruza el rostro.

—No sé si es buena idea, si no sale bien, la que saldrá peor parada serás tú, costará mucho limpiar tu nombre si te acusan de manipulación o de…

—No es a mí a quien han despedido, Brynn, así que la que ha salido peor parada por ahora eres tú, pero lo arreglaremos, no te…

—¡Eso da igual, Cam! —se exalta la periodista—. Yo puedo dedicarme a otro tipo de periodismo, o escribir con un seudónimo, pero tú eres actriz, no puedes esconderte y si esto no sale bien…

—Si no sale bien me retiraré —suelta Cameron—. No es lo que tengo pensado todavía, pero no tienes ni idea de lo agotada que estoy, así que tampoco me hundiría si tengo que parar.

Brynn se queda mirándola mientras intenta adivinar si Cameron habla en serio o solo lo dice para animarla.

—Está bien —acepta, porque ha pasado el suficiente tiempo al lado de esta mujer como para saber que no podrá hacerla cambiar de opinión—. ¿Y qué hacemos después? Después de la rueda de prensa, me refiero.

—No lo sé, Brynn, y ahora no tengo tiempo para pensar en eso, tengo que irme.

Cameron se acerca y la besa y, por un momento, la mente de Brynn se queda en blanco y solo se centra en lo que siente su cuerpo con esos labios tiernos pegados a los suyos, pero después la actriz se separa y se marcha, y Brynn se queda aturdida, dividida entre lo que tiene que hacer y el temor de que las destruyan públicamente y Cameron termine culpándola de destrozarle la carrera.

Mueve la cabeza intentando sacudir ese pensamiento intrusivo, porque si Cameron estuviera enfadada con ella, no habría tratado de animarla, y mucho menos de protegerla.

Brynn corre hacia su mochila, saca el portátil y se sienta a la mesa dispuesta a contar su verdad, porque eso es lo único que Cameron le ha pedido que haga, y ella no piensa fallarle esta vez.