Portada falsa Capítulo 29
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Capítulo 29

Cameron bosteza y después se frota los ojos mientras entra en la cocina.

Se acaba de lavar la cara con agua fría y, aun así, siente que no se ha despejado ni un poco.

Ayer se acostó tarde: ella y Lexi estuvieron en Chicago acudiendo a varias reuniones para hablar de las condiciones de otra propuesta que tiene Cameron sobre la mesa, una que no se solapa con el papel queer que le han ofrecido y que todavía no ha aceptado.

El vuelo de vuelta salió con retraso y después se vieron envueltas en medio de un atasco enorme, por lo que se acostó cerca de las dos de la madrugada y se ha despertado más temprano de lo habitual por culpa de una tormenta con unos truenos tan fuertes que le ha sido imposible volver a dormirse.

Enciende la cafetera y va al salón a por el guion del papel queer , al que quiere echar un último vistazo antes de decidir lo que hace.

Lo deja sobre la isla de la cocina y se sienta sobre el mármol con las piernas desnudas porque no se ha vestido todavía, y el frío contra su piel la despeja y lo primero que recuerda es a Brynn en la cocina hace una semana, mirándola con esa expresión de deseo puro mientras se acercaba a ella y se arrodillaba entre sus piernas.

Cameron se escucha jadear cuando casi es capaz de reproducir lo que sentía, pero la cafetera pita por fin para anunciar que ha terminado y ella se impulsa para bajarse mientras mira de reojo la hora en el reloj de la pared, el cuadrado abstracto y espantoso que le regaló su madre y del que no se va a deshacer porque es supersticiosa con esas cosas, pero que ha decidido que cambiará cuando encuentre uno que le guste.

Son las siete y media. Sabe que Brynn ya está levantada y que debe ser ella la que la llame hoy porque es lo que acordaron anoche mientras hablaban por mensajes cuando ella volvía del aeropuerto.

La periodista debe estar de camino a la redacción si no ha llegado ya, y Cameron decide que la llamará dentro de una hora para darle tiempo a organizarse.

Esa es la dinámica que han establecido estos últimos siete días.

Solo se han visto una vez para un evento porque los demás días Cameron ha estado fuera de la ciudad por diferentes motivos, pero ahora se escriben cuando tienen huecos en el trabajo y Cameron la suele llamar por la noche antes de acostarse o por la mañana.

Se sirve el café y camina descalza hasta la isla, donde retira un taburete y se sienta, dando el primer sorbo mientras mira por la ventana y concluye que probablemente no va a salir el sol en todo el día, pero incluso esta imagen con el cielo en tonos anaranjados y verdes que se corta de forma constante por los rayos también le gusta; de hecho, la hipnotiza.

Se gira para dar otro sorbo a su café y se sobresalta cuando el timbre de su casa suena tres veces consecutivas con insistencia.

Cameron frunce el ceño y el pulso se le acelera, porque sabe que la única persona que llama de ese modo impertinente a su timbre es Lexi Moreno, y cuando llama con esa insistencia es porque está nerviosa, y Cameron contiene la respiración porque presiente que vuelven a tener otro lío monumental.

Baja del taburete y mira sobre el mármol de la cocina buscando su móvil, pero se lo debe haber dejado en la habitación, y por eso Lexi ahora está aquí, porque está segura de que le ha dejado mil mensajes y la ha llamado antes de venir.

Se acerca al interfono y la ve a través de la pantalla, esperando impaciente junto al guardia de seguridad del edificio, y pulsa el botón verde para autorizar la visita y que la dejen acceder al ascensor.

Por último, abre la puerta y la espera bajo el quicio, mirando hacia el pasillo vacío hasta que el aparato llega a su planta y Lexi sale a paso rápido y camina hasta su puerta.

—¿Por qué estás tan tranquila? —pregunta la publicista mientras suelta su bolso en la entrada y se gira hacia ella .

Cameron cierra la puerta y bosteza.

—¿Y por qué no te has vestido? —inquiere Lexi, señalando su cuerpo.

—Me acabo de despertar, ¿puedes dejar de hablar tan rápido? Me estás estresando.

Lexi resopla y la sigue hacia la cocina, donde Cameron va directamente al armario, coge una taza limpia y sirve un café para la publicista, que se sienta frente a ella al otro lado de la isla y enciende su tableta.

—Supongo que no has mirado tu móvil —deduce Lexi, con la mirada clavada en la pantalla.

Cameron suspira profundamente, intentando calmar sus pulsaciones porque ya sabe que lo que viene no es bueno.

—No, ¿por qué? ¿Qué ha pasado ahora?

—Marla Butler, eso ha pasado —responde Lexi, y a Cameron el corazón le da un vuelco cuando escucha el nombre de esa periodista que no ha dejado de hacer preguntas incómodas sobre su relación con Brynn cada vez que se han visto.

—¿Qué pasa con ella?

Lexi gira la tablet hacia Cameron y la desliza hacia ella. La actriz la coge y mira el artículo por encima, pero sus ojos se detienen en seco en el titular que, por un momento, la deja sin aliento.

Portada falsa: el contrato que Cameron Felton firmó para limpiar su imagen.

Debajo hay dos imágenes, una con parte del acuerdo y otra con las firmas de ella y Brynn pixeladas.

—¿Qué coño? —gruñe la actriz, parpadeando varias veces con incredulidad—. ¿De dónde lo ha sacado?

—No lo sé. La exclusiva lleva publicada desde las seis de la mañana y ya hay cientos de comentarios; en cuestión de horas, esto estará en las noticias de cualquier cadena del país y en todas las portadas de mañana.

—¿Qué se está diciendo? —pregunta Cameron, aturdida porque le cuesta asumir lo que está viendo.

—De todo —Lexi le quita la tablet y cambia de pestaña para volver a las redes—.

Algunos medios que ya se han hecho eco acusan a Brynn de manipulación mediática, de aprovechar su condición de periodista para construir una narrativa falsa.

Y tú tienes a la gente dividida por ahora.

Muchos te defienden y opinan que te viste obligada a hacerlo después del hashtag, y hay otros que dicen que usaste a una mujer y a todo el colectivo para recuperar tu imagen.

—Mierda —susurra Cameron, que se ha despertado de golpe.

Se levanta a por otro café y prepara una nueva cafetera porque tiene la sensación de que va a necesitar mucho líquido negro para soportar este día.

—Ya había un par de periodistas en la puerta cuando he llegado, Cam. Dentro de una hora habrá una decena y después…

—Lo sé.

—Ya he avisado al equipo de seguridad; los vas a necesitar en cuanto pongas un pie en la calle.

—Vale —Cameron se pasa una mano por el pelo y se echa la melena oscura hacia atrás antes de hacerse una coleta baja.

—Hemos de responder cuanto antes —opina Lexi—. Si no dices nada y permites que sigan imponiendo su versión de los hechos, acabarán haciéndote pedazos.

—¿Y qué coño digo?

—No lo sé, Cam, todavía no he podido contactar con Nico, pero llegadas a este punto, creo que solo tenemos dos opciones.

—¿Y cuáles son? —pregunta la actriz, clavando su mirada penetrante sobre su publicista.

—Una de ellas sería romper el contrato y reactivar la demanda contra Brynn; contra la revista ya no podemos ir porque quedaron protegidos con el acuerdo que firmamos: ellos cumplieron su parte y no es su problema que esto se haya filtrado.

—¿Y la otra opción?

—Retirar la demanda por completo. Si haces lo primero, puedo aprovechar lo que ya se dice sobre tus motivos para hacer esto y defender la postura de que no te quedó otra opción que hacerlo para limpiar tu imagen después de ese titular que te difamó —explica Lexi.

—¿Y si hago lo segundo?

La publicista bebe un sorbo de café antes de responder.

—Si haces lo segundo quedarás expuesta a lo que el público decida creer sobre ti y la historia en general, y eso puede ser un suicidio mediático, Cam.

Cameron se queda callada unos segundos, porque necesita un poco de silencio para aclararse. Mira por la ventana un momento; sigue lloviendo y los relámpagos rompen en el cielo de forma constante.

—Convoca una rueda de prensa —dice al fin—. Y averigua quién coño ha filtrado el contrato.

—¿Y si ha sido Brynn? —plantea Lexi, haciendo una mueca con los labios.

—No ha sido Brynn —la respuesta de Cameron es tan cortante que Lexi frunce el ceño.

—Eso no lo sabes; ni siquiera se lo has preguntado.

A lo mejor se ha cansado de esto y filtrarlo podría ser una táctica de su abogada para acabar con esta farsa y vender la versión de que nosotras y su propia revista la obligaron a hacerlo —Lexi hace una pausa para respirar, porque está tan nerviosa que le cuesta coger aire con normalidad—.

Si lo hace bien, la gente le creerá, Cam.

Será la pobre periodista que cometió un error y no la dejaron disculparse porque le metieron una demanda que le iba a arruinar la vida. Eso puede acabar con tu carrera.

—He dicho que no ha sido ella, Lexi, así que haz tu puto trabajo y busca en otra dirección —espeta Cameron, molesta.

—Entonces habla con ella antes de que meta la pata con alguna declaración inoportuna, que ya sabemos que esa chica es muy visceral.

Tienes tres horas —Lexi mira su reloj—. Voy a localizar a Nico y después convocaré la rueda de prensa para las doce, pero antes de irme, dime qué coño es lo que pasa entre tú y ella, porque una cosa es que os acostéis en los hoteles y otra que tú la defiendas de este modo.

Si estáis liadas de verdad… —la publicista resopla—.

Joder, Cam, nunca he trabajado con ningún artista que me dé tantos dolores de cabeza como tú, te lo juro.

—Creo que tu sueldo cubre perfectamente una buena dosis de analgésicos —suelta la actriz.

Lexi vuelve a resoplar.

—Te lo pregunto otra vez, ¿qué tienes con ella?

—No lo sé exactamente, pero sí sé que no voy a dejar que se hunda sola con esto, y por supuesto, no voy a reactivar la demanda. Habla con los abogados para que la retiren .

La publicista se masajea la frente.

—Como quieras, pero habla con ella y asegúrate de que cierra esa bocaza que tiene —Lexi llega hasta la puerta y se detiene antes de abrirla, mirando a Cameron —que sigue en bragas y camiseta— con expresión frustrada—. Supongo que no vas a decirme lo que dirás en la rueda de prensa, ¿verdad?

—Te lo diré cuando lo sepa.

—Dios mío —Lexi se santigua antes de salir.