Capítulo 28 #2
Brynn entorna los ojos un momento, con la frente un poco arrugada.
—¿Qué quieres decir? No lo entiendo, ¿me diste un número falso?
Cameron se gira, separa un poco las piernas y tira de Brynn para atraerla y tenerla muy cerca.
—No lo hice a propósito, pero sí, ese número no es el mío.
Las cejas de Brynn se levantan. Se siente confundida y no sabe muy bien qué preguntar.
—Me suelen pedir mucho el número de teléfono —explica Cameron—, sobre todo en eventos como aquel en el que nos conocimos, gente que apenas conozco y que lo único que tiene es interés en conseguir algo.
Al principio me estresaba mucho tener que dar excusas para no darlo, así que un día decidí inventarme un número y lo memoricé para que me saliera solo, sin tener que pensar.
—¿Y me diste ese número? No lo entiendo, yo no te lo pedí…
—Brynn —sonríe Cameron—, lo que intento explicarte es que me equivoqué aquella noche. Quería darte el mío, el real; de hecho, estaba convencida de haberlo hecho, pero estoy tan acostumbrada a dar el otro que supongo que los nervios de tenerte tan cerca me hicieron equivocarme.
—Por eso no me contestaste…
—Sí. Y te prometo que lo habría hecho de haberme llegado tu mensaje, así que lo siento —Cameron le arrastra un mechón de pelo húmedo y se lo coloca detrás de la oreja—, aunque escribir aquel artículo me parece un poco desproporcionado —añade, arqueando una ceja.
Las mejillas de Brynn comienzan a arder de nuevo.
—Lo sé, yo también lo siento por eso. Fui infantil, injusta y poco profesional.
Y siento mucho todo lo que pasó después, los demás artículos y el titular.
Pensaba que habías jugado conmigo aquella noche, que estabas aburrida y yo fui tu entretenimiento hasta que encontraste algo mejor, y que después me ignorases en aquella entrevista con esa frialdad y parsimonia tuyas me superó.
Cameron la mira y no sabe qué decir, porque la situación es tan absurda que no hay por donde cogerla.
—Yo también fui infantil —reconoce, y Brynn parpadea sorprendida—.
El día que me entrevistaste en el podcast pude haber hablado contigo, haberte preguntado por aquel maldito artículo y aclarado las cosas, pero me sentía como tú.
Pensé que para ti fui un juego, una anécdota divertida con la que reírte con tus amigos.
«La actriz soberbia que se piensa que puede seducir a cualquiera» —dice a modo de titular, haciendo sonreír a Brynn—.
Estaba rabiosa y te ignoré en lugar de sentarme a hablar contigo, y teniendo en cuenta que yo soy la adulta aquí, no dice mucho de mi capacidad para gestionar mi ego.
—Qué desastre —lamenta Brynn, colocando las manos en las piernas de Cameron.
—Sí, supongo que es una buena palabra para definir la situación —añade la actriz .
—Si hubiéramos hablado desde el principio no habría pasado nada de esto, pero a lo mejor no habríamos llegado hasta aquí.
Cameron ladea la cabeza, y vuelve a arrastrar el mismo mechón rebelde de Brynn por su frente hasta quitarlo de su cara.
—¿Llegar hasta dónde?
—A esto —Brynn señala entre las dos, nerviosa—, a mí en tu apartamento, en tu cama y desayunando contigo al día siguiente.
A lo mejor —elucubra pensativa—, si me hubieras dado el número bueno, solo habríamos intercambiado algunos mensajes y ya está.
Yo habría querido verte y tú me habrías dicho que tenía que esperar porque no tenías tiempo, y yo no habría esperado porque soy demasiado impaciente y todo habría quedado en nada.
Cameron la sigue mirando sin hablar, porque Brynn intenta llegar a algún sitio que ella no logra adivinar y no la quiere interrumpir.
—Sin todo lo que ha pasado, tu reputación no se habría visto cuestionada y no me habrías demandado, y sin esa demanda no habríamos llegado a este acuerdo que nos beneficiaba a las dos.
A ti porque acalla rumores y a mí porque no tengo ninguna posibilidad de hacer frente a esa demanda sin acabar en la ruina y sin carrera.
Brynn se interrumpe y coge la taza de café de Cameron para dar un sorbo y humedecerse la garganta, haciendo una mueca de asco porque está demasiado amargo para su gusto.
—Gracias a ese número falso y a todas las portadas falsas que hemos tenido que llenar, hemos llegado a esto…
—¿Y qué es esto, Brynn? —pregunta Cameron.
—Tú y yo pasando tiempo juntas sin quererlo, lo que ha hecho que nos conozcamos mejor y que yo ya no quiera pasar ese tiempo contigo porque esté fingiendo, sino porque me he enamorado de ti.
A Cameron le impresiona la confesión y la deja boquiabierta.
Es consciente de lo que pasa entre ellas, lo ha sido desde el principio porque las primeras veces Brynn la miraba furiosa, pero después empezó a hacerlo con deseo y por último notó que ese deseo se mezclaba con otra cosa en sus ojos, una que iba más allá de lo físico, pero no se esperaba que Brynn tuviera tan claros sus sentimientos.
—Supongamos que yo siento lo mismo —la actriz no aparta la mirada de ella—. ¿Qué hacemos?
Brynn se agarra con más fuerza a los muslos de Cameron.
No esperaba que la actriz le declarara su amor porque no sabe si sus sentimientos hacia ella son los mismos que los suyos, pero siendo Cameron Felton la persona que tiene delante —una mujer que cierra temas que no le interesan con una frase cortante que te deja sin palabras— lo que le acaba de decir es lo más parecido a una declaración de amor que Brynn puede esperar de ella; por eso, la cabeza le da vueltas y el corazón le late tan deprisa que le cuesta respirar.
—Eh… —susurra Cameron, colocando las manos a ambos lados de su cara—. Mírame, Mitchell.
Brynn parpadea, nerviosa, sintiendo calor en todas partes al mismo tiempo que un escalofrío le atraviesa la columna. Cameron tiene este efecto sobre ella: puede desarmarla por completo con una sola frase o una de sus miradas color miel.
—Estoy bien —Brynn intenta sonreír, pero los ojos se le humedecen y el pecho de Cameron se aprieta cuando recuerda la otra noche.
Le pasa los pulgares por las mejillas y arrastra la humedad hacia los lados un par de veces mientras Brynn consigue controlar su respiración.
—¿Qué quieres hacer? —le pregunta Cameron otra vez.
—Dímelo tú, Cam —responde Brynn al fin—.
Tú eres el personaje público y la mujer que no está dispuesta a exponer su vida privada.
Ya te he dicho que estoy enamorada de ti, así que haré lo que decidas.
Si quieres acabar con esto lo entenderé, y si quieres seguir con lo que sea que tenemos, aceptaré tus condiciones.
Cameron se queda callada un momento, porque ella no ha pensado más allá del contrato.
No se ha planteado lo que puede pasar después, lo que implica para ella lo que tiene con esta periodista impulsiva y bocazas, pero sí que sabe que no quiere que se acabe, que no quiere dejar de ver a Brynn cuando Lexi decida que ya no necesitan seguir fingiendo, porque ella hace semanas que no lo hace.
—No quiero acabar con esto, y tampoco quiero condiciones, aunque no sé cómo hacerlo después; quizá podemos pensar en eso cuando llegue el momento. ¿Te parece bien así? —pregunta la actriz .
Los labios de Brynn se curvan y su expresión se ilumina porque a ella le parece bien de cualquier modo mientras Cameron no la aleje de ella.
—Sí, estoy de acuerdo, y prometo no volver a escribir artículos horribles sobre ti si nos enfadamos.
—Qué detalle —ironiza Cameron.
—Te juro que sé comportarme —susurra Brynn contra su boca.