Portada falsa Capítulo 27
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Capítulo 27

James está contándole algo sobre un fotógrafo al que conoció la semana pasada cuando el teléfono de Brynn suena sobre la mesa y ve el nombre de Lexi en la pantalla.

—Tengo que contestar —le dice a su amigo, echándose hacia atrás en la silla y bajando la voz al saludar a la publicista.

La conversación dura apenas dos minutos en los que es Lexi la que habla, explicando que tienen un evento de última hora esa misma noche, donde deben acudir a la entrada de unos cines y dejarse fotografiar junto al enorme cartel de la película de Cameron que se estrenará en unas semanas.

—Siento avisar con tan poco tiempo, pero es un acuerdo de publicidad que ha cerrado la productora de la película, no ha sido cosa mía —se disculpa Lexi.

Brynn asiente para sí, sin decirle que no es eso lo que le molesta; ella está irritada porque ha pasado una semana desde que bajaron del avión y no ha sabido nada de Cameron.

—Vístete con ropa informal, queremos mostrar una imagen de pareja cercana; el coche de Cameron te recogerá en un par de horas.

—De acuerdo —responde Brynn.

Cuando cuelga, deja el teléfono sobre la mesa y suelta un resoplido de frustración que no puede controlar.

—¿Qué pasa? —pregunta James, preocupado .

—Nada, que tengo que irme antes de lo que pensaba. Era la publicista de Cameron, tenemos un evento de última hora esta noche.

—¿Y no te apetece? —pregunta su amigo, intentando comprender por qué tiene esa cara de disgusto.

Brynn da un sorbo a su cerveza y juega con la etiqueta cuando la deja sobre la mesa.

—No es eso. Estoy un poco molesta con Cameron —explica, como si fuera una versión editada de lo que siente y no puede contar—.

El otro día discutimos y todavía no hemos tenido tiempo para hablar y poder arreglarlo, y ahora tengo que aparecer en ese evento sonriendo como si todo estuviera bien —se inventa, porque necesita desahogarse un poco.

—¿Y no está bien? Quiero decir, ¿fue muy fuerte la discusión? —indaga el cámara.

—No. Fue una tontería. Todo estará bien cuando hablemos, pero me molesta que no me haya llamado antes.

Ya está, lo ha soltado, pero se da cuenta de que no le sirve, porque a quien quiere decirle lo enfadada que está es a Cameron Felton y no a su amigo.

Brynn está muy agobiada con esto porque no deja de recordarle a aquel primer mensaje que Cameron nunca le respondió, y Brynn se pregunta si la actriz está jugando con ella, si lo que pasó en el hotel solo fue un desahogo que necesitaba y del que ya se ha olvidado.

El coche de Cameron aparece puntual en la puerta de su edificio y, cuando Brynn abre la puerta y entra en el vehículo, se da cuenta de que Lexi no está; solo está la actriz y el chófer tiene subido el cristal de separación que las deja completamente aisladas.

—Hola —dice Brynn con un tono cortante más propio de Cameron que suyo, y se sienta en el lado opuesto del asiento, dejando la parte central vacía.

—Hola —responde Cameron y, en cuanto el chófer pone el coche en marcha, Brynn no se contiene y se gira hacia ella.

—No me llamaste —le reprocha—. Dijiste que lo harías, pero no lo has hecho.

Cameron la mira y se toca la parte trasera del cuello; es entonces cuando Brynn se fija bien en ella.

No lleva la melena suelta como en la mayoría de eventos, la lleva recogida en un moño alto y perfecto del que escapa algún mechón, y viste unos vaqueros ajustados junto a una camisa y una blazer.

Informal, recuerda, y le parece tan atractiva como con uno de los trajes o vestidos que suele utilizar.

—Ahora no es el momento de hablar de esto, Mitchell. Tenemos que…

—¿Ahora soy Mitchell? —la corta Brynn.

Cameron arquea una ceja y sus labios se curvan un poco hacia arriba mientras mira el espacio entre ellas y, finalmente, da una palmada sobre él mientras la mira sin parpadear.

—Ven aquí —ordena con una autoridad que deja a Brynn desconcertada y muy caliente.

La periodista aprieta la mandíbula y resopla, porque le molesta ser incapaz de negarse a pesar de estar enfadada, y se desplaza por el asiento hasta que la distancia que había entre ellas desaparece y su pierna roza la de Cameron.

—He tenido una semana de mierda, Brynn —explica Cameron, pronunciando su nombre en lugar de su apellido solo para complacerla—. Ocupada cada puto día sin un hueco para respirar. Quiero que hablemos con calma de lo que pasó, no en diez minutos porque después tengo que salir corriendo a otro sitio.

—Podrías haberme enviado un mensaje para decirme eso.

Cameron se muerde el interior de la mejilla mientras asiente tras pensar unos segundos.

—Tienes razón, perdona.

Su tono es suave, y Brynn de repente se siente hipnotizada.

—Ahora relaja la expresión y sonríe; cuando bajemos del coche no puedes tener esa cara —pide la actriz con la seguridad de haber resuelto el problema.

Brynn frunce el ceño.

—No puedo sonreír ahora mismo —dice molesta—. Yo no tengo esa capacidad tuya para poner la expresión que necesitas cuando te apetece.

Cameron, lejos de molestarse, sonríe, otra sonrisa torcida y traviesa que hace que el estómago de Brynn dé un vuelco. Se gira hacia la periodista, le pone una mano en la mandíbula y pega su frente a la de ella hasta que sus narices casi se tocan .

—Claro que puedes —susurra, sin borrar esa sonrisa petulante de sus labios.

Brynn empieza a temblar de puro deseo, y odia que su cuerpo reaccione así cada vez que esta mujer se acerca a ella y le habla con esa seguridad arrogante que a veces odia, pero que siempre la deshace.

—No pienso sonreír —protesta Brynn, sintiéndose infantil por hacerlo.

—Claro que lo harás —asegura Cameron contra sus labios—.

Vas a sonreír ahora porque yo te lo estoy pidiendo —sigue la actriz, con ese tono bajo que eriza la piel de la periodista por todas partes—.

Lo harás porque me gusta esa línea que se dibuja a los lados de tu boca cuando estiras esos labios que se hinchan cuando te beso, y lo harás porque la cara se te ilumina cuando sonríes y porque a mí se me acelera el pulso cuando lo haces.

Le da un beso suave y se separa lo justo para mirarla.

—Vamos, Brynn —susurra melosa—. Sonríe para mí.

Brynn exhala y le sale una sonrisa torpe que intenta contener porque le molesta muchísimo estar cayendo en el embrujo de esta mujer, pero no lo consigue, y la sonrisa se le ensancha hasta que las líneas que Cameron ha descrito se dibujan a ambos lados de su boca y su expresión se ilumina haciendo que la actriz también sonría.

—Así, cariño —susurra Cameron, acercando sus labios otra vez—. Cuando sonríes eres todavía más bonita.

La besa de nuevo, y Brynn jadea contra su boca cuando siente la lengua de Cameron empujando la suya, pero se aparta cuando recuerda que no han sido las estilistas de Cameron quienes la han maquillado, lo ha hecho ella misma y su pintalabios no es tan bueno como el que ellas utilizan.

—Espera —pide nerviosa—. Si se me corre el pintalabios ahora apareceré en esas fotos hecha un desastre.

Cameron la mira y sonríe, y de inmediato le desliza un dedo por el labio inferior, despacio.

—Estás perfecta —asegura, y se sienta bien en el asiento, pero deja una mano sobre el muslo de Brynn.

La periodista la mira y se da cuenta de que su enfado ha desaparecido de golpe, de que Cameron ha logrado disipar su irritación solo susurrando unas palabras que le han calentado el pecho y dándole un par de besos que la han humedecido.

—¿Siempre utilizas tus encantos para esquivar los temas que no te gustan?

Cameron la mira, pero esta vez no sonríe ni le dice todas esas cosas que a Brynn le ha encantado escuchar.

—No huyo de nada, Brynn; solo digo que este no es el sitio para hablar de eso.

—¿Y cuál lo es? ¿Cuándo hablaremos? —pregunta impaciente, con el pulso todavía acelerado después de los susurros de la estrella de cine.

—Mañana tengo el día libre —Cameron mira por la ventana cuando el coche empieza a frenar porque están llegando—. Vente conmigo a mi apartamento esta noche, cuando acabemos con esto. Quédate a dormir y mañana aclaramos todo lo que haya que aclarar. ¿Te parece bien así?

Brynn traga saliva y de pronto se siente calmada de un modo que no entiende. Ella también se acomoda en el asiento y coge la mano de Cameron mientras el chófer aparca el coche delante del cine.

—De acuerdo —acepta, exhala despacio y después sonríe pensando en que va a pasar otra noche con Cameron Felton, solo que esta vez será en su casa y mañana no habrá nadie que llame a la puerta para interrumpirlas.

—Vamos —dice Cameron cuando el chófer le abre la puerta—. Acabemos con esto para que podamos irnos pronto.