Portada falsa Capítulo 26
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Capítulo 26

Las entrevistas están pactadas para hacerse durante el vuelo, dos periodistas distintos con cuarenta minutos cada uno, y cuando el avión despega Brynn ya sabe que durante las horas que dura el trayecto no va a tener tiempo para hablar con Cameron de lo que ha pasado entre ellas.

Se sienta a su lado en el sofá de la suite mientras el primero de los periodistas instala la grabadora sobre la mesita y repasa sus notas.

Cameron se sienta con las piernas cruzadas y la espalda contra el asiento, mostrándose tranquila e imperturbable como siempre, pero por dentro arde de ansiedad porque ahora no le apetece responder a las preguntas de ningún desconocido; lo que le apetece es estar a solas con Brynn y preguntarle cómo se encuentra, porque, aunque esta mañana la periodista parecía muy tranquila, anoche lloraba durante el sexo.

Cameron sabe que eso es normal, ella misma ha llorado algunas veces después de un orgasmo porque las emociones se le desbordan y no puede con ellas, pero Brynn lloraba antes de él, también temblaba y, aunque Cameron tuvo muy claro en todo momento cuánto deseaba Brynn lo que hacían, quiere estar segura de que ahora está bien y que no se arrepiente de nada.

El periodista comienza con las entrevista y Cameron se pone en modo automático para responder mientras Brynn la escucha y la mira de vez en cuando.

Le gusta cómo habla, su forma suave de gesticular, las pequeñas sonrisas torcidas que suelta de vez en cuando y la forma de fruncir el ceño cuando la pregunta la hace pensar.

Brynn se fija en todo como si necesitara aprender lo que significa cada gesto que hace la actriz, pero se da cuenta —muy sorprendida— de que ya se los conoce todos de memoria, de que, en estos meses, ha prestado más atención de la que se pensaba.

Cameron suele tener las manos entrelazadas sobre el regazo cuando no quiere desconcentrarse, apretando sus dedos como si el gesto la ayudara a mantenerse en ese estado.

También se pasa la mano por la nuca cuando tiene calor, y Brynn ha llegado a esa conclusión porque, inmediatamente después de hacer ese gesto, tiene la costumbre de ahuecarse la camisa cogiéndola siempre por la zona abierta del cuello.

También sabe que cuando pasa mucho tiempo sentada, le duele la espalda baja y tiene que levantarse para estirar las piernas.

Ha descubierto que aprovecha cualquier momento para quitarse los zapatos y apoyar los pies en el suelo, que cuando salen de un evento y se meten en el coche, lo primero que hace es recogerse la espesa melena oscura en una cola baja o moño despeinado.

Que no se termina el café si se le enfría, que no come nada sin añadir un poco de sal primero, o que el vino blanco le encanta y repele el tinto.

Brynn suspira con brusquedad, porque sabe muchas cosas y no tiene claro si Cameron sabe alguna de ella, pero cuando la actriz escucha su respiración nerviosa, deja de hablar, se gira hacia ella y le pone una mano en la pierna que la sobresalta.

—¿Estás bien? —pregunta en un susurro, mirándola fijamente con esos ojos miel que Brynn vio completamente oscuros cuando sus pupilas se dilataron.

—Sí, perdona, es que estaba pensando en mis cosas y me he distraído; no quería interrumpirte.

—No pasa nada —Cameron le da un apretón en el muslo que provoca una sonrisa automática en los labios de Brynn, que sabe que está tan enamorada de esta mujer que siente que se morirá por dentro cuando todo acabe.

La actriz vuelve a la conversación con el periodista y Brynn la mira y cierra las piernas de golpe cuando su mente la lleva a recordar la ducha de esta mañana.

A ella no le gusta especialmente el sexo bajo el agua porque a veces traga sin querer y se atraganta, pero ellas no han tenido sexo dentro de la ducha, lo han tenido antes de entrar porque cuando Brynn se ha agachado para quitarle las bragas a Cameron, ha decidido que no quería levantarse y se ha puesto de rodillas.

Exhala de nuevo, pero esta vez es más contenido, y gira la cabeza hacia la ventana mientras su mente —que no la deja en paz ni un segundo— la lleva de vuelta a lo que pasó anoche.

La guía hasta el calor extremo que sentía cuando Cameron la tocaba, al temblor descontrolado de su propio cuerpo ante la necesidad que sentía de ser tocada, a la presión de la lengua de Cameron entre sus piernas y a la corriente que la atravesaba de forma continua como si estuviera encadenando un orgasmo tras otro.

Brynn se obliga a dejar de pensar y se gira cuando el primer periodista se levanta y sale de la habitación.

Cameron también se levanta y camina hasta el mueble bar para coger una botella de agua pequeña.

Se bebe la mitad y le ofrece el resto a Brynn, que la acepta encantada porque tiene la garganta seca.

—Oye, Cam… —dice, porque necesita saber que no se arrepiente de lo de anoche, pero la puerta se abre y Lexi deja pasar al segundo periodista.

Cuando al fin aterrizan, Brynn camina junto a la celebridad a través de la pista, dirigiéndose hacia los coches que las esperan allí para que la actriz no tenga que salir por la zona de pasajeros con el alboroto que eso conlleva siempre.

Al llegar, está el coche habitual de Cameron y un taxi para ella, porque la actriz tiene que continuar con su agenda y en esta ocasión no incluye a Brynn.

—Supongo que Lexi me llamará estos días para el siguiente evento —dice Brynn, cuando están frente a los vehículos que las llevarán en direcciones diferentes.

Es lo primero que se le ocurre, porque antes se despedía de Cameron con una frase cordial y la actriz le decía algo seco y se marchaba, pero ahora no sabe cómo hacerlo, porque para ella todo ha cambiado y no quiere que la noche que han pasado juntas se reduzca a una despedida fría que la deje con el corazón encogido.

Cameron se gira hacia ella y, sin que Brynn lo vea venir, le desliza una mano por detrás del cuello, despacio, apretando los dedos contra su nuca antes de atraerla hacia ella y besarla.

No es un beso largo, y desde luego no se parece a ninguno de los que se dieron anoche porque esos eran desesperados, pero es muy tierno.

Brynn siente primero la presión sobre los labios y después la humedad de la lengua de Cameron cuando presiona para abrir su boca y se la pasa por los dientes antes de apartarse un poco.

La periodista tiene el corazón en la garganta y la mente dando vueltas mientras intenta descifrar si Cameron lo ha hecho porque hay personal del aeropuerto mirándolas o si realmente deseaba hacerlo.

—Te llamaré yo antes —le susurra Cameron con la boca todavía muy cerca de la suya y la mano en su nuca—. Uno de estos días, para que hablemos.

Brynn parpadea y la boca le tiembla unos segundos cuando Cameron se aparta del todo, pero no sin antes deslizar sus dedos muy despacio por su cuello, en lo que Brynn interpreta como una caricia que nadie puede ver porque su pelo cubre la mano de la actriz, por lo que llega a la conclusión de que la ha hecho porque ha querido, no porque necesitara que alguien la viera.

—Vale —sonríe nerviosa, y Cameron se gira y se desliza en el asiento trasero de su coche.

La periodista se queda donde está, ni siquiera escucha lo que le dice Lexi antes de subirse por la otra puerta, porque ahora ya no le cabe duda de que el beso no era para los fotógrafos que está segura de que andan por ahí por orden de Lexi; el beso era solo para ellas, como todos los de anoche.

—¿La llevo? —le pregunta el taxista.

—Sí, gracias —responde Brynn, subiendo al vehículo sin poder borrar una sonrisa estúpida de sus labios, tocándoselos con los dedos como si los de Cameron todavía estuvieran ahí, presionando con suavidad sobre los suyos.