Portada falsa Capítulo 24
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Capítulo 24

Las siguientes horas transcurren para Brynn como si estuviera viviendo una vida que no es suya. Dos de ellas las pasa en una habitación donde un equipo de estilistas la maquillan y la visten mientras ella piensa en que a Cameron le están haciendo lo mismo en otra sala contigua.

—Necesito que te quedes quieta, Brynn —dice la maquilladora, sujetándole la barbilla.

—Sí, perdón.

Cuando al fin terminan y se mira en el espejo, siente que no se reconoce en esa mujer que aparenta estar entera cuando por dentro se está desmoronando.

Entonces entra Cameron por la puerta que comunica las dos habitaciones y Brynn la ve a través del espejo, donde la periodista se ha quedado petrificada mientras observa el vestido negro largo de la actriz, con un escote que deja ver mucho y a la vez no muestra nada que no deba, y la melena oscura suelta sobre los hombros, moviéndose sobre ellos mientras Cameron camina hacia ella y se coloca justo detrás, mirándola también a través del espejo.

Brynn siente la corriente entre ellas como si tuviera hormigas en la espalda, mientras la mirada de Cameron le deja muy claro que lo que ve le está gustando.

—¿Estás lista?

Brynn suelta una bocanada de aire y tarda unos segundos en responder.

—Sí —dice al fin .

Cameron se permite el descaro de mirarla de arriba abajo sin cortarse, y después deja que sus labios se curven un poco, haciendo que las rodillas de Brynn se aflojen.

—Bien —susurra Cameron, y se gira hacia la puerta como si la maldita tensión sexual que hay entre ellas no le afectara.

Brynn ha dicho que estaba lista, pero no lo está, porque cuando el coche se detiene, ellas bajan y los primeros flashes le dan en la cara mientras escucha su nombre mezclado con el de Cameron en boca de los periodistas, se siente muy abrumada por la magnitud del evento y se detiene en seco, sintiendo que caerá fulminada por la impresión que esto le produce.

Es en ese momento cuando siente la mano de Cameron coger la suya, y Brynn se la aprieta con tanta fuerza que la actriz se gira hacia ella y acerca los labios a su oído como si le susurrara algo cariñoso.

—Irá bien —asegura Cameron, con ese tono bajo y calmado que Brynn le ha escuchado alguna vez, pero que no tiene rastro de la frialdad que la mujer le suele añadir—.

Sonríe sin forzarte y, cuando paremos para las fotos, busca un punto fijo por encima de las cámaras. No las mires a ellas, mira por encima.

—Vale —contesta Brynn, pero sus dedos se aprietan más sobre la mano de la actriz.

Cameron la guía con una seguridad que podría parecer arrogancia, pero no es eso.

Brynn siente que es más parecido a aquel momento en el balcón del hotel, cuando ella apenas podía respirar por la ansiedad y Cameron la abrazó por detrás con esa capacidad suya de transmitir calma sin palabras.

La periodista se deja llevar, y en algún momento entre el tercer y el cuarto fotógrafo, deja de pensar en lo que está haciendo y simplemente lo hace.

Cuando posan juntas, Cameron le pone la mano en la cintura y Brynn apoya la suya en su brazo con una sonrisa que no le sale forzada, porque ahora siente que no actúa y que simplemente está con la persona con la que le gustaría estar haciendo algo que necesitan, pero que ya no le cuesta ni necesita fingir.

La noche se alarga y Brynn sigue las conversaciones sin esfuerzo porque lleva semanas aprendiendo a moverse por estos sitios, sujetando la misma copa toda la velada porque apenas la prueba, al igual que Cameron, que le dijo una vez que en los eventos era mejor tener la mente despejada para no meter la pata si algún periodista hacía alguna pregunta incómoda.

Brynn se acuerda de Marla Butler y la busca con la mirada, pero cuando está segura de que no está en el evento, respira aliviada y solo se centra en las miradas que Cameron le dedica de vez en cuando.

Una hora después, el coche las está llevando de vuelta al hotel.

Van en silencio; Cameron está mirando por la ventanilla, absorta, y Brynn mira sus propias manos, que han comenzado a temblar ante la idea de volver a compartir habitación con la actriz.

Esta vez no es como la anterior, ahora hay algo que ha cambiado entre ellas y, aunque no han hablado de ello, Brynn sabe que eso flota en el ambiente y que es imposible de ignorar.

Suben en el ascensor sin hablar, al igual que mientras caminan por el pasillo hasta que llegan a la puerta de la habitación. Es Brynn la que la abre y Cameron la que la cierra con un golpe seco antes de coger la mano de la periodista, tirando de ella hasta que sus labios chocan otra vez.

Brynn mentiría si dijera que esto la ha pillado por sorpresa, porque no ha sido así.

Sabía que iba a pasar en cuanto han entrado en el ascensor y ha escuchado el suspiro ansioso de Cameron.

Responde al beso, tan desesperado y ansioso como el que se dieron en el despacho, solo que aquí están solas, no hay nadie que pueda entrar si ellas no le abren y tienen una cama.

La espalda de la periodista impacta contra la puerta primero, después contra la pared cuando Cameron se desplaza sin dejar de besarla mientras las manos de Brynn se mueven desesperadas y una de ellas encuentra la cremallera del vestido de la actriz y la baja de un tirón.

—Quítatelo —susurra separándose un poco, tirando de los tirantes del vestido hacia abajo.

Cameron saca los pies y aparta el vestido de una patada que da con esos tacones de diez centímetros que todavía lleva puestos, junto con la ropa interior.

A Brynn la visión la embriaga y la vuelve a besar mientras se mueven hacia la cama.

Tropiezan con una de las maletas y Cameron se ríe y, cuando Brynn siente el apretón en el pecho ante ese sonido y la sensación de su aliento caliente contra su boca, comprende en ese momento que no está preparada para separarse de esta mujer.

Cameron la tumba sobre la cama y se toma su tiempo para quitarle el vestido, contemplando cada parte de su cuerpo como si necesitara memorizarla, o como si la hubiera imaginado y solo estuviera comprobando que todo es como lo había pensado.

Brynn tiembla cuando el vestido desaparece por completo. Su abdomen vibra de pura ansiedad y sus respiraciones temblorosas hacen que Cameron se apoye con las manos a cada lado de su cabeza y la mire desde arriba.

—¿Todo bien? —susurra, y a Brynn le empiezan a temblar también los labios cuando asiente.

—Quiero hacer esto —admite, mirando fijamente los ojos de Cameron—. Lo deseo mucho, llevo semanas esperando a que pase, y quince días ansiando que me besaras de nuevo.

Cameron se queda quieta un momento, porque jamás le han dicho nada así ni con la sinceridad con la que Brynn está hablando en un momento de vulnerabilidad como este.

No sabe qué responder, o sí que lo sabe y, aunque es consciente de que esto la expone y las deja en una posición que ya no tiene vuelta atrás, decide decirlo.

—Yo he querido besarte desde la noche que te conocí en el hotel.

La respuesta de Brynn es un jadeo tembloroso y sus ojos se humedecen, porque siente que han pasado demasiadas cosas estúpidas entre ellas cuando lo único que han querido desde el principio era esto.

—Pues hazlo ahora —pide, y pone una mano detrás de la cabeza de Cameron para atraerla hacia ella mientras sus ojos siguen húmedos y ella tiembla como una hoja.

Cameron lo hace, la besa con una calma que contrasta con la ansiedad temblorosa de Brynn y, mientras los besos se desplazan por el cuello de la periodista, Cameron le quita el sujetador y sigue bajando, repartiendo más besos por sus pechos y por sus costados, hasta que se detiene justo por encima del borde de su tanga para observar el temblor de su cuerpo antes de besarla por encima de la tela y después tirar de ella hacia abajo por sus piernas.

—Sube las rodillas —susurra la actriz mientras se sienta un momento y se recoge la melena con una goma que lleva en la muñeca.

Brynn, que nunca se ha sentido tan sobrepasada por lo que experimenta y por lo que siente, obedece, las dobla y las abre.

A Cameron se le seca la garganta y se queda unos segundos mirando, sintiendo que un calor insoportable le invade todo el cuerpo mientras se mueve de rodillas en la cama hasta quedar entre las piernas de Brynn.

—Espera —pide la periodista antes de que Cameron se incline—, quítate el sujetador, por favor.

Es el tono de Brynn lo que vacía los pulmones de Cameron en una exhalación.

Ha estado con muchas mujeres, pero ninguna la ha mirado así, con la cara empapada porque lo que siente la desborda.

Se lleva las manos a la espalda, desabrocha el cierre sin dejar de mirar a Brynn y desliza la prenda por sus brazos hasta que cae sobre la cama.

La periodista quiere levantarse y besarle los pechos, meterse sus pezones erguidos y pequeños en la boca, pero Cameron se mueve antes y se tumba con la cara entre sus piernas, apoyando los hombros contra la parte trasera de los muslos de Brynn mientras los sujeta con las manos y pasa la lengua por su abertura con una lentitud que hace que Brynn gima con fuerza.

Lo que sucede a partir de ahí a la periodista le cuesta describirlo, porque cada roce de la lengua de Cameron es un estallido de placer que la quema por dentro y la transporta a algún lugar en el que nunca ha estado.

Puede asegurar que no ha sentido esto jamás, y Brynn no puede quejarse de lo que otras mujeres le han hecho, pero no es solo lo que Cameron hace: es eso mezclado con lo que Brynn siente por ella lo que eleva este momento a algo que la hace rozar el cielo.

Cameron tiene que sujetarla con fuerza, porque Brynn tiembla de tal modo contra su boca que su pelvis se eleva con espasmos que la periodista no controla.

Sabe que se va a correr y quiere ralentizar el ritmo porque quiere seguir pegada a ella, bebiéndose su excitación y deleitándose con los sonidos continuos de su garganta, pero hacer eso sería un castigo para Brynn y Cameron lo sabe, porque nunca ha tenido a una mujer en su cama que reaccione a sus caricias de este modo desesperado que la está volviendo loca, así que sigue chupando y presionando con la lengua con el mismo ritmo hasta que las piernas de Brynn se cierran de golpe contra su cabeza y la periodista se deshace entre gemidos y espasmos que le atraviesan el cuerpo y se lo queman por dentro.

La actriz no se mueve de su sitio, manteniendo la presión mientras dura el orgasmo de la periodista y su deseo le empapa la barbilla y hace un pequeño charco en la sábana, porque Brynn literalmente se está deshaciendo contra su boca.

Cuando su cuerpo queda laxo, Cameron levanta la mirada y empieza a desplazarse por encima de ella hasta encontrarse la mirada brillante de Brynn, que de repente se desborda y lo que antes eran lágrimas que caían en silencio, ahora pasa a un nivel superior y su cuerpo se sacude en un primer sollozo que la hace girar la cara hacia un lado por vergüenza de no poder controlarse.

—No te escondas de mí, Brynn Mitchell —susurra Cameron, mientras la abraza y pega su cara a la de la periodista, que cierra sus brazos debilitados por el orgasmo alrededor de su espalda y deja que el llanto la libere de toda la presión que ha soportado en los últimos dos meses y medio.

Los sollozos van menguando lentamente y, aunque la respiración de Brynn sigue viéndose interrumpida por algunos suspiros repentinos que hacen convulsionar su pecho, se deja llevar por la necesidad de probar el cuerpo que tiene sobre ella, y gira lentamente para intercambiar sus posiciones y empezar a besar la mandíbula de Cameron.

—Brynn… —susurra Cameron, poniéndole las manos en la cara para levantarla y mirarla.

—Estoy bien —asegura con una sonrisa al mismo tiempo que se sorbe los mocos—. De verdad, estoy bien.

Cameron asiente, y no opone resistencia cuando Brynn le coge las dos manos, la hace subir los brazos por encima de su cabeza y vuelve a besarla mientras se las sujeta contra el colchón.

La periodista se toma su tiempo. Besa cada centímetro de piel que encuentra y se recrea con los pechos de Cameron mientras su otra mano se desplaza por su vientre hasta que llega a su pubis y ella abre las piernas, desesperada por sentirla.

—No bajes las manos —ordena Brynn cuando la suelta, poniéndose de rodillas sobre la cama con una de las piernas de Cameron entre las suyas.

La actriz no dice nada, pero no baja las manos y las deja sobre su cabeza como si la hubieran atado al cabecero de la cama.

Brynn permanece unos segundos contemplando su cuerpo antes de quitarle las bragas, pasar un dedo por su abertura —que hace suspirar con brusquedad a la actriz— y desplazar una mano abierta desde su abdomen hasta su cuello, donde la deja, y se inclina un poco sobre ella mientras su otra mano está cubriendo el sexo de Cameron.

—¿Está bien si dejo la mano aquí? —pregunta Brynn, presionando un poco la garganta de Cameron.

A la actriz le tiemblan los labios de deseo cuando los separa para contestar.

—Sí, está perfecto.

Brynn no necesita nada más; en cuanto Cameron responde, mantiene la presión contra su garganta y la penetra con dos dedos. El cuerpo de la actriz se tensa y sus ojos, que siempre tienen el color de la miel, ahora están completamente oscuros porque sus pupilas han cubierto el iris.

La periodista empieza un vaivén con los dedos que al principio es lento y suave, pero conforme la respiración de Cameron se va acelerando y jadea y se entrecorta cuando Brynn le aprieta un poco la garganta, empieza a acelerar el movimiento de sus dedos dentro de ella, marcando un ritmo rápido y constante que hace que Cameron se corra cuando se inclina y le muerde un pezón.

Las manos de Cameron se cierran sobre la que Brynn tiene en su garganta y la aprietan con fuerza mientras su cuerpo convulsiona y de su boca escapan una serie de gemidos roncos y desesperados que maravillan a Brynn.

El orgasmo le pasa por encima como una corriente, haciendo vibrar todo su cuerpo con un placer desconocido hasta que un último suspiro prolongado la deja sin fuerzas y sus manos caen a ambos lados de su cuerpo mientras Brynn sale de ella y empieza a repartir besos suaves por todo su pecho, hasta tumbarse a su lado y abrazarla mientras se recupera.

Cuando está más calmada, Cameron mira a Brynn, dispuesta a tener la conversación que necesitan, aunque no sabe muy bien cómo comenzarla, pero cuando ve la expresión serena de la periodista y el esfuerzo que hace por mantener los ojos abiertos, solo le aparta un mechón de pelo de la frente, tira de la sábana hacia arriba para cubrirlas a ambas y se gira hacia ella antes de cerrar los ojos.