Capítulo 23
Brynn ha volado muchas veces, pero nunca en primera clase con una suite a puerta cerrada.
Llevan diez minutos sentadas en esos asientos donde podría dormir mejor que en su cama y todavía está impresionada, pero cuando el avión despega y ella empieza a mirar por la ventana, su mente vuelve a lo mismo de las últimas dos semanas.
No había vuelto a ver a Cameron desde el día del beso, y ahora, catorce días después, cuando un taxi la ha llevado al aeropuerto y se han encontrado en una sala VIP, se han saludado como si aquello no hubiera sucedido.
Cameron estaba hablando por teléfono cuando ella ha entrado y, mientras Brynn saludaba a Lexi, ha visto cómo la actriz se giraba hacia ella y cómo esos ojos que parecen oro derretido se posaban sobre su cuerpo llenándola de calor, pero después se ha girado hacia la ventana y ha seguido hablando con su hermana Audrey, la única de su familia con la que Cameron mantiene contacto ahora.
Después ha colgado y se ha acercado a ella, que estaba al lado de Lexi bebiendo agua de una botella para intentar hidratar su garganta —seca después de ver a Cameron con ese traje blanco— y la ha saludado con esa sequedad suya que tiene para todo.
—Mitchell…
—Felton —ha respondido Brynn, y eso ha sido todo. De inmediato las han ido a buscar para embarcar y ahora está ahí, sentada al lado de Cameron, que ojea el guion de un nuevo personaje que le han propuesto como si hace dos semanas no se hubieran devorado la boca.
Mientras mira por la ventana, no deja de pensar en todo lo que lleva percibiendo estos últimos días, en los que siente que se ha convertido en una mujer que se mueve por inercia y que su cerebro solo sirve para traicionarla y llevarla a ese momento una y otra vez.
Ha tenido una discusión con Rita por su falta de atención en las reuniones, pero Brynn no es capaz de centrarse más de diez minutos seguidos en algo sin volver a ese despacho pequeño y polvoriento que ahora se ha convertido en su zona favorita de la redacción.
Ha intentado concentrarse en lo que tenía que hacer, pero lo que siempre acaba viendo es la mano de Cameron colocándose en su nuca y la presión de sus labios contra su boca.
Lo ha intentado en el metro de camino al trabajo, con los auriculares puestos y la música tan alta que debería impedir que su cerebro hiciera otra cosa, y no ha servido de nada.
En su casa también trata de olvidarlo en la ducha, uno de los lugares más inapropiados para pensar en Cameron Felton, y por las noches en su cama, donde la mayoría de ellas acaba colapsando, dejando que su mano baje por su vientre y se cuele por debajo de su ropa interior mientras recuerda el sonido que hizo Cameron cuando ella le mordió el labio: un gruñido bajo que mezclaba placer y dolor, una melodía que se repite en su cabeza como si fuera música celestial.
También recuerda los dedos de la actriz en su cabeza, deshaciendo su moño mientras su otra mano permanecía cubriendo su cuello con una presión suave que solo estaba pensada para dominar y mantenerla en su sitio, pero que a ella le quitaba el aire solo por la sensación de sentirla ahí.
Sin embargo, es la imagen de Cameron cuando se separaron, con los labios hinchados y la respiración entrecortada, la que hace que llegue al orgasmo.
Catorce noches así. Brynn no recuerda haberse masturbado con tanta frecuencia en toda su vida.
Cameron lee el guion, pero no consigue meterse en el papel porque para eso necesita concentración, y con Brynn a su lado le resulta imposible.
La va mirando de reojo cada pocos segundos y solo puede preguntarse en qué piensa la periodista mientras mira por la ventana, con la mano derecha aferrada con tanta fuerza al reposabrazos que las separa que Cameron ve la línea de los músculos de su antebrazo.
No sabe en qué piensa Brynn, pero sí sabe en qué piensa ella: además de en ese beso y en las ganas que tiene de repetirlo, piensa en que tiene un caos en la cabeza, en que le gusta esta mujer que puso su vida patas arriba con una sola frase y con la que tiene una conversación pendiente porque todavía no han terminado la que comenzaron antes de que Lexi las interrumpiera, cuando Brynn le dijo que sí le había escrito y ella aseguró que no lo había recibido.
Cameron piensa mucho en eso estos días —además de en la boca de Brynn y en esos gemidos que lanzó contra sus labios— y le da vueltas a la idea de haberse equivocado, de haberle dado a Brynn el número inventado y no el real, aunque ella estaba segura en aquel momento de haberle dado el correcto, pero no puede saberlo hasta que lo hablen.
Una pequeña turbulencia hace vibrar el avión y Brynn se sobresalta.
—¿Estás bien? —pregunta Cameron.
La periodista se gira hacia ella y asiente, esbozando una sonrisa suave que Cameron siente como una corriente agradable que le recorre todo el cuerpo.
—Sí, me van las emociones fuertes —bromea Brynn, intentando hablar de algo que permita descansar a su mente de ese pensamiento constante que parece ser el único habitante de su cabeza.
Cameron arquea una ceja y deja el guion sobre sus piernas.
—Ah, ¿sí? —pregunta, y su tono sale bajo, cargado de curiosidad, y también de otra cosa llamada provocación que humedece a Brynn más de lo que estaba.
—Bueno, sí… —la periodista se detiene porque su cerebro ha dejado de funcionar ante la mirada entornada de la actriz.
—¿Qué es una emoción fuerte para ti, Mitchell?
De repente, a Brynn se le ocurren muchas cosas, y todas tienen que ver con ella y Cameron en ese avión; en concreto, con Brynn subida a horcajadas sobre la actriz, devorando su boca mientras el avión vibra con esas turbulencias que no soporta, pero que podrían ser muy interesantes en una situación así.
—No creo que quieras saberlo —responde sofocada.
—Te aseguro que quiero —la voz de la actriz sale ligeramente áspera mientras mantiene la mirada fija en los labios de Brynn .
—Quizá tendría que hacer ciertos movimientos para que lo entendieras…
—¿Y qué te lo impide?
Brynn no puede soportarlo más y, cuando empieza a levantar el reposabrazos para acercarse a ella, alguien golpea la puerta y de inmediato esta se abre y entra Lexi.
—¿Tenéis diez minutos para que hablemos del evento de esta noche?
La periodista la mira y no dice nada, porque siente el cuerpo entumecido de golpe, mientras que su lengua se ha convertido en un trozo de cartón.
—¿Te irás si te digo que no? —suelta Cameron, y Brynn se gira hacia ella de golpe, perpleja.
—La verdad es que no —responde Lexi, y se sienta en el pequeño sofá que hay en la suite—. Es un evento de alfombra roja, Brynn, eso significa muchos flashes, periodistas gritando para captar vuestra atención y trescientas personas moviéndose en un espacio muy reducido, ¿estás lista para eso?
—No hay problema —asegura Brynn, y Cameron ve cómo de nuevo se tensan los músculos de su cuerpo cuando vuelve a agarrar el reposabrazos.