Capítulo 22
—Necesito que hagas algo diferente esta semana —pide Lexi cuando Cameron contesta su llamada.
La actriz mira el reloj, apenas son las ocho de la mañana, hace una hora que se ha levantado y todavía no se siente lo suficientemente despierta como para hablar con nadie.
No está descansando bien últimamente, y eso le molesta porque le gusta que ahora no está en ningún rodaje, y las pocas semanas libres que pasa entre uno y otro son las que suele aprovechar para que su cuerpo se relaje y su mente se desconecte.
—Los eventos funcionan y las fotos de la sesión siguen circulando, pero necesitamos más situaciones cotidianas como cuando fuiste a casa de tus padres a comer.
Cameron se tensa cuando piensa en ese día, pero lo aparta de su mente de inmediato.
—¿Y qué situaciones son esas? —pregunta con ironía, apoyándose en el mármol de la cocina mientras espera a que el café termine de hacerse.
—Por ejemplo, recoger a Brynn en su trabajo cuando acabe el turno. Una cosa así no la organiza ningún equipo de prensa, la captura alguien con un teléfono que te reconoce y la sube a sus redes, y eso vale diez veces más que cualquier sesión de fotos porque es real y no fingido.
La actriz se da la vuelta cuando la cafetera pita y coge la jarra para rellenar su taza.
—¿A qué hora termina? —pregunta, y se siente incómoda fingiendo así con Lexi, a la que considera una amiga.
Ella sabe perfectamente la hora a la que Brynn suele salir, pero tiene la sensación de que si no lo pregunta, Lexi lo interpretará como algo que tiene ganas de hacer, y ella todavía necesita que piense que siente desinterés por cualquier cosa relacionada con la vida de Brynn Mitchell.
—A las seis. El chófer ya tiene la dirección, te recogerá a las cinco —responde Lexi como si nada.
—Joder, pensaba que era una propuesta, no que ya lo tenías todo planificado —protesta, apretando el teléfono con fuerza.
—Ya me conoces, soy eficaz hasta la médula. Hablamos después.
Lexi cuelga y Cameron suspira resignada.
A las seis menos diez, la actriz se baja del coche y sube en el ascensor hasta la planta donde se encuentra la redacción de la revista Pulsos.
La primera sensación que tiene es la de que el sitio parece pequeño; la segunda, que es más caótico de lo que se imaginaba, con mesas llenas de papeles, vasos de café por todas partes, muchas pantallas, gente que habla por teléfono o entre ellos y dos pizarras enormes llenas de cosas escritas con rotuladores de colores y pósits pegados por todas partes.
Por un momento, se siente abrumada. No es que ella sea la reina del orden, y los sets de rodaje también son muy caóticos, pero allí suele haber silencio cuando se empieza a rodar, y aquí el ruido parece no apagarse nunca.
No tarda en localizar a Brynn en una de las mesas del fondo.
Está concentrada en la pantalla, con ese pelo lleno de mechones cobrizos recogido en un moño que ya está empezando a deshacerse y un bolígrafo entre los dientes.
Lleva una camiseta de manga corta de color blanco y por la parte baja de la mesa ve el final de sus piernas, con unos vaqueros y unas zapatillas tipo Converse.
Es la imagen de la Brynn informal, la periodista en su día a día que Cameron ya ha visto alguna vez.
Está muy alejada de la mujer con vestidos elegidos por su estilista y maquillada para resaltar sus facciones mientras sonríe a la cámara.
Y, sin embargo, siente un tirón fuerte en el estómago con esta versión de ella, la natural, la de Brynn trabajando completamente centrada en lo que sea que escribe, y ese tirón la deja paralizada un segundo, porque después siente un pellizco por el vientre y una pequeña explosión de excitación que se parece mucho a la que sintió cuando los dedos de la periodista le rozaron la espalda al bajarle la cremallera del vestido.
También se parece a lo que sintió después, cuando el vestido cayó al suelo y ella quedó expuesta sabiendo que Brynn la miraba.
Está pensando en eso cuando la periodista —al igual que todos en la redacción— levanta la mirada y la ve.
Durante un segundo, Brynn frunce el ceño porque parece desconcertada con su presencia, pero de inmediato ese gesto de confusión se transforma en una sonrisa espontánea y amplia que no se parece en absoluto a la que fuerza en los eventos.
Esta es auténtica, nacida de las entrañas, y apenas dura un par de segundos antes de que Brynn la controle y se levante de su mesa casi tropezando para salir a su encuentro, pero durante esa breve extensión de tiempo, Cameron vuelve a sentir ese tirón en el estómago, solo que este se lo gira del todo y la hace contener el aire mientras su corazón da brincos dentro de su pecho.
—No te esperaba aquí —dice Brynn cuando llega frente a ella.
—Lo sé, cosas de Lexi, ya sabes —se excusa Cameron, y hace lo que sabe que tiene que hacer: se acerca, le pone una mano en la cintura y le da un beso en los labios.
Cameron lo tiene todo calculado cuando sus labios se rozan, prolongarlo un par de segundos para asegurarse de que las vea el mayor número posible de gente, pero lo que no tiene controlado es que Brynn le devuelva el beso sin dudar, y que en el momento en que sus bocas se unen, la lengua de la chica le roce el labio inferior del mismo modo que ella rozó el suyo en aquella cena.
Siente la presión y la humedad y, por un momento, se olvida de dónde están, del contrato y de que debería odiar a Brynn Mitchell, porque el cosquilleo que comienza en sus labios le recorre el cuerpo entero y acaba entre sus piernas, donde ya siente una humedad importante que no debería haber aparecido en ningún momento.
Se separa y se concentra en controlar su respiración para que Brynn no note lo que acaba de sentir, pero le cuesta tanto que acaba exhalando con brusquedad y cogiendo aire como si todo el que hay en la redacción no fuera suficiente.
Entonces enfoca a Brynn, que permanece frente a ella mirándola fijamente con los labios húmedos y expresión satisfecha.
Cameron levanta una ceja, impresionada, y sonríe y vuelve a coger a Brynn por la cintura.
—Estás mejorando mucho tus actuaciones —le susurra, y la periodista se estremece, pero también se esfuerza por ocultarlo y se encoge de hombros.
—Aprendo rápido.
—Ya veo —murmura Cameron, y el cosquilleo se reanuda por su vientre cuando Brynn, de forma involuntaria, se toca los labios con los dedos.
Se quedan mirándose unos instantes en los que no dicen nada, y cuando Cameron ve que Brynn traga saliva y sus pupilas se dilatan, es incapaz de quedarse ahí ni un segundo más.
—¿Hay algún sitio aquí donde podamos hablar en privado?
Brynn parpadea, como si acabara de volver de algún lugar muy lejano.
No le dice nada, solo la coge de la mano y la guía por el pasillo.
La piel de Brynn arde, pero Cameron solo se concentra en lo suave que le parece, en lo bien que encajan sus dedos y en lo cómoda que extrañamente se siente caminando así junto a ella sin que haya cámaras grabando o flashes cegándolas.
Llegan a la puerta de un despacho que Brynn abre sin llamar porque no funciona como tal.
El espacio es tan pequeño que, en lugar de ser el puesto de trabajo de alguien, se ha convertido en una especie de trastero donde todo el mundo va metiendo cosas que ya no hacen falta sin ningún tipo de orden.
Hay una mesa pequeña junto a la ventana en cuya superficie hay cuatro ordenadores que, o bien no funcionan, o se han quedado obsoletos.
La estantería que hay al lado izquierdo está repleta de cajas, teclados, carpetas e incluso alguna taza de café que ha acabado ahí cuando su dueño no la ha reclamado.
Brynn se gira hacia la actriz con gesto interrogante, lista para escuchar lo que tenga que contarle del siguiente evento donde es evidente que se verán, pero Cameron cierra la puerta y, cuando se gira hacia Brynn, le coloca las dos manos por debajo de la mandíbula y la besa.
No tiene nada que ver con lo que ha pasado hace un par de minutos, aquí no hay espectadores ni necesidad de hacer esto, pero Cameron la devora con una desesperación que no controla y, cuando desliza una mano hasta la nuca de Brynn y puede ejercer más presión, su lengua se abre paso entre los dientes de la periodista y se estrella contra la de Brynn, que se queda quieta tan solo medio segundo, el tiempo que necesita para reaccionar y devolverle el beso con una intensidad que la actriz no se esperaba.
Brynn jadea contra su boca y después emite un sonido grave que Cameron se traga, pero que de no haberlo hecho habría sonado como un gemido desesperado.
Las manos de la chica se agarran a la cintura de la actriz y después mueve una hasta su hombro y la desliza por su cuello.
Cameron responde hundiendo una de las suyas en el moño de Brynn, abriendo la pinza que lo sujeta, dejándola caer al suelo y enredando los dedos en su pelo.
Se separan medio centímetro, lo justo para coger aire y que Brynn vuelva a gemir, pero esta vez Cameron lo escucha, y siente una ola de calor que le empieza por el pecho y acaba muy abajo.
Sus bocas se pegan de nuevo y Brynn le muerde el labio inferior, porque hay tanta tensión acumulada dentro de ella que necesita sacarla por algún sitio.
Aprieta fuerte al principio y afloja después, y Cameron siente tal estallido de deseo que suelta un gruñido que es una mezcla de dolor y placer.
Se aparta de ella un momento, todavía con una mano en su cabeza y la otra cubriendo por completo el cuello de Brynn, y se miran unos segundos sabiendo que, si no se controlan, se les irá de las manos.
—Cam… —jadea Brynn, con la mirada completamente oscurecida.
Cameron le pasa un dedo por los labios y tira del inferior hacia abajo mientras lo mira tan de cerca que está respirando el aliento de Brynn.
La periodista exhala otro jadeo y, cuando empieza a subir una de sus manos por el abdomen de Cameron, se escuchan unas voces en el pasillo que las hacen apartarse.
Brynn está tan aturdida que pega la espalda a la estantería y se queda quieta, mirando a la actriz mientras esta se pasa una mano por el pelo y se gira hacia la ventana, dejando que su vista se pierda en ese horrendo patio interior mientras intenta recomponerse.
—Abre la puerta, Brynn —susurra, cuando las voces en el pasillo se alejan.
Con la mano temblorosa, Brynn obedece, y cuando Cameron se gira, las dos se miran un momento y apartan la mirada de inmediato porque sienten que, si siguen viendo el deseo en el rostro de la otra, acabarán en todos los titulares por escándalo público.
—Lexi ha dicho que viniera a buscarte, que sería bueno volver a hacer algo cotidiano —explica Cameron mientras sus pulsaciones empiezan a normalizarse.
—Claro, sí, tiene razón —concuerda Brynn, que todavía no consigue pensar con claridad, con el corazón en la garganta y la sangre entre las piernas.
—Si ya has acabado, quizá podríamos tomar algo en alguna cafetería cercana —sigue Cameron, intentando poner normalidad en un momento que la tiene completamente descolocada.
—Sí, dame un minuto, recojo mis cosas y salimos. ¿Me esperas junto al ascensor? —pregunta Brynn, que ya está saliendo del pequeño despacho.
—De acuerdo.
Brynn sale corriendo hacia la zona de las mesas, y Cameron la ve alejarse sin saber si corre para no hacerla esperar o porque necesita huir de ella unos instantes.
Cinco minutos después, salen del edificio y caminan un par de manzanas hasta la cafetería que Brynn ha elegido, seguidas por un guardaespaldas de dos metros que forma parte del equipo de seguridad de Cameron, junto a una mujer vestida de ejecutiva que finge hablar por teléfono y prácticamente está pegada a la espalda de la actriz.
Cuando entran, se sientan una frente a la otra y piden un café.
Cameron firma un autógrafo a dos chicas que había en el interior y sonríe para la foto que se hace junto a ellas y, cuando se van, se miran durante un momento y Cameron se da cuenta de que los labios de la periodista están hinchados y rojos tras el beso.
Brynn saca el primer tema que se le ocurre porque no soporta el silencio —algo sobre un libro que James le ha recomendado— y empiezan a hablar de todo menos de lo más importante: el beso que acaban de darse sin que hubiera una razón para hacerlo.