Portada falsa Capítulo 21
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Capítulo 21

Han pasado tres días desde la noche en el hotel, donde Brynn apenas pudo pegar ojo sabiendo que esa mujer estaba a su lado, que solo tenía que estirar un poco el brazo para tocarla.

Se sentía tan tentada que apenas podía respirar mientras el silencio la aplastaba, porque Cameron estaba tan quieta que Brynn llegó a preguntarse si estaba viva, ni siquiera la escuchaba respirar, como si la actriz estuviera reteniendo el aire en los pulmones.

Desde esa noche se siente como un zombi, le cuesta mucho conciliar el sueño y, cuando lo hace, se despierta sobresaltada porque sueña con la espalda desnuda de Cameron, la mayor provocación a la que Brynn se ha sometido en su vida.

Cuando el vestido se deslizó hasta el suelo y vio esa figura imponente caminar en ropa interior hacia el baño, sintió que el cuerpo entero le temblaba, la boca se le secó y su cerebro no funcionaba, porque ver a Cameron Felton con ese conjunto de lencería del mismo color que la melena ondulada era algo para lo que simplemente no se había preparado, y tuvo que hacer el mayor esfuerzo de contención que recuerda haber hecho en su vida.

No porque quisiera decir algo —porque las palabras no hubieran salido de su boca entreabierta— sino porque quería acercarse, cogerla de la mano, hacerla girar y besarla mientras la empujaba con su cuerpo hasta la cama, o la pared; a Brynn le hubiera dado igual la posición.

Llega a su piso después de haber tomado una cerveza con James y deja el bolso sobre la mesa mientras piensa en la conversación que ha tenido con su amigo, o la que no ha tenido, pero quería tener.

Han estado una hora en el bar y Brynn se ha pasado la mayor parte de ese tiempo con algo atravesado en la garganta que ni siquiera la cerveza le ayudaba a tragar.

James le ha preguntado cómo iba todo, una pregunta normal, la típica que le haces a alguien que te importa, y ella le ha contestado que todo iba bien, que el evento en el hotel fue largo, pero manejable como todos los demás.

—Me alegro de que te adaptes bien a la vida de Cameron; a mí me resultaría complicado verme envuelto en ese mundo de golpe, creo que saldría corriendo cuando todos esos flashes se dirigieran hacia mí.

Brynn ha sonreído como si lo entendiera, pero lo que quería decirle era que a ella lo que la asusta no son los flashes de las cámaras, sino lo que siente por Cameron.

También le hubiera querido hablar del ataque de ansiedad que tuvo en la habitación, un ataque repentino en el momento menos oportuno, pero entonces llegó Cameron, rodeándola con los brazos en el balcón durante veinte minutos sin decir nada, y Brynn se pasa la mano por la frente para hacerse un masaje que le calme la ansiedad que le entra ahora cuando piensa en cuánto le gustaría volver a estar en esa posición con ella.

También quería hablarle a James de Harper Quinn, de la forma en que Cameron la miró cuando la vio llegar y lo que eso le produjo en el estómago.

Quería decirle que sintió unos celos repentinos que no tenían sentido porque entre ellas no hay nada, pero que quiere que lo haya; quiere que Cameron la bese sin que haya cámaras, sin acercarse a su boca porque Lexi le ha dicho que necesitan hacerlo.

Y después quería hablarle de Marla Butler con su grabadora y sus malditas preguntas que también le quitan el sueño, pero tiene un contrato firmado, así que Brynn no le ha contado nada de eso y, en su lugar, ha hablado de la fiesta, de la gente que había por allí, de la hipocresía de unos y de la amabilidad que no se esperaba de otros, y su amigo la escuchaba encantado sin saber que ella por dentro se está desmoronando.

Debería cenar, darse una ducha y acostarse, pero en lugar de eso, Brynn abre la nevera y saca otra cerveza, la abre y se sienta a la mesa ridículamente pequeña que tiene en la cocina.

Está dando el primer trago cuando la pantalla de su móvil se ilumina y acto seguido comienza a sonar con el nombre de su madre escrito en letras negras y grandes.

Brynn lo coge y descuelga antes de pensar demasiado.

—Hola, mamá.

Durante un segundo no se escucha nada, como si su madre estuviera tan sorprendida de que al final le haya contestado que se ha quedado sin palabras.

—Hola, cariño. Pensé que te habías olvidado de que existía —dice Diana Mitchell, y Brynn sonríe porque estos comentarios son típicos en su madre, aunque no le falta razón para quejarse.

—Lo siento, mamá. Sé que no es excusa, pero las últimas semanas están siendo una locura.

—Ya lo veo —contesta su madre.

Brynn se levanta y camina hasta el sofá mientras bebe cerveza y su madre empieza con las preguntas de siempre, las que forman parte de su repertorio de interrogación para saber todo lo que pueda de su hija.

Le pregunta por el trabajo, si ha dormido bien o si se alimenta de forma decente, aunque Brynn sabe que, en esta ocasión, estas preguntas son solo un calentamiento para Diana Mitchell.

—El trabajo va bien —explica Brynn, acomodándose en el sofá con las piernas cruzadas—.

Las columnas que publico suelen tener muy buena acogida y las entrevistas en formato podcast están funcionando de maravilla; Rita está encantada —dice, y tuerce la boca porque desde que Rita le dijo que la dejaban colgada con la demanda, no se siente del todo cómoda trabajando con ella.

—Me lo imagino, ya sabes que leo todo lo que publicas, cariño. Esa revista tiene suerte de tenerte.

Brynn sonríe, aunque ella tiene claro que esto es amor de madre en estado puro.

—¿Qué tal lo demás? —pregunta Diana.

Brynn mueve los hombros tras sentir un escalofrío.

—Todo bien —dice, y se lleva la cerveza a los labios con más frecuencia de la normal, porque está nerviosa y necesita moverse.

Su madre se queda callada un momento y Brynn vuelve a beber.

—¿No me vas a hablar de tu relación con Cameron Felton? —pregunta al fin.

El pecho de Brynn se aprieta y la recorre un hormigueo que acaba en su estómago en forma de ansiedad, mientras piensa que ojalá su relación con Cameron Felton fuera de verdad.

—Lo siento, debí llamarte para contártelo antes de que me vieras aparecer con ella por ahí —se disculpa—, pero es que todo ha ido tan rápido que todavía no me lo creo.

—Lo entiendo. Estás guapísima en esos eventos; las dos lo estáis.

—Gracias.

—Brynn —dice Diana, y a su hija se le seca la garganta porque sabe que las preguntas de cortesía se han acabado.

Su madre la ha tanteado, le ha dado la oportunidad de hablar, de contarle cosas que respondan las preguntas que tiene en la cabeza, pero como Brynn no lo ha hecho, las va a preguntar de forma directa.

—¿Qué?

—¿Por qué no me cuentas cómo estás de verdad? Porque toda esta situación me parece muy extraña.

Brynn levanta la cerveza para dar otro trago, pero se da cuenta con disgusto de que se la ha terminado.

—¿Qué quieres decir con rara? Todo está bien.

—Eso me lo creería si no hubiera leído esos artículos que publicaste sobre ella. Parecías odiarla, hija, y de repente te veo en la tele con ella de la mano. ¿Sabes cómo me quedé?

—Boquiabierta —susurra Brynn, tratando de poner un poco de humor, pero su madre no se ríe.

—Desde luego que sí, porque no lo termino de entender. ¿Es verdad que te demandó? Porque eso también es muy confuso y no sé si es alguna patraña de algún medio contando mentiras sobre vosotras o si esa demanda existió de verdad.

—Es complicado, mamá.

—¿Sabes lo que es complicado? Que me entere por terceros de tu relación con ella como si fuera una desconocida. ¿Qué es lo que no me cuentas, Brynn?

La periodista siente que no puede más, que si le miente también a su madre su cabeza ya no sabrá diferenciar lo que es la realidad de la ficción.

—Sí que me demandó, eso es cierto. Me demandó a mí y a la revista por el titular de un artículo que publiqué .

—El último que publicaste sobre ella, supongo, donde la hacías parecer homófoba.

—Sí.

Se hace un silencio corto antes de que su madre vuelva a hablar.

—Cuando lo leí, llegué a pensar que esa mujer te había dicho algo ofensivo en algún momento, porque leí el artículo completo y Cameron Felton no decía lo que tú insinuabas en el titular.

Así que el único motivo que se me ocurría para que lo hubieras escrito era que de verdad fuera homófoba, se hubiera enterado de que eres lesbiana y te hubiera dicho algo despectivo. ¿Fue eso?

Brynn quiere reírse y llorar al mismo tiempo.

Se siente tan estúpida por haber escrito aquello que a veces se mira en el espejo y no se reconoce.

Es impulsiva y visceral, pero eso no quita que sepa reconocer lo que está bien y lo que está mal, y ella sabía que estaba mal; y ni siquiera la rabia que sintió cuando Cameron se aseguró de que nadie le permitiera hacer preguntas en la rueda de prensa justifica lo que hizo.

—Me equivoqué, mamá. Ella no me dijo nada, fue cosa mía. Estaba enfadada con ella por otras cosas y no me controlé, y Rita solo pensó en el dinero, por eso lo publicó.

—¿Por qué estabas enfadada con ella? —intenta comprender su madre—. Porque esos ataques absurdos entre vosotras jamás los he comprendido salvo que fueran algún tipo de acuerdo de esos que hacen los famosos para estar en el foco.

—No hubo acuerdo —Brynn esboza una sonrisa amarga, y de repente empieza a contárselo todo desde el principio.

Le habla de aquella noche en la terraza donde se conocieron, del asombro que sintió al principio cuando se dio cuenta de que Cameron realmente parecía interesada en ella, de la euforia de después y también de la decepción que la invadió cuando no contestó a su mensaje.

—Así que de ahí viene vuestra rivalidad —murmura Diana, más para sí misma que para Brynn.

—Sí —reconoce Brynn, y le sigue contando.

Le habla del motivo por el que escribió aquel titular, de la demanda de después, de que la revista no la defendió y del acuerdo que la publicista de Cameron le propuso para acabar con el hashtag Camefoba.

—Si esto no sale bien, la demanda seguirá adelante, y lo merezco, mamá.

Su madre se queda callada, esta vez durante bastantes segundos que hacen que los ojos de Brynn se humedezcan porque está segura de que se avergüenza de ella por lo que hizo: por atacar a alguien de esa forma tan mezquina solo porque sentía el ego herido.

—¿Mamá?

—Lo que me angustia no es esa demanda, Brynn —dice al fin su madre—. Lo que de verdad me preocupa ahora es que te hayas enamorado de ella sabiendo que todo esto es un montaje y tiene un final.

—Yo no me he enamorado —rebate Brynn, limpiándose con los dedos las lágrimas que se deslizan por sus mejillas.

—No te lo estoy preguntando, hija; no me hace falta porque lo veo en las fotos que publican de vosotras. Esa forma de mirarla no puede ser fingida, solo miras a alguien de ese modo cuando estás enamorada.

Puede intentar negarlo, contarle alguna mentira y decir que parte del contrato incluye clases de interpretación que la están convirtiendo en tan buena actriz como Cameron, pero Brynn no tiene ganas de mentir. Ya se ha sincerado con lo más peligroso, y ahora quiere hacerlo con lo que le duele.

—Sobreviviré, mamá. Dolerá cuando se acabe el contrato, pero sabré pasar página —explica con la voz temblorosa.

—Sé que lo harás, cariño, pero no por eso me voy a preocupar menos. Cuando acabe todo esto, cógete unos días y vente aquí. Nada de trabajar, nada de artículos y nada de Cameron Felton. Solo tú y yo y la nevera llena.

Brynn sonríe y se sorbe los mocos.

—Suena muy bien. Te prometo que iré, y también que te llamaré más a menudo para que sepas que no he muerto de amor. Y una cosa más —dice Brynn, antes de terminar la llamada—. No puedes contarle esto del contrato a nadie, mamá.

—Lo imaginaba. ¿Quién lo sabe?

—La publicista de Cameron, un tipo llamado Nico que es su gestor de crisis, la gerencia de la revista y ahora tú; al menos por mi parte, no sé si Cameron se lo ha contado a alguien más .

—Entiendo, no te preocupes, no se lo contaré a nadie. Cuídate, cariño, y haz el favor de devolverme las llamadas.

—Lo haré.

Brynn se despide y corta la llamada. Se siente mejor habiéndose desahogado con ella, como si parte de la presión que últimamente tiene en el pecho hubiera cedido un poco para dejarla respirar.

Se lo ha contado todo, o casi todo, porque lo que no le ha dicho es que el corazón se le encoge cada vez que piensa en que esto se va a acabar, en que llegará un día en que no habrá más eventos, apariciones o noches en hoteles de una sola cama.

Que Cameron volverá a sus acuerdos con Lexi y fingirá relaciones con hombres para hacer que todo esto se olvide y esta parte de su vida que tanto quiere proteger —y tiene derecho a hacerlo— volverá a ser suya y de nadie más.

Cameron hará todo eso y ella se quedará con su columna y con su blog, con su vida antes de Cameron, y le parece que nada tiene sentido si no puede ver esos ojos color miel clavados en ella al menos dos veces a la semana.