Capítulo 20
Brynn mira el vestíbulo del hotel donde se alojará esta noche junto a Cameron —en la misma cama— con la sensación de haberse equivocado y haber cruzado la puerta de un sitio que no le corresponde, pero después se recuerda que Lexi ha mandado al estilista de la actriz a su piso para que la peinara y la vistiera acorde al evento al que todo el elenco de la película asiste esta noche.
—¿Estás bien? —pregunta Cameron cuando ve que está paralizada, mirando a todas partes.
—Sí, claro —responde a la defensiva, como si Cameron la hubiera atacado.
La actriz levanta una ceja y Brynn siente que algo se mueve por su vientre con ese simple gesto.
—Lo siento, es que este sitio está…
—¿Excesivamente decorado? —completa Cameron, horrorizada con la cantidad de cuadros acumulados en una sola pared mientras que las demás están vacías.
Brynn suspira en lugar de responder, porque para ella no son solo los cuadros, son las lámparas bañadas en oro de las paredes, la araña gigantesca que cuelga sobre ellas o la moqueta que pisan, que está tan impoluta que Brynn está segura de que la ponen nueva en cada evento.
El salón es enorme y está lleno de gente de la industria, prensa acreditada y fotógrafos que intentan encontrar el ángulo perfecto de forma constante.
Brynn se dice que puede soportar esto, incluso los flashes que la van a dejar ciega, pero la pone muy nerviosa la idea de dormir con la actriz.
Mañana, Cameron, Evan y el director de la película tienen una entrevista con una revista de cine que se hará en este mismo salón —cuya moqueta seguro que será nueva— por eso se quedan a dormir aquí.
Cameron se mueve por el espacio sin inmutarse, como si le diera igual compartir la cama con ella.
Saluda a quien corresponde, dice las palabras necesarias y sonríe cuando hace falta, perfecta y sexy como siempre.
Brynn permanece a su lado, intentando seguir ese ritmo al que todavía no se acostumbra, aunque ya ha aprendido que lo mejor que puede hacer es sonreír cuando alguien la saluda y no abrir la boca, porque la atención que buscan es la de Cameron, no la suya.
—Estáis impresionantes las dos —las elogia Evan cuando se detiene junto a ellas, tras coger una copa de champán de la bandeja de uno de los muchos camareros que se mueven por el salón—. Deberías salir en la película —exagera mirando a Brynn con una sonrisa.
—¿Haciendo qué? —pregunta ella, divertida y relajada porque Evan es de esas personas tranquilas, alegres y sinceras que logran que te sientas cómoda junto a ellas de inmediato.
—No sé, de figurante que de repente se vuelve loca y salta encima de Cameron —bromea.
Brynn se ríe y Cameron lo mira con las cejas levantadas antes de permitir que sus labios se curven un poco hacia arriba, hasta que alguien reclama al actor y se aleja de ellas.
—¿Quieres una copa? —pregunta la actriz.
—Sí, pero después. Ahora mismo necesito adaptarme al nivel de ruido.
—Estás nerviosa —asegura Cameron sin necesidad de preguntárselo.
Brynn siente que la atraviesa un rayo de golpe cuando los ojos ambarinos de la mujer la enfocan con esa intensidad que a veces la deja sin aliento.
—Un poco —reconoce, y baja la mirada como si decirlo le diera vergüenza.
—Has estado en otros eventos como este antes.
—Lo sé —admite Brynn, pero no añade que en otros eventos no han tenido que compartir cama, y tampoco le pregunta por qué a ella eso no le afecta .
—Cameron, ¿te puedo robar unos segundos de tu tiempo? —escuchan, y ambas se giran para encontrarse de frente con Marla Butler.
Brynn tarda un momento en ubicarla, hasta que recuerda que es la periodista que les hizo algunas preguntas incómodas la noche que cenaron en el restaurante, donde se besaron y después Cameron provocó a Brynn de una manera que todavía hace que su entrepierna se humedezca cuando lo recuerda.
—Esta noche tampoco hago declaraciones —espeta Cameron.
—Solo una pregunta rápida, en serio —Marla saca la grabadora con rapidez y la acerca a la actriz—.
Llevo un tiempo intentando entender la cronología.
¿Cuándo empezó realmente la relación? Porque los primeros eventos juntas coinciden bastante con la retirada de la demanda, y me parece una coincidencia curiosa.
Cameron no muestra su estupefacción cuando la escucha, pero Brynn no puede evitarlo: parpadea un par de veces con nerviosismo y contiene la respiración.
—Las coincidencias curiosas son el pan de cada día en esta industria —asegura Cameron, mirando a Marla Butler con una frialdad que debería haberla congelado en el acto.
—Sin duda —Marla mira a Brynn—. ¿Y tú cómo lo describes? Porque has escrito cosas bastante duras sobre Cameron en los últimos meses. Debe de ser un salto considerable: pasar de eso a una relación.
—Las personas son más complejas que lo que escribimos sobre ellas, y a veces nos equivocamos —dice Brynn, con una calma repentina que le sorprende a ella misma—. Yo soy la primera en reconocerlo.
—Qué bonito —murmura Marla, y su mirada mordaz no cambia—. Una última cosa. ¿La relación empezó antes o después de la demanda?
—Mi vida personal es cosa mía, no voy a hacer ninguna declaración sobre eso.
Marla guarda la grabadora con la misma rapidez con que la sacó.
—Está bien, gracias. Que disfrutéis de la noche.
Se aleja hacia el otro extremo del salón, y Brynn espera hasta que desaparece entre la gente para girarse hacia la actriz.
—Está husmeando mucho —dice, bajando la voz todo lo que puede—. No nos cree, Cameron. Si sigue indagando…
—No tiene de dónde sacar la información, ya te lo dije —asegura su pareja fingida, con esa calma suya que en momentos así a Brynn le resulta irritante—. Puede sospechar todo lo que quiera, pero eso no es suficiente para publicar nada, a no ser que seas tú —añade mordaz.
—Qué graciosa —dice Brynn, pero no entra en su provocación—. ¿Y si encuentra algo?
—No hay nada que encontrar, relájate.
La periodista asiente y se dice que tiene razón, porque la lógica de Cameron es impecable, pero la actriz no tiene una demanda colgando sobre ella que se activa si esto sale mal; la tiene Brynn, y no puede evitar que los pulmones se le cierren y la inquietud se adueñe de ella.
Cameron coge dos copas de una bandeja, le entrega una y busca entre las múltiples mesas altas con mantel de seda blanca que hay disponibles por el salón.
Cuando encuentra una vacía, empieza a caminar y Brynn la sigue mientras va dando sorbos.
Dejan sus copas al llegar, y la periodista se gira hacia Cameron dispuesta a preguntarle por qué está tan tranquila sabiendo que van a compartir habitación, cuando ve que una mujer se separa de un grupo al verlas —más bien al ver a Cameron— y se acerca con una sonrisa que pone a Brynn más nerviosa de lo que está.
Le cuesta reconocerla, pero lo hace antes de que llegue hasta ellas. Se llama Harper Quinn y es una actriz de más o menos su edad que protagonizó una película independiente de la que se habló mucho hace un par de años.
—Hola, Cam —saluda la chica, y Cameron se gira.
Brynn no se pierde ni un detalle de la reacción de la actriz, porque cuando Cameron la ve, el destello helado de su mirada que siempre tiene preparado para todo el mundo desaparece por completo y se convierte en un brillo que Brynn ha visto pocas veces, siempre dirigido a ella.
También ve que esa boca a la que es tan difícil arrancarle una sonrisa se curva hacia arriba, y Brynn, sin necesidad de preguntarlo, sabe que entre ellas hubo algo; ese pensamiento le provoca una acidez en el estómago que le quema el pecho y hace que apriete los puños.
—Harper —dice Cameron, y se dan un apretón de manos que se convierte en un abrazo de los que dicen más por cómo terminan que por cómo empiezan .
Harper se gira hacia Brynn y ella se tensa de golpe.
—Es un placer —dice con expresión simpática, y le tiende la mano.
Brynn se la estrecha, aturdida por los celos injustificados que está sintiendo pero que no puede detener. Las dos mujeres intercambian algunas frases, las típicas de cortesía, hasta que Harper dice algo que hace que Cameron borre su sonrisa y Brynn sienta que su bola de celos aumenta.
—Me alegro de que al fin hayas decidido hacerlo público; es una pena que no lo hicieras cuando nosotras…
—No he hecho nada público, Harper —la corta Cameron—. No he hablado de mi vida privada y no voy a hacerlo, así que te agradecería que no comentaras nada de…
—Nosotras, sí —la interrumpe Harper con expresión tranquila—. No te preocupes, no voy a decir nada —asegura—, aunque me alegro de que al menos te hayas atrevido a exponerte de forma pública.
A Brynn le parece sincera cuando habla, pero no soporta esa manera que tiene de mirar a Cameron, la misma con la que sus novias anteriores la miraban a ella, la mirada de quien te ha visto desnuda y puede pensar en ti de las dos maneras, sin ropa o con ella.
—En fin, solo quería saludarte. Me alegro de verte —dice, y se gira hacia Brynn—. Un placer conocerte.
Igual que ha venido, se marcha, y Brynn ni siquiera tiene tiempo de responderle, pero cuando Cameron se gira hacia ella y coge su copa, Brynn ya no puede deshacer la tensión que nota en todo el cuerpo.
Entre esto y lo de Marla Butler, siente que esta noche el corazón se le parará en algún momento y caerá fulminada, porque le late tan deprisa que su respiración también se está acelerando y le cuesta centrarse en algo que no sean los celos estúpidos por Harper o el miedo a que Marla descubra algo que no debe y acabe así con su carrera.
“No comentes lo nuestro”.
La frase se repite en su cabeza y su mente no deja de imaginarlas a las dos juntas, consciente de que entre ellas hubo algo que —por la forma en que Cameron ha reaccionado al verla— es evidente que disfrutaron mucho.
Esto no debería importarle, porque ellas no tienen nada ni van a tenerlo, pero entonces piensa en todos esos besos que se dan en público y en lo que siente cuando los labios de Cameron, suaves y calientes, se posan sobre los suyos.
—Media hora más y podemos marcharnos. Cenaremos en una sala privada y nos vamos a la habitación —explica Cameron, sacándola de sus pensamientos.
Ella parpadea y la enfoca con el ceño fruncido, y se lleva una mano al cuello porque siente que el aire no le está entrando como le gustaría.
—Vale —dice, casi jadeando.
—¿Te encuentras mal? —Cameron se acerca un paso hacia ella.
Brynn niega con la cabeza y fuerza una sonrisa antes de coger su copa —con un ligero temblor en la mano— y beber hasta vaciarla del todo.
Una hora después, tras una cena rápida donde Cameron ha mareado su comida y Brynn solo se ha comido una fruta alegando que no tenía hambre, entran en la habitación del hotel, donde ve sus maletas junto a una cómoda y, como sospechaba, una sola cama.
Mientras ella permanece quieta junto a la pared, Cameron se quita los zapatos y después las joyas que una firma le ha prestado para que las luciera esta noche.
Brynn se sienta en el borde de la cama, mirando hacia el suelo, y no es capaz de hacer nada más porque siente que todo el peso de la noche le cae encima de golpe: las preguntas mordaces de Marla, el abrazo de Cameron y Harper, los celos que no debería sentir, la cama de matrimonio y la demanda esperando en algún sitio a que alguien la libere y acabe con ella.
El pecho se le cierra despacio; primero es una presión como la que sentía cuando estaban en el salón, después esa presión aumenta sin que Brynn pueda detenerla y las manos comienzan a temblarle como si estuviera muerta de frío.
Puede respirar, pero cada vez le cuesta más, y hunde la cabeza en los hombros y retuerce las sábanas de algodón egipcio con los puños.
—Antes de que te metas en la cama, deberías… —empieza Cameron, girándose hacia ella, pero se detiene en seco cuando la mira.
Brynn tiene la cabeza un poco inclinada hacia abajo, los hombros encogidos y el cuerpo ligeramente doblado hacia delante. Cameron no necesita preguntarle porque reconoce los síntomas de inmediato, muy parecidos a los que ella ha sentido las veces que ha tenido un ataque de ansiedad.
No le dice nada; solo se acerca, la coge de las manos y tira de ella para que se levante.
Brynn se mueve por inercia, con los ojos ya empapados de lágrimas cuyo origen no puede definir, y se deja arrastrar hasta el ventanal que da al balcón de la habitación.
Cameron abre la puerta y salen, y Brynn se agarra a la barandilla con las dos manos esperando a que el aire frío la calme, pero lo que logra hacer que eso suceda es el cuerpo de Cameron cuando se coloca justo detrás de ella, pegada completamente a su espalda, rodeándole la cintura con un brazo y los hombros con el otro, respirando despacio mientras su aliento va rozando la mejilla de Brynn.
Permanecen así casi veinte minutos, porque cuando la respiración de Brynn se normaliza ninguna de las dos tiene prisa por moverse, hasta que el primer relámpago que anuncia una tormenta inminente las hace parpadear y volver a la realidad.
—¿Tienes preferencia por algún lado de la cama? —pregunta Cameron cuando entran.
—Si no te importa, el derecho —responde Brynn, agradecida de que no haga preguntas sobre lo que acaba de pasar.
—Todo tuyo —dice la actriz, y se gira para que Brynn le baje la cremallera del vestido.
De nuevo le tiemblan las manos, pero esta vez no es por la ansiedad, es porque acaba de ser consciente de que va a ver a Cameron Felton en ropa interior, y Brynn no sabe si su corazón puede soportarlo.