Capítulo 19
—Eso no es necesario si no hay prensa de por medio —dijo Cameron, cruzada de brazos frente a Lexi.
—Tu familia no sabe lo del trato, y una escena familiar así refuerza la imagen de una relación estable. Haré unas llamadas y me ocuparé de que alguien os fotografíe a ti y a Brynn entrando en casa de tus padres. Una foto robada es perfecta, la feliz pareja haciendo vida familiar.
Cameron no dijo nada, cogió su taza de café en la terraza exclusiva donde estaban tomando algo y dio un sorbo que le supo más amargo que de costumbre.
—Sé que te sientes incómoda en tu casa, pero solo lo haremos una vez, Cam. Ve allí, presentas a Brynn, coméis y os marcháis, solo eso.
—Solo eso —repitió la actriz, pero acabó aceptando porque necesitaba que esto acabase de una vez.
Ahora van de camino mientras recuerda la conversación con Lexi y no está muy segura de que haber aceptado sea una buena decisión.
—¿Qué miras? —pregunta incómoda, porque hace rato que nota que Brynn la mira de reojo desde el asiento del copiloto.
—Nada, es que es raro.
—¿El qué?
—Tú conduciendo —Brynn sonríe como si fuera un chiste .
—No sé qué tiene de extraño, llevo conduciendo desde los dieciséis.
—Venga —Brynn levanta las cejas—. Reconoce que lo es. Estoy acostumbrada a verte en ese coche con chófer que utilizas para cualquier acto público, vestida como una modelo mientras miras por la ventana tan absorta que parece que estás en otro sitio.
Cameron la observa un momento.
—¿Ahora no te parezco una modelo? —pregunta, con un tono tan seco que a la periodista le cuesta saber si bromea o está ofendida.
Brynn niega con la cabeza y la mira de arriba abajo.
Cameron lleva unos vaqueros de pitillo, los zapatos de tacón de los que nunca se separa y un jersey blanco ajustado con el cuello vuelto.
Se ha maquillado muy poco y la melena ondulada y oscura que siempre lleva peinada por su estilista, hoy está recogida en un moño suelto que deja mechones a ambos lados de su cara y por su nuca, y Brynn se siente hipnotizada desde que se ha subido en el coche.
—Me pareces una mujer atractiva que sabe vestir, pero sin esa tensión que siempre te acompaña cuando ves una arruga en tu vestido o cuando coges la comida con tanto cuidado de no mancharte que a veces pienso que no la disfrutas.
Hoy eres una simple mortal que conduce su coche y disfruta del paisaje al mismo tiempo.
Eso es lo que me pareces, una mujer de treinta y siete años muy atractiva, nada más.
Cameron no aparta la mirada del frente ni contesta.
Tiene un nudo en la boca del estómago y siente opresión en el pecho.
No es solo porque Brynn ha descrito perfectamente lo que es su vida en un par de frases —aparentar estar perfecta y sentir esa presión que siempre la hace estar tensa, porque vive de su imagen y la mayoría del tiempo le resulta agotador estar tan pendiente de todo—, sino porque lo que más le ha impactado es esa forma natural con la que Brynn ha hablado de su atractivo: no solo no le importa admitirlo en voz alta, sino que le ha dado la impresión de que ha sido una forma camuflada de decirle que se siente atraída por ella, y Cameron ya no sabe qué pensar.
Debería odiar a Brynn Mitchell después de todo lo que ha pasado entre ellas, pero no puede, y lo que es peor, la chica de la melena castaña con mechas doradas que hay a su lado es la misma que ocupa sus pensamientos la mayor parte del día, y no precisamente de forma negativa .
—Así que te parezco atractiva —dice, y mira a Brynn otro momento, con la comisura derecha de la boca ligeramente curvada hacia arriba.
Brynn se pone rígida, como si su cuerpo se preparara para una batalla que sabe que no puede ganar, porque Cameron tiene la misma expresión que aquella noche durante la cena en la que se divirtió provocándola.
—No hagas eso —pide la periodista.
—¿Hacer qué?
—Jugar conmigo, ahora no hay cámaras.
Cameron frunce el ceño.
—¿Te gustan las mujeres, Brynn? —pregunta de sopetón, y la periodista siente que el corazón le da un vuelco.
—¿A qué viene esa pregunta? —dice desconcertada.
—A que llevamos semanas fingiendo ser pareja, a que aquella noche coqueteé contigo en el hotel y tuve la impresión de que no solo no te importaba, sino que te gustaba, pero realmente no sé nada de ti.
No sé si aquella noche solo me seguiste el juego mientras pensabas en el artículo que ibas a escribir, si los besos que nos hemos dado hasta ahora te molestan o si fingir esto te resulta un problema porque tu entorno no lo entiende y se lo tienes que vender, porque eso es lo que pasaría si salieras con hombres y de repente te ven con una mujer.
Así que te lo pregunto otra vez: ¿te gustan las mujeres?
—Me gustan tanto que jamás he llegado a salir con un chico. Cuando tenía catorce años mi mejor amiga se echó novio, a veces los veía besarse y se me revolvía el estómago porque no podía entender dónde estaba la gracia de besar a uno —explica Brynn.
Cameron la mira un momento, y de pronto su expresión se relaja y suelta una carcajada espontánea de las que te salen de dentro, de esas que hacen que todo tu cuerpo rebote con la risa, que estiran tus ojos y hacen que brillen, y Brynn por poco se desmaya porque jamás ha visto este lado de Cameron, la mujer más controlada a la que ha conocido en su vida.
—¿Por qué te ríes? —pregunta, pero ella también lo hace.
—Nada, es que no puedo estar más de acuerdo con eso de besar a los hombres.
Brynn asiente, pensativa. Cuando Cameron coqueteó con ella, le sorprendió, aunque no mucho porque, a pesar de que siempre se la ha visto con hombres, sabe de sobra que en su vida privada los famosos hacen lo que de verdad quieren y no lo que necesitan, pero ahora están las dos solas y Cameron Felton no necesita fingir nada.
—¿Y a ti?
La actriz se pone seria de golpe, pero suspira con fuerza mientras aprieta el volante y asiente al mismo tiempo.
—Quizá no con tanta certeza como a ti, me refiero a que yo no lo tuve tan claro de adolescente.
Me habían atraído algunas chicas, pero como no me atrevía a tener nada con ellas, tampoco sabía con seguridad que fuera atracción y no otra cosa.
Me esforzaba tanto en que los chicos me gustasen, que a veces hasta me lo creía —explica sin mirarla.
—¿Y cuándo cambió eso?
—En las últimas vacaciones que hice con mis padres antes de irme a la universidad.
Fuimos de crucero y la chica que atendía mi camarote privado tenía apenas un par de años más que yo.
Me sentí atraída por ella de inmediato, y ella me miraba de una manera que hacía que la piel me ardiera.
Así que un día, en lugar de salir a cubierta como hacía siempre, me quedé en el camarote porque sabía a qué hora pasaba ella para la limpieza, y el resto te lo puedes imaginar.
Desde aquel día te aseguro que lo tuve muy claro.
—¿Por qué sales con hombres entonces? —pregunta Brynn, intentando comprenderla.
—Porque toda mi vida es pública, no puedo poner un pie en la calle sin que me saquen una foto.
Saben dónde nací, el nombre de mis padres y mi hermana, sus ocupaciones, el colegio al que fui, la zona residencial donde me crie y hasta las veces que voy al baño durante un evento, pero esa parte de mí sí que puedo esconderla; supongo que es lo único que tengo.
Brynn se queda mirándola. La expresión de Cameron parece relajada, pero, a pesar de que lleva gafas de sol, la periodista tiene la sensación de que su mirada está perdida, como si viera la carretera en segundo plano y su mente estuviera en otra parte.
—Lo siento —dice Brynn, y Cameron se gira hacia ella, sorprendida.
—¿Qué es lo que sientes ?
—Que hayas tenido que exponer esa parte de tu vida por mi culpa. Si no hubiera escrito el titular, esto no habría pasado y el mundo seguiría sin saber que también te acuestas con mujeres.
—¿También? —Cameron entorna la mirada, y las cejas de Brynn se mueven hacia el centro.
—Bueno, esos hombres con los que has salido…
La actriz sonríe, otro movimiento espontáneo que hace que el corazón de Brynn lata más fuerte.
—No me acuesto con ellos, son relaciones pactadas y de puro interés mutuo. Lexi es muy buena cerrando este tipo de tratos. A algunos se les paga por salir unas cuantas veces conmigo y dejarse fotografiar; otros simplemente tienen el mismo interés que yo: son gays y no quieren contarlo.
—Vaya —dice Brynn, impresionada. También es consciente de que este tipo de acuerdos existen, pero no se había imaginado a Cameron Felton en esa tesitura—. Entonces lo siento más todavía.
Cameron se encoge de hombros.
—Lo que realmente no quiero es dar explicaciones, tener que ponerme frente a una cámara y decir que me gustan las mujeres, y no lo he hecho, simplemente estoy saliendo contigo y cuando esto termine, volveré a hacer lo de siempre.
En cuanto salga con un hombre de nuevo, esto lo verán como una aventura, nada más.
Brynn asiente con un movimiento automático, porque su mente se ha quedado atrapada en esa frase de Cameron donde ha afirmado que esto es algo temporal y después hará lo de siempre.
Brynn sabe que es así, que es un contrato y que entre ellas no hay nada y, aun así, le ha escocido de una manera que no se esperaba, y no vuelven a hablar hasta que llegan a Connecticut, donde vive la familia de Cameron.
—¿Tus padres lo saben? —pregunta Brynn, sintiéndose tonta por no haber preguntado algo tan importante antes—. Me refiero a lo tuyo con las mujeres.
—Sí, no les hizo mucha gracia, pero como siempre me ven con hombres, supongo que se engañan pensando que he cambiado.
Las cejas de Brynn se levantan.
—¿Nunca han conocido a ninguna de las chicas con las que has salido ?
—No.
—¿Por qué? —Brynn se da cuenta de que necesita saberlo todo de Cameron Felton, y eso empieza a preocuparla mucho.