Portada falsa Capítulo 18
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Capítulo 18

Brynn se sienta en su mesa de la redacción y lo primero que hace es entrar en la red social donde se publicó el artículo que la señalaba como hipócrita y comprobar por tercera vez —lo ha hecho esta mañana nada más levantarse y también lo hizo anoche— que el artículo ha desaparecido.

Lo descubrió ayer por la tarde cuando entró a mirar —horrorizada— cómo el hilo iba creciendo, y vio que no estaba.

No es que se hubiera reducido, estuviera enterrado bajo otras conversaciones o simplemente la gente hubiera perdido el interés; había desaparecido.

La cuenta que lo inició sigue activa y tiene otros hilos recientes, pero ese en concreto ya no está.

Brynn cierra la pestaña y abre el archivo donde tiene empezada la columna de esta semana, pero no puede dejar de pensar en ese hilo.

Ese tipo de polémicas en las redes no mueren solas, y eso lo sabe mejor que nadie porque lleva años en un oficio donde parte del trabajo es entender cómo se mueve la información y por qué se mueve de una forma y no de otra.

Una conversación con miles de interacciones no se evapora en cuarenta y ocho horas a menos que alguien la haga desaparecer, y hacer ese tipo de cosas requiere recursos, contactos y un equipo que sepa exactamente a qué palancas darle.

Decide no darle más vueltas porque no quiere seguir pensando en lo que sospecha, así que escribe durante dos horas seguidas y trabaja toda la jornada hasta que James la intercepta a la hora de irse y le propone tomar una cerveza en el bar de siempre.

—Tengo algo que contarte sobre ese hilo donde te mencionaban —anuncia James en cuanto se sientan a la mesa.

Brynn, que estaba dando el primer sorbo a su cerveza, la deja sobre la mesa y lo mira.

—¿Y a qué esperas?

—Supongo que has visto que ha desaparecido, ¿no? —pregunta él, bajando la voz e inclinándose un poco sobre la mesa.

—Me estás poniendo nerviosa, James. Sí, sí que lo he visto.

—¿Y no te ha parecido raro? —pregunta expectante.

—Un poco, sí —admite Brynn.

—A mí también, y ya sabes que estas cosas me provocan mucha curiosidad, así que ayer empecé a tirar del hilo en cuanto vi que ya no estaba.

Ella arquea una ceja, aunque no está sorprendida porque su amigo es aficionado a las teorías de la conspiración y tiene un grupo con varios amigos por internet donde se dedican a analizar cosas que les parecen sospechosas como hobby.

—¿Por qué? —pregunta ella.

—Porque la intriga me pudo —reconoce divertido, y se encoge de hombros—.

La cuestión es que contacté con un conocido que trabaja en gestión de reputación digital, uno que lleva años en esto y que conoce cómo funcionan estas operaciones.

No me dio nombres, pero me confirmó que alguien había movido hilos para que el contenido se retirara.

Presión directa sobre la cuenta, intermediarios, el tipo de intervención que no hace nadie que no tenga un equipo detrás con presupuesto de verdad.

Brynn coge la cerveza porque tiene el pulso acelerado y necesita hacer algo con las manos.

—¿Y?

—Pues que yo sepa, en tu vida ahora mismo solo hay una persona con ese nivel de maquinaria detrás. ¿No te ha dicho nada? —pregunta intrigado.

—No, y tampoco tenemos confirmación de que Cameron haya tenido nada que ver con eso.

—Venga ya, Brynn, ¿quién lo haría sino ?

—No lo sé, James. Cameron no tiene motivos, no era a ella a quien cuestionaban —argumenta la periodista, aunque su corazón sigue latiendo muy deprisa y tiene una sensación muy cálida en el pecho.

—Pues pregúntale, porque lo ha hecho, Brynn; es evidente que ha tenido que ser ella, nadie más en tu entorno tiene el poder de hacer que algo así desaparezca.

La periodista no dice nada durante un momento, porque James solo está afirmando lo que ella ya sabía.

Un hashtag letal como el que desató su artículo es imposible de parar incluso para alguien como Cameron, ¿pero esto?

El artículo de alguien hablando de una periodista que prácticamente era desconocida hasta hace un mes es algo que se puede eliminar con facilidad si dispones de los medios.

—No voy a preguntarle nada. Cameron es muy suya; si de verdad ha sido ella, no me lo va a decir, o se pondrá a la defensiva y acabaremos discutiendo otra vez.

James levanta las cejas y no mueve las orejas porque no puede, pero Brynn sabe que las habría movido hacia delante como dos antenas para escucharla con atención.

—¿Habéis discutido? —pregunta muerto de curiosidad.

Brynn se encoge de hombros; no es una conversación que esperase tener con él, pero últimamente todo lo relacionado con Cameron Felton le afecta demasiado y necesita descargar un poco, pero tampoco puede contar mucho porque tiene un contrato de confidencialidad firmado y James no sabe nada sobre su pacto.

—Hace un par de semanas. Fue una tontería, pero me dejó pensativa.

—¿Por qué?

—Por algo que dijo, algo que contradecía lo que yo he estado pensando durante meses, y no sé si puedo creérmelo o no —responde Brynn.

—¿No puedes ser un poco más específica? —pregunta James.

—Ya sabes que no, es un asunto personal que la implica a ella, y no puedo airearlo, aunque confíe en ti.

—Lo entiendo —dice, y da un sorbo a su cerveza antes de seguir—. ¿Por qué no le preguntas sobre ese asunto? Quiero decir, si no sabes si es verdad eso que dijo, vuelve a sacar el tema y hazle todas las preguntas que necesites hasta que puedas decidir si es verdad o mentira.

Brynn se queda callada un momento y se toca la melena alborotada.

—Creo que volveríamos a discutir, no sé, me cuesta comunicarme con ella, ¿sabes?

James asiente para apoyarla, pero en realidad no entiende nada.

—Sois una pareja muy rara, Brynn, en serio.

Ella sonríe y asiente, dándole la razón.

—¿Te puedo preguntar algo? —dice ella.

—Claro, lo que sea.

—Cuando empecé a salir con Cameron no me preguntaste nada, no lo cuestionaste y no te escandalizó que de pronto empezase a salir con una mujer con la que me llevo a matar.

James se echa hacia atrás en la silla como si necesitara pensar, pero lo cierto es que no le hace falta porque la respuesta la tiene muy clara.

—Yo siempre he sido de los que creen en eso de que del odio al amor hay un paso, y lo que no entendía era esa obsesión absurda que tenías con ella, esa fijación en apuntar hacia esa mujer siempre que podías, y lo único que tenía sentido era esto.

—¿Esto? ¿Qué es esto? —pregunta ella, nerviosa.

—Pues que estuvieras enamorada de ella, por eso no me sorprendí cuando apareciste con Felton la primera vez.

Brynn siente que el aire abandona sus pulmones y un cosquilleo raro le recorre la cabeza.

—Yo no estoy… —dice, pero se detiene en seco.

No puede decir que no está enamorada de ella porque entonces James sí que no entendería nada, y tampoco puede decirlo porque lleva días sospechando que eso no es cierto, que probablemente sí que lo está.

—Supongo que tienes razón —admite, y suelta un suspiro tembloroso.

Se va a su piso pensando en la conversación que ha tenido con su amigo, en que Cameron la ha protegido y no se lo ha dicho, lo que significa que no necesita que se lo agradezca o que le tenga que devolver el favor de algún modo.

Lo ha hecho de forma desinteresada y eso no encaja en ninguna de las versiones que Brynn tenía de ella y que poco a poco se están desmoronando una tras otra.

No encaja con la mujer que la trató como a una desconocida en la entrevista, ni con la que firmó una demanda sin dudarlo o lleva semanas lanzándole pullas en cuanto tiene ocasión como si la irritación fuera su estado natural, pero sí que encaja con la mujer que conoció aquella noche en la terraza, y a Brynn le tiemblan las manos cuando abre la puerta de su piso.

Deja las llaves en el cuenco, se quita la chaqueta y se dirige a la cocina para abrir la nevera y decidir qué va a cenar cuando el móvil le suena y ve el nombre de su madre en la pantalla.

Brynn siente una ráfaga de culpa atravesarla, porque su madre la ha llamado varias veces desde que su relación con Cameron se hizo pública y ella no ha contestado.

Al principio fue fácil para ella justificárselo a sí misma: no quería que Diana Mitchell supiera lo de la demanda, tampoco escuchar las preguntas que vendrían después sobre por qué había publicado ese titular sin blindarlo mejor.

No le apetecía la conversación sobre responsabilidad y consecuencias que su madre habría tenido con ella sin levantar la voz y justo por eso habría resultado más difícil de aguantar que cualquier bronca, pero ahora la demanda ya no es el problema porque está suspendida, y ella sigue sin poder contestar la llamada.

Ahora el problema es que su madre tiene una habilidad que ha perfeccionado durante veintinueve años de maternidad para hacer preguntas que parecen inocentes y que, sin embargo, van directas al centro de cualquier cosa que Brynn esté intentando esconder.

Son preguntas simples, sobre su estado de ánimo o el trabajo, pero que en boca de su madre funcionan como una llave que abre todas las puertas que Brynn quiere mantener cerradas, y ahora mismo hay una que la periodista no quiere abrir, y se llama Cameron Felton.

Detrás de esa puerta pueden aparecer demasiadas cosas que ella se niega a creer, como que se está enamorando de esa mujer que tuvo un momento de ternura adorable con una niña que Brynn sabe que no estaba diseñado para las cámaras.

La mujer que se agachó no era la actriz, era Cameron Felton siendo humana, y el estómago de Brynn se gira cada vez que piensa en eso.

El teléfono deja de sonar y mira la pantalla con esa punzada de culpabilidad atravesada en su expresión. Al momento le llega un mensaje, otro de muchos que su madre le deja.

Mamá

Llámame cuando puedas, solo quiero saber cómo estás.

Brynn suspira y siente ganas de llorar por primera vez en meses, no porque esté triste, sino porque no sabe cómo manejar el cúmulo de emociones que tiene dentro, y si contesta, su madre le preguntaría cómo está y ella no sabría qué decir.

Le preguntaría qué tal el trabajo y Brynn tendría que decidir cuánto contar y cuánto callar, y después le preguntaría directamente sobre su relación con Cameron y acabaría llegando adonde ella no quiere que llegue.

El hambre se le ha quitado y se va directamente a su habitación pensando en que mañana la llamará, o pasado.