Portada falsa Capítulo 17
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Capítulo 17

El siguiente acto al que asisten es un evento benéfico en la planta baja de un hotel del centro.

Cameron y Brynn llegan de la mano, todavía tensas por la última discusión, pero cuando ven las mesas con los carteles de la causa, a la gente bien vestida y la cantidad excesiva de bebidas y aperitivos que han costado una fortuna, ambas se detienen y se miran un momento, porque fue en un evento como este en el que se conocieron, y todo el exceso de dinero el que dio pie a su primera conversación.

No se dicen nada, pero Cameron aprieta sin querer la mano de Brynn, y la periodista le devuelve el gesto antes de que sigan caminando.

La actriz sabe lo que hay que hacer y lo ejecuta siempre de forma mecánica.

Llega, saluda, sonríe cuando toca, dice lo que hay que decir sobre la causa y se va cuando Lexi le dice que ya es suficiente.

Brynn se mueve junto a ella como si estuvieran sincronizadas y ya se hubiera olvidado de la tensión que sentía al principio.

Ya no la busca con la mirada para saber qué tiene que hacer, simplemente sonríe y saluda si es necesario.

Se separan durante unos minutos cuando Cameron habla con un conocido y Evan se lleva a Brynn para presentarle a algunos actores secundarios de la película, pero la actriz la va mirando de reojo de vez en cuando, no porque tema que Brynn haga o diga algo que les complique la existencia, sino porque necesita asegurarse de que no se siente sola o incómoda, y ese pensamiento la hace apretar los puños.

La conversación acaba y Cameron se dirige hacia donde está la periodista, que también la mira de forma continua porque simplemente le fascina ver cómo se mueve, cómo habla y, aunque le moleste reconocerlo, ver lo bien que le queda el traje y el peinado con la melena oscura cayendo por un lado; pero lo que observa sobre todo son sus ojos, porque Brynn se ha dado cuenta de que Cameron la mira mucho, y no precisamente como si la odiara.

La actriz está a punto de llegar hasta donde está ella cuando una niña de unos ocho años que está en el lateral de la sala con su madre, se suelta de su mano y va corriendo hasta plantarse delante de Cameron con un cuaderno pequeño de color rosa y un bolígrafo en la mano.

La madre corre tras ella para detenerla, pero la actriz le hace un gesto para indicarle que no le importa y se agacha frente a la niña, y Brynn siente que el corazón se le desboca cuando ve la ternura con la que la mira.

—Hola —saluda Cameron, esbozando una pequeña sonrisa ladeada.

La niña abre mucho los ojos y aprieta el cuaderno hasta que casi lo arruga.

—Hola —responde con timidez.

—¿Cómo te llamas? —pregunta Cameron mientras Brynn acorta los pasos que le faltaban para llegar hasta ella y se coloca a su lado, porque siente una necesidad brutal de presenciar esto desde cerca.

—Maya.

—Qué bonito. ¿Qué llevas ahí? —pregunta Cameron, señalando el cuaderno con la mirada mientras la niña lo sostiene, todavía apretado contra su pecho.

Maya lo mira, después mira a la actriz y luego a su madre, que asiente con una sonrisa.

—Es para un autógrafo —explica la niña, estirando los brazos para entregarle el cuaderno.

Cameron lo coge y acepta también el bolígrafo de color verde con plumas en la capucha. Después abre la libreta y empieza a escribir un par de frases que le parecen apropiadas para una niña de esa edad y, por último, lo firma.

—Quiero ser actriz —dice la niña de pronto, cuando Cameron le entrega el autógrafo.

—Pues practica mucho —le aconseja—. Y no hagas caso cuando alguien te diga que es muy difícil, porque lo es, pero eso no es razón suficiente para no intentarlo, ¿de acuerdo?

Maya asiente y sonríe con un tono cantarín, y Cameron la atrae un poco hacia ella cuando la madre le pide que pose con su hija para una foto.

—Gracias —dice la mujer, cogiendo a la niña de la mano.

Maya se despide con un gesto y Cameron se lo devuelve junto a una sonrisa para después girarse y encontrarse con la mirada ojiplática de Brynn.

La periodista no dice nada porque todavía está sorprendida por esta versión tan tierna que acaba de descubrir en la actriz, pero a Cameron no le gusta que la mire así, la hace sentirse expuesta y vulnerable, y eso es algo que no se permite con nadie.

—¿Qué? —pregunta, frunciendo el ceño.

—Nada —responde Brynn, bebiendo de la copa que tiene en la mano.

—Pues deja de mirarme así.

La periodista la ignora, y Cameron suspira con intención de moverse para ir a por una copa para ella.

—Ha sido un momento bonito —dice Brynn al fin—. Con la niña.

Cameron se gira hacia ella.

—Era una niña que quería un autógrafo.

—Ya lo sé.

—Pues no me mires como si fuera otra persona —espeta irritada—. Soy la misma que era antes de que vieras eso.

Cameron se queda callada un momento, observando algo en la expresión de Brynn que no puede definir, y eso también le molesta porque lleva semanas aprendiendo a leerla y hay momentos en los que la periodista le sigue pareciendo completamente opaca.

—Lo sé —dice Brynn—, pero antes no lo sabía.

Una arruga breve marca el entrecejo de Cameron porque no la entiende del todo, pero Evan aparece y le ofrece esa copa que necesita, y decide centrarse en eso.

—¿Interrumpo algo? —pregunta el actor.

—No —responden las dos al mismo tiempo.

—Estupendo —dice Evan—. Porque el director quiere una foto con el reparto y me han enviado a buscaros.

El trayecto de vuelta lo hacen en silencio. Cameron mira al frente y Brynn por la ventanilla hasta que llegan al edificio de esta y se baja del coche.

Cuando Cameron llega a su piso, lo primero que hace es quitarse los zapatos, después va al baño, se quita el maquillaje, se da una ducha y se pone ropa cómoda antes de sentarse un rato en el sofá con el teléfono en la mano para comprobar el montón de notificaciones que le están llegando.

Lo que se encuentra es un hilo donde un usuario con más de doscientos mil seguidores que parece haber desenterrado un artículo de Brynn de hace dos años; uno de sus artículos del blog personal analizaba cómo funcionan las relaciones de poder en la industria del entretenimiento.

En ese contexto, mencionaba que algunas actrices proyectan una imagen de autenticidad que en realidad está estratégicamente construida y que, si se examinara a fondo, no resultaría tan sincera como parece.

El artículo no nombraba a Cameron en ningún momento, pero el usuario ha añadido suficiente contexto para que la conexión sea obvia, y el hilo lleva ocho horas creciendo con comentarios sobre la hipocresía de Brynn Mitchell por criticar a actrices como Cameron en sus artículos para después aparecer en todos los eventos con ella de la mano.

Cameron resopla y lee el artículo completo, y no le da la impresión de que Brynn hable de nadie en concreto; es solo una opinión, y lo cierto es que no está nada alejada de la realidad porque todos los artistas —incluida ella— protegen su intimidad creando una fachada donde solo dejan ver las partes que les interesa.

Lee los comentarios y se queda mirando el teléfono.

Todo le parece irónico, porque el artículo que están usando para acusarla de hipócrita está más cerca de la verdad de lo que nadie sabe, pero no es en eso en lo que centra sus pensamientos: los centra en Brynn, en que la periodista lleva un mes cumpliendo un contrato que no quería firmar, acudiendo a sitios donde no se siente cómoda porque está fuera de su elemento y aguantando conversaciones que no le interesan, y en que ahora hay doscientas mil personas diciéndole que es una hipócrita por eso.

Sin saber muy bien por qué lo hace, busca el nombre de Lexi y la llama .

—Dime —dice la publicista a modo de saludo.

—¿Has visto el hilo?

—Sí, lo he leído entero y no veo nada grave que te afecte. Solo te han etiquetado; el ataque real es contra Brynn Mitchell.

—Lo sé. ¿Margot puede encargarse? —pregunta Cameron.

Las cejas de Lexi se caen y se juntan, como si no entendiera la pregunta.

—¿Encargarse de qué exactamente?

—De hacer que eliminen ese hilo. Ha hecho desaparecer otros con más interacciones que este, ¿no?

—Sí, puede hacerlo, pero no entiendo por qué quieres que lo haga si no te afecta directamente —dice Lexi, que no lo sabe, pero lo intuye, y le gustaría que Cameron lo dijera en voz alta.

—Tú llámala y dile que se ocupe de esto esta misma noche.

—Está bien —acepta la publicista—. Ahora la llamo.

Cameron cuelga, deja el teléfono a su lado y se recuesta, inclinando la cabeza hacia atrás para mirar al techo y tratar de ordenar el caos que hay en su mente desde que conoce a Brynn, pero no lo consigue.