Portada falsa Capítulo 16
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Capítulo 16

Cameron y Brynn llevan diez minutos en el apartamento de la actriz esperando a Lexi, que ha dicho que llega a las siete, pero ya pasan quince minutos de la hora acordada, la publicista no ha aparecido todavía y la tensión entre ellas empieza a ser insoportable.

Brynn está sentada en el sofá con el móvil en la mano sin mirar la pantalla, y Cameron se ha acomodado en un sillón mirando los dos vasos de agua que ha servido cuando ha llegado la periodista.

Llevan varios días así, desde la cena donde Cameron provocó a Brynn pensando que estaba haciendo una actuación perfecta, y eso ha creado una tensión entre ellas que les cuesta manejar porque empiezan a no saber cómo comportarse cuando no hay cámaras delante.

—¿Has leído lo de esta mañana? —Cameron pregunta sin mirarla.

Brynn levanta la cabeza y su melena castaña con destellos rojos se mueve sobre sus hombros, lo que provoca que la actriz la mire de soslayo, porque ha llegado a la conclusión de que le gusta mucho el pelo casi siempre alborotado de Brynn Mitchell.

—¿El qué de esta mañana?

—El artículo que han publicado sobre nosotras —responde Cameron, arrepintiéndose de haber sido la primera en hablar.

—He leído tres artículos sobre nosotras esta mañana, así que necesito que seas más específica —suelta Brynn, y Cameron la mira y expulsa el aire por la nariz.

—El que dice que tu último artículo tiene un tono que sugiere que nuestra relación no es lo que parece.

Brynn deja el móvil sobre el cojín del sofá y se cruza de brazos.

—Mi columna de esta semana es sobre la cobertura mediática de los festivales de otoño, no habla de nosotras.

—Ya sé de lo que habla, yo te digo lo que dice el artículo. Según ese periodista, no deberías ser tan cínica cuando mencionas un festival en el que mi nombre consta en la lista de invitados.

—¿Quieres que escriba diferente para que encaje con la mentira que estamos vendiendo? ¿Que me ponga blanda cuando escribo tu nombre? —Brynn frunce el ceño.

—Quiero que tengamos en cuenta que hay gente que sabe leer entre líneas. Ya escuchaste a esa periodista la otra noche, dudaba de nuestra relación…

—Pues qué raro, porque hiciste una actuación sublime comiéndome la boca —la corta Brynn, pero antes de que Cameron pueda soltar una respuesta mordaz, la periodista sigue hablando—.

En cuanto a ese periodista, que lea entre líneas si quiere.

Mi columna es mi columna y no forma parte del contrato, escribiré como me dé la gana.

—El contrato incluye una cláusula de comportamiento que...

—Que se refiere a apariciones y declaraciones públicas sobre la relación, no a mi trabajo periodístico. Si quieres, lo releemos juntas; de lo contrario, déjame en paz.

—No hace falta releerlo —dice Cameron, esforzándose por mantenerse serena porque lo único que le apetece es echarla de su piso—.

Solo te pido que seas consciente de que lo que publicas ahora tiene un impacto diferente, todos esperan que digas algo sobre tu relación conmigo, y si no lo haces, se lo inventan.

Más o menos como hiciste tú —termina, sin poder contenerse.

Brynn la mira con una severidad que debería dar miedo a cualquiera, pero que en Cameron Felton produce un efecto muy diferente cuando nota una pequeña explosión de calor entre las piernas que empieza a ser demasiado frecuente en presencia de la periodista.

—Deja de decirme lo que tengo que hacer y lo que no, lo estás haciendo desde que empezó todo esto…

—Desde que empezó todo esto —repite Cameron, con un tono helado y burlón que también atemoriza, pero que a Brynn le provoca un ligero cosquilleo por el pecho cuando la actriz lo acompaña con esa mirada color miel que contrasta tanto con su frialdad—.

Tú eres la que escribió un titular que me costó un contrato, y un hashtag acusándome de homófoba que todavía no ha desaparecido del todo.

Así que cuando te digo que tengas en cuenta el impacto de lo que publicas, creo que es una petición razonable.

—Ah, perfecto, volvemos al titular —se queja Brynn, nerviosa.

Cameron se levanta y expulsa el aire por la nariz con frustración, porque por mucho que se esfuerza, nunca consigue entender el funcionamiento de la periodista.

—Es que todo esto es por tu jodido titular, solo que tú prefieres no mencionarlo, hacer ver que no eres la culpable de toda esta situación tan incómoda.

Brynn también se levanta del sofá porque sentada se siente en desventaja, aunque en cuanto está de pie se da cuenta de que Cameron le saca una cabeza con los tacones que lleva, y eso hace que se siga sintiendo en una posición vulnerable.

—El titular fue un error de encuadre que la revista ya reconoció públicamente. Está resuelto —se defiende Brynn, que admite su responsabilidad, pero necesita recordarle que la revista también tuvo mucho que ver para llegar hasta donde están ahora—, y el hashtag cada vez tiene menos actividad.

—Para ti está resuelto porque firmaste un papel que suspende la demanda. Para mí no lo está porque sigo siendo la actriz que cuestionó la autenticidad queer según la mitad de internet.

—¡Porque no quisiste aclararlo! Podías haber dado una declaración en cuarenta y ocho horas y haber acabado con todo aquello, pero preferiste montar todo este circo antes que decir dos frases en público —se altera Brynn.

—Aclararlo, ¿cómo? —Cameron da un paso hacia ella y su melena oscura, siempre perfecta, ondea sobre sus hombros y envía una pequeña oleada del olor de su champú que, por un momento, desconcentra a Brynn—.

Sabes de sobra que no había forma de defenderlo sin generar más ruido.

Además, mis decisiones sobre lo que declaro en público las elijo yo, no tú.

—Tal vez, pero las consecuencias de esas decisiones sí me afectan a mí, así que permíteme tener una opinión al respecto.

—Tu opinión ya la conozco, la publicaste en dos columnas y un blog —señala Cameron, apretando la mandíbula con rabia.

Brynn suelta un sonido brusco por la boca cuando resopla.

—Y la tuya sobre mí la conozco desde aquella entrevista donde decidiste tratarme como si nunca me hubieras visto en tu vida.

Cameron se queda quieta durante un segundo, mirándola de un modo que hace que Brynn tenga ganas de retroceder un paso, pero no lo hace.

—Llegaste cuarenta minutos tarde —sigue la periodista, que ya no puede controlarse—. Sin disculparte. Y me miraste como si fuera una periodista cualquiera cuando tres semanas antes habíamos pasado una hora entera en una terraza, hablando como si nos conociéramos de toda la vida.

—Sabía quién eras —dice Cameron, frunciendo el ceño porque no sabe si Brynn le toma el pelo, sin entender cómo se atreve a echarle en cara esto cuando sabe de sobra que tenía motivos.

—Ya lo sé. Por eso fue peor.

La actriz se muerde el labio y niega con la cabeza, incrédula.

—¿Y qué querías que hiciera? ¿Saludarte como si fuéramos amigas después de que hubieras usado nuestra conversación para escribir un artículo anónimo que se hizo viral con mi nombre en los comentarios?

¿Cómo era? «La actriz que seduce con la mirada y te tienta con la promesa de que se repita la cita para después darte su número de teléfono, dejarte en visto y convertirte en una más de su lista de proezas».

Brynn parpadea, sorprendida por la exactitud con la que Cameron recuerda parte de sus palabras.

Por un momento, se quedan mirándose fijamente, atrapadas en aquella terraza donde la actriz sintió que de verdad habían conectado y donde Brynn trataba de asimilar que Cameron Felton se había fijado en ella.

—¿Por qué acudiste a la entrevista si estabas tan molesta? Todavía no lo entiendo .

—Era parte de la promoción de la película, no dependía de mí el poder negarme.

—Pero sí dependía de ti decidir cómo tratabas a la persona que tenías delante —Brynn ha bajado el tono porque tiene algo entre las costillas que la está oprimiendo, una sensación de anticipación muy rara porque ni siquiera sabe qué anticipa—.

Podrías haberme preguntado por qué escribí aquello, pero en lugar de eso decidiste hacer que me sintiera invisible.

—¿Invisible? —Cameron arquea una ceja—. Te traté como trataría a cualquier otra persona que se hubiera aprovechado de lo que pasó aquella noche, que hubiera utilizado una conversación que se supone que era privada para escribir un artículo sobre mí, aunque no me mencionases de forma directa.

—No fue una conversación privada, fue una gala benéfica donde cualquiera podía estar escuchando —rebate Brynn.

Cameron esboza una sonrisa de incredulidad.

—Te di mi número personal, Brynn —dice, metiéndose las manos en los bolsillos del pantalón.

—¡Y no contestaste cuando te escribí!

La frase sale más alta de lo que Brynn pretendía y se queda en el aire entre las dos durante un segundo, mientras Cameron la mira con el ceño fruncido y las mejillas de Brynn se ponen rojas de frustración.

—Te escribí —sigue Brynn, bajando el volumen, pero no el tono rabioso con el que habla—.

Al día siguiente de la gala te escribí tal y como me pediste.

Y esperé durante días a que respondieras, mirando el móvil a todas horas, pero nunca lo hiciste.

Y después de dos semanas llegué a la conclusión de que había sido una más de las personas a las que habías dedicado diez minutos de tu encanto en un evento y de las que no volviste a acordarte.

Los ojos de Cameron permanecen fijos en ella, tratando de encontrar un gesto en la expresión de la periodista que delate que está mintiendo o que solo quiere reírse de ella, pero Brynn está callada, esperando a que ella le dé una explicación sobre algo que Cameron sabe que no es cierto, y eso la enfurece.

—Nunca recibí ese mensaje del que hablas.

—Claro —el bufido de Brynn tiene un deje de sarcasmo que irrita cada vez más a la actriz—. Seguramente se perdió entre los cientos que te llegan cada día de mujeres a las que das tu número y después ignoras.

Cameron ladea la cabeza, furiosa.