Capítulo 15
El restaurante que Lexi ha elegido para esta noche tiene un tipo de iluminación pensada para que todo parezca íntimo a simple vista y quede bien en una fotografía, y cuando Cameron y Brynn entran juntas, hay dos fotógrafos en el lateral de la sala que levantan las cámaras casi al mismo tiempo.
Lexi las ha instruido bien antes de salir del coche, con el teléfono en la mano y gesto cansado porque tener que estar pendiente de estas dos mujeres en todo momento para explicarles lo que deberían hacer, cuando ambas tendrían que saberlo perfectamente, es algo que la agota.
—Esta noche necesito un beso —ha dicho, sin preámbulo—.
Las fotos de la sesión están funcionando bien y el público espera una progresión natural.
Algo breve, en el momento que vosotras veáis oportuno, pero necesitamos ese tipo de gestos o no hará falta que alguien se vaya de la lengua para que sepan que todo esto es un montaje.
Cameron ha asentido y Brynn no ha dicho nada, porque su mente ha vuelto atrás, a esa sesión de fotos en la que Cameron la besó. Fue rápido, apenas un roce contra sus labios, pero Brynn piensa en ese beso desde entonces, y no poder dejar de hacerlo la pone muy nerviosa.
Ahora están sentadas en el lado de la mesa que da a la sala —que es el sitio que Lexi ha elegido porque tiene línea directa con las cámaras— junto a Evan, el director de la película, y dos productoras ejecutivas y sus respectivas parejas, mientras todos hablan como si los periodistas no estuvieran ahí.
Cameron participa a su manera, hablando lo justo porque es bastante parca en palabras, pero sonriendo cuando debe mientras hace poses que parecen gestos naturales a pesar de que están pensadas para quedar perfectas en las fotografías.
A su derecha, Brynn está sumergida en la conversación mejor de lo que Cameron esperaba, y le sorprende la facilidad con la que la periodista ha conectado con Evan y las ejecutivas, un don que desde luego ella no posee, porque a Cameron Felton le cuesta relacionarse con gente a la que no conoce.
—¿No comes? —pregunta Brynn en voz baja, cuando la ejecutiva de su izquierda se gira para hablar con el productor.
Cameron mira su plato, donde el salmón lleva diez minutos destrozado sin que ella pueda explicarse por qué no lo ha probado.
—No tengo hambre.
—Pues igual deberías pedirte algo que sí te apetezca, porque lo que le estás haciendo a ese salmón me está poniendo nerviosa —dice Brynn.
—Estoy muy bien así.
—Claro —Brynn se gira y coge su copa de vino.
Cameron la mira de reojo.
—¿Qué significa ese «claro»?
—Nada.
La actriz aprieta la mandíbula y vuelve a mover el salmón hacia el otro lado del plato para horror de Brynn, pero eso al menos le da algo que hacer mientras espera el momento oportuno para ese beso que les ha exigido Lexi y, de paso, reconocerse a sí misma que eso es lo que le ha quitado el apetito.
No porque su estómago se haya revuelto ante la idea de besar a Brynn Mitchell, sino porque está encogido en un nudo ante la expectativa de hacerlo, porque está deseando rozar esos labios de nuevo, y ese pensamiento la perturba.
—¿Puedes parar, por favor? —le pide Brynn, colocando su mano sobre la de Cameron y deteniendo el movimiento de su tenedor.
Ella la mira con ganas de matarla, pero le dedica una sonrisa amplia porque sabe que ese gesto puede interpretarse como cariñoso desde fuera.
—Joder, qué buena eres —dice Brynn, impresionada.
—No tienes ni idea de cuánto —susurra Cameron, inclinándose hacia ella porque acaba de encontrar el momento perfecto para el beso.
Se acerca a Brynn como si fuera a decirle algo más al oído, y cuando ella gira la cabeza, Cameron la besa. La periodista siente la mano de la actriz hundiéndose en su pelo al mismo tiempo que le roza los labios con la lengua mientras sus bocas están unidas.
Literalmente, Brynn jadea contra su boca y se queda congelada en la posición del beso, con los labios un poco abiertos cuando Cameron se aparta.
—Siento lo de la lengua, pero he pensado que sería más creíble si lo alargaba un poco —se excusa Cameron, con esa calma fría que Brynn es incapaz de comprender.
A ella le está temblando todo el cuerpo y siente un torrente de burbujas por el vientre que no debería estar sintiendo, pero que está ahí, latiendo también entre sus piernas mientras nota el corazón en la garganta.
—No pasa nada —dice Brynn, intentando sonar tan tranquila como ella, pero la voz le sale temblorosa.
Cameron clava el tenedor en un trozo de salmón y se lo lleva a la boca, empezando a comer ahora que se ha quitado de encima ese momento que tanto la perturbaba.
Brynn la mira, perpleja, porque a Cameron no le tiemblan ni las pestañas.
Lo que no sabe Brynn es que la actriz tiene el pulso desbocado y un cosquilleo persistente detrás del esternón que no sabe cómo aplacar.
—¿Por qué no comes? ¿Ya no disfrutas de la cena gratuita? —suelta Cameron al cabo de un par de minutos, cuando se da cuenta de que Brynn no ha vuelto a tocar la comida de su plato.
—Disfruto mucho —responde con rapidez—. Hacía tiempo que no comía tan bien, solo estoy reposando un poco —miente, porque no piensa decirle que el beso le ha quitado el hambre de comida y le ha despertado otra diferente.
—Me alegra que una de las dos esté disfrutando de esta cena.
—Podrías haberlo hecho tú también si te hubieras comido el salmón cuando estaba caliente. ¿Es una manía de actriz? ¿Una excentricidad? Porque es bastante raro; el salmón frío está asqueroso, pero supongo que tú…
—Cállate, Brynn —espeta Cameron, que no está dispuesta a seguir escuchándola.
—¿Por qué no me callas tú? —la provoca la periodista, sin ser capaz de pensar en lo que dice.
—¿Y cómo se supone que debería callarte?
Cameron baja el tono y ladea la cabeza hacia ella.
—Eres muy buena improvisando, ¿por qué no me sorprendes? —sigue Brynn, con la sensación de que piensa con lo que siente en la entrepierna y no con el cerebro.
Cameron tuerce una sonrisa, una ligera curvatura de su comisura izquierda que no pretende ser seductora, pero que lo es a rabiar. Coloca una mano en el respaldo de Brynn y se inclina hacia ella de nuevo, acercando sus labios a la oreja de la periodista para hablarle en voz baja.
—Si lo que quieres es que te bese de nuevo, solo tienes que pedirlo —susurra, dejando que su nariz roce la oreja de Brynn a propósito—, de lo contrario, quédate ahí sentada y aguántate las ganas.
Cameron se aparta, y Brynn jamás ha experimentado tanta furia e indignación juntas por culpa de una frase.
—No seas tan pedante, ¿qué te hace pensar que quiero que me lamas la boca otra vez? —pregunta, apoyando los brazos en la mesa.
—¿No quieres? —Cameron arquea una ceja, provocándola mientras Lexi las observa desde la barra, complacida por la actuación que están haciendo al hablarse tan de cerca y mirarse como si quisieran comerse la una a la otra ahí mismo.
Brynn se aclara la voz cuando intenta responder y no le sale.
—Claro que no, yo…
—¿No? —Cameron la corta, volviendo a curvar un poco los labios—. Yo diría que sí. Creo que te ha gustado, y estás enfadada porque te jode reconocerlo, lo que demuestra tu nivel de inmadurez.
—Vete a la mierda, Cameron.
—Cam, cariño —la actriz le guiña un ojo—. Que mi propia novia me llame por mi nombre completo no es muy creíble, ¿no?
—Tienes razón. Vete a la mierda, Cam —dispara Brynn, y la actriz sonríe y se vuelve hacia su plato, porque si sigue provocando a la periodista de ese modo, será ella misma la que acabe besándola de nuevo.
La cena termina media hora después, todos se levantan y empiezan a dispersarse entre despedidas y comentarios sobre la película.
Cameron ve venir a una mujer en ese momento.
No la conoce, pero la ha visto entre el grupo de periodistas con una cámara en la mano que no ha dejado de inmortalizarlas.
Cuando llega hasta ellas, la actriz ve que tiene una credencial de prensa colgada al cuello y una grabadora en la mano que levanta hacia ella.
—Cameron, soy Marla Butler, de The Expose. ¿Tienes un momento para responder unas preguntas sobre la película?
—Esta noche no hago declaraciones —responde Cameron.
—Solo unas preguntas rápidas —insiste Marla, alternando la mirada entre ella y Brynn—. ¿Cuánto tiempo lleváis juntas? No lo habéis comentado en ningún medio y resulta un poco sorprendente que, después de todo lo que ha pasado entre vosotras estos últimos meses, ahora tengáis una relación.
Brynn se pone rígida al escucharla, pero Cameron, que es un témpano de hielo, le coge la mano y se la aprieta un poco. Brynn se calma de inmediato con el gesto y ni siquiera sabe por qué, pero se acerca un poco más a Cameron y le pasa una mano por la cintura como si fuera un gesto natural.
—Las preguntas sobre mi vida personal las gestiona mi publicista —responde Cameron.
—Por supuesto —dice Marla, pero no retrocede—. Es solo que la historia es curiosa, ¿no? Los artículos, la demanda y de repente esto. ¿Cómo empezó?
—Como empiezan la mayoría de las cosas —dice Brynn cuando se da cuenta de que la expresión de Cameron está cambiando, temiendo que suelte algo cortante que moleste a esa mujer—. De forma inesperada.
Marla asiente y sonríe de nuevo.
—Tiene sentido. Bueno, no os entretengo más. Que disfrutéis de la noche.
Se aleja con el mismo paso decidido con el que ha llegado, y Cameron la sigue con la mirada hasta que desaparece por el lateral de la sala.
Entonces busca a Lexi, que está a unos metros de ellas hablando con uno de los productores, y cuando la publicista le devuelve la mirada, Cameron se la mantiene un segundo con el ceño fruncido.
Lexi asiente casi de forma imperceptible porque ha presenciado el acercamiento de la periodista, pero no ha intervenido para salvarla porque hubiera sido más sospechoso.
Nico Devine, el publicista especialista en crisis que Lexi ha contratado para esto, está a su lado, también mirando sin decir nada mientras saca su teléfono y se aparta para atender una llamada.