Capítulo 14
El segundo evento —por llamarlo de algún modo— es una sesión de fotos en un estudio situado en el SoHo que por fuera parece cualquier cosa menos eso.
Cuando el taxi se ha parado en la puerta del edificio, Brynn ha comprobado la dirección que Lexi le había mandado porque pensaba que se habían equivocado, porque a ella le parecía más un almacén en desuso, pero por dentro ha resultado ser un espacio impresionante con paredes blancas, luz que entra por todas partes y un equipo de diez personas moviéndose con prisas a su alrededor.
Brynn lleva veinticinco minutos sentada en una silla mientras una estilista le hace algo en el pelo que ella no ha pedido.
A través del espejo puede ver a Cameron, que está al otro lado del estudio hablando con el fotógrafo con una tranquilidad que Brynn envidia, porque la actriz está muy acostumbrada a todo esto, pero para ella es nuevo y no sabe estarse quieta durante tanto tiempo.
La estilista le coge un mechón, lo examina bajo la luz y suspira de una forma que a Brynn le molesta, pero decide no preguntar porque quiere acabar con esto cuanto antes.
—¿Usas secador con difusor o sin él? —pregunta la estilista.
—Sin.
La mujer suspira de nuevo y Brynn deja de mirar por el espejo.
La sesión empieza media hora después. Resulta que Lexi ha vendido la exclusiva de la nueva pareja a una revista, y ahora tienen que estar allí dos horas posando y fingiendo que se quieren.
El fotógrafo comienza con fotos individuales de Cameron porque ella es la parte importante de la exclusiva, que a su vez está vinculada con la promoción de la película.
Brynn observa desde el lateral mientras el fotógrafo, que se llama Marco y lleva gafas redondas y un bigote muy fino, dirige a Cameron por el encuadre con indicaciones precisas que la actriz sigue con una naturalidad que resulta irritante.
—Ahora tú —le dice Marco, señalándola.
Brynn se coloca frente al fondo blanco y se cruza de brazos sin ser consciente de ello.
—Relájate —dice el hombre, con una sonrisa amable.
—Estoy relajada.
—No lo pareces, querida. Baja los brazos y gírate un poco.
Cameron la observa desde su sitio con una sonrisa torcida que Brynn sabe que no le está dedicando a ella para tranquilizarla, sino que está formada en su cara porque la actriz está disfrutando de la tortura a la que la están sometiendo.
La periodista tiene ganas de protestar y de decirle algunas cosas que borrarían esa sonrisa petulante de golpe, pero eso también acabaría con ella demandada por incumplimiento de contrato, y si no puede con una demanda, no quiere imaginarse lo que pasaría si añadiera otra a su lista de desastres.
—Es muy mona cuando se pone tan tensa —comenta Lexi, cruzada de brazos al lado de Cameron—, pero como no relaje el cuello, acabará la sesión con tortícolis.
Cameron vuelve a sonreír, imaginando cuánto disfrutaría viendo a Brynn Mitchell caminar como un robot.
—Ahora las dos —pide Marco, después de cinco minutos que a Brynn le han parecido diez horas.
—Sé buena —susurra Lexi antes de que Cameron se mueva—, recuerda que debe parecer natural, así que trata de calmarla.
La actriz no contesta, simplemente camina hacia el fondo y se coloca al lado de Brynn.
—Dice Lexi que dejes de sonreír como si fueras una muñeca de cera —espeta en un susurro, y Brynn parpadea y se gira hacia la publicista con una mirada fulminante, pero Lexi ni siquiera está mirando en ese momento porque está entretenida con su móvil.
—¿Lo dice ella o lo dices tú? —pregunta molesta.
—¿Qué más da? La cuestión es que cuando sonríes tardas demasiado en relajar la cara, como si te hubieras quedado congelada en la foto. Es siniestro.
Brynn resopla cuando se da cuenta de que Cameron parece tener la intención de ponerla más nerviosa de lo que está, en lugar de darle algún consejo como hizo para el evento anterior.
—Juntaos —ordena Marco cuando Brynn abre la boca para decirle a Cameron que, si no se comporta, la cosa no irá bien y la culpable será ella, pero para mayor irritación, se tiene que contener y colocarse en la posición que indica el fotógrafo.
El hombre empieza a dar instrucciones sobre la postura en la que quiere sus cuerpos para conseguir las fotos que busca, y Cameron, que se ha mentalizado de que está interpretando un personaje, se mueve con una calma que no hace más que exasperar a la periodista.
La actriz le rodea la cintura con un brazo sin que Marco tenga que pedírselo, como si fuera la continuación natural de algo, y Brynn se tiene que concentrar mucho para que el calor de esa mano en su cuerpo no la haga suspirar.
—Brynn, gírate un poco hacia ella.
Obedece y quedan de frente, tan cerca que sus pechos casi se rozan y Cameron se desconcentra durante un momento que la hace carraspear.
—Bien —dice Marco, disparando con su cámara—. Ahora ponle la mano en la cara, Brynn.
—¿Perdona?
Él aparta la cara el ojo del objetivo y la mira, desconcertado.
—En la mandíbula o en la mejilla, lo que tú quieras —aclara el hombre.
—Intenta no meterme un dedo en la nariz —susurra Cameron.
Brynn suelta un bufido, y aprovecha que tiene una mano en la cintura de Cameron para apretar y darle un pellizco que la hace dar un brinco y aullar de dolor.
—¿Qué coño haces? —pregunta irritada, conteniendo las ganas de gritarle.
Brynn la mira y sonríe, y antes de que Cameron proteste de nuevo, levanta la mano y la pone en la mandíbula de la actriz, rozando con un dedo el lóbulo de su oreja, lo que deja a Cameron sin palabras.
—Excelente —dice Marco, complacido—. Ahora miraos.
Se miran y el flash dispara tan seguido que Brynn tiene que cerrar los ojos un segundo porque la luz la está cegando.
—No hagas eso si no quieres que ese tipo tenga fotos tuyas con cara de estreñimiento —aconseja la actriz.
—No tengo tanto control como tú.
—Eso es evidente.
—Ahora abrazaos —pide Marco, antes de que Brynn pueda responder.
Cameron abre los brazos y Brynn se mueve hacia ella con rigidez, y suspira cuando la actriz los cierra a su alrededor y sus cuerpos quedan completamente pegados, con la cara de Cameron hundida contra su cuello.
Marco dice algunas cosas mientras están así, pero la periodista no es capaz de comprenderlas porque ella solo puede pensar en el calor de Cameron a través de la tela de la camisa y en el perfume de su piel, que cada vez le resulta más difícil ignorar.
—Pon el peso en la otra pierna —murmura Cameron en voz baja.
—¿Qué? —Brynn intenta moverse, pero la actriz la mantiene atrapada contra ella .
—Estás cargando todo el peso en la pierna izquierda y se nota en la postura. Pon el peso en la derecha.
—No necesito dirección de escena, gracias —protesta Brynn.
—Y yo no necesito que en mis fotos de promoción parezca que estoy con alguien que está intentando no tocarme.
—Estás muy acostumbrada a que te toquen, ¿verdad? A que todos te adulen y te sigan la corriente —dispara Brynn.
Cameron cambia la expresión y se separa de ella, atravesándola con su mirada dorada.
—¿Qué insinúas?
—Nada, solo quiero que dejes de comportarte como una diva. Tú estás en tu elemento, pero yo no, así que para de ponerme nerviosa de una puta vez.
Cameron levanta una ceja y da un paso hacia atrás mientras Lexi las mira y después observa a Marco, que de nuevo parece confundido.
—Chicas, Marco no está aquí para presenciar vuestros arrebatos de amor —vocifera, como si estuvieran diciéndose lo mucho que se quieren—. Así que posad de una vez.
Se vuelven a abrazar y Brynn trata de colocarse como Cameron le ha dicho, pero entonces la pisa sin querer y la actriz suelta un bufido de pura desesperación.
—Deja la pierna quieta, ¿quieres?
—¿En qué quedamos? —protesta Brynn—. ¿Me coloco como dices o me quedo como estaba? Porque en el contrato no pone nada sobre que deba soportar tu carácter de mierda.
Cameron se ríe de forma tan espontánea que sus hombros botan contra la barbilla de Brynn, y esta siente un cosquilleo repentino que la recorre desde el cuello hasta la boca del estómago.
—Maravilloso, justo así —aplaude Marco, apretando el disparador como un poseso—. Ahora moveos hacia el fondo. ¿Os importa besaros?
Las dos se quedan completamente paralizadas y Lexi, temiendo que metan la pata, le hace una señal a Marco para que espere.
—Dame un momento —le pide mientras camina hacia ellas—. Voy a arreglarle el pelo a Cameron .
Marco baja la cámara y asiente, y la publicista cruza el estudio hacia ellas a toda velocidad, colocándose detrás de Cameron mientras empieza a fingir que coloca algún mechón despeinado de su melena.
—Más vale que ese beso parezca de verdad —sisea como una serpiente que desea un motivo para atacar, sin dejar de mover los dedos por el pelo de Cameron—. O os juro que yo misma os delato ante la prensa.
Se aparta con la misma velocidad con la que ha llegado, vuelve al lateral y le hace un gesto a Marco con la cabeza. El fotógrafo levanta la cámara y Cameron se gira hacia Brynn, consciente de que esto tiene que salir bien.
—Déjate llevar —le dice, en voz tan baja que la periodista casi no la escucha.
No le da tiempo a responder. Cameron le pone una mano detrás de la cabeza con un gesto suave, apoyando los dedos en su nuca con una delicadeza que hace que los labios de Brynn se separen de forma automática, y la besa.
Es un pico y apenas dura un segundo, pero queda tan natural que hasta Lexi se sorprende.
—Excelente —canturrea Marco, y dispara tres veces más mientras ellas se mantienen la mirada durante un momento, tratando de no pensar en ese cosquilleo que tienen en los labios ahora mismo—. Un descanso de quince minutos para que cambiemos el fondo y seguimos.
La siguiente pose es más informal: están sentadas en un sofá que el equipo ha colocado frente al nuevo fondo, y las instrucciones de Marco vuelven a ser sobre proximidad, sobre el ángulo de los cuerpos y sobre adónde va cada mano.
Cameron las sigue como si el hombre fuera un director de escena dando órdenes, y Brynn se limita a seguirle el juego a ella.
—Tienes que anticiparte a lo que hago, no reaccionar —susurra Cameron.
—Estoy anticipando.
—Sabes que no. Cuando Marco da una instrucción, tú esperas a que yo me mueva primero. Eso en una foto no se nota, pero si estamos en un evento y nos graban, sí que será evidente.
—Esto no es un vídeo —se defiende Brynn.
—No, pero lo será pronto en el siguiente evento.
La periodista la mira fijamente.
—¿Cuándo es el siguiente? Porque estaría bien que me enterase con más de doce horas de antelación.
—Ese no es mi problema, háblalo con Lexi —espeta Cameron mientras Marco dispara, encantado por la naturalidad de los gestos que hacen al hablar.
—Lo estoy hablando contigo. No estáis cumpliendo el contrato —dice Brynn, y Cameron ladea la cabeza y le hace un gesto para que siga—. Se supone que me tenéis que avisar con tiempo. ¿Qué pasa si tengo planes?
—Los cancelas.
—Para ti esto es muy fácil, ¿verdad? Tienes el control de todo, estás en tu ambiente y la gente se desvive para complacerte cada vez que abres la boca…
—se detiene en el último segundo porque ha estado a punto de decirle que su boca le parece tan apetecible que le vibra el vientre cuando se la mira.
Cameron se inclina hacia delante, apoyando una mano entre ellas en el sofá para acercar su cara hasta que su mejilla roza la de Brynn y puede susurrarle.
—Estamos en esta situación por tu culpa, recuerda eso cuando te sientas incómoda, y si no lo puedes soportar, rescinde el contrato y enfréntate a la demanda.
Cameron se separa igual de rápido que se ha acercado, pero Brynn ya no dice nada más, porque sabe que cualquier protesta suya solo alimenta la rabia de la actriz, y al parecer, la mujer que hay a su lado tiene mucha acumulada por su culpa.
Cuando la sesión termina y el equipo empieza a recoger, Brynn coge el abrigo y el bolso del perchero junto a la entrada y sale sin buscar a Cameron con la mirada, aunque sabe exactamente dónde está porque es imposible no notar esa aura magnética que envuelve a esa morena a quien Brynn debería desear no volver a ver, pero no es eso lo que desea de ella, y cada vez que lo recuerda, quiere abofetearse a sí misma.