Portada falsa Capítulo 12
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Capítulo 12

Sara le confirmó lo que ya se imaginaba tres días antes de esta reunión, cuando acudió a su bufete y se sentó frente a ella en un despacho que a Brynn le parecía demasiado pequeño, mientras la abogada ponía los papeles de la demanda sobre la mesa.

—Lo he leído todo con detenimiento. Las opciones existen, pero ninguna es buena y tampoco es barata —dijo Sara, sin rodeos, que es lo que Brynn necesitaba que hiciera para saber cuál era la magnitud de su problema—.

Podemos argumentar libertad de prensa, cuestionar si el titular constituye difamación en sentido técnico e intentar demostrar que la responsabilidad editorial recayó en la revista y no solo en ti.

Todo eso está sobre la mesa. El problema es que cualquiera de esos caminos cuesta tiempo y dinero, y el equipo legal que tiene Cameron Felton detrás ha hecho esto antes y sabe muy bien cómo alargarlo hasta que la otra parte no pueda soportarlo.

Brynn asintió y bebió del café que un asistente de la firma le había servido, y le supo más amargo que nunca.

—¿Cuánto tiempo tengo para responder a la demanda?

—Dos semanas, pero, Brynn, necesito que seas sincera conmigo: ¿tienes recursos para financiar esto si se alarga?

Brynn no los tenía hace tres días ni los tiene ahora, ni siquiera tiene recursos para que el bufete lleve su caso más allá de las primeras dos semanas, así que está realmente jodida.

Cuando llega al edificio de Midtown donde Lexi Moreno la ha convocado a la reunión, Brynn decide subir por las escaleras en lugar de utilizar el ascensor para ver si su cuerpo se activa de algún modo, porque lleva días sin dormir y siente que se mueve por inercia.

Cruza la puerta de las oficinas y, cuando se presenta, la recepcionista le señala unas sillas y le pide que espere un momento, que enseguida la acompañará a la sala donde se celebra la reunión.

La periodista no se sienta; está demasiado inquieta porque desconoce el motivo de esta reunión, y encima ha venido sola porque, si le pedía a Sara que la acompañara, ese desplazamiento habría supuesto un plus en su cuenta que no puede permitirse.

—Sígame —dice la recepcionista de repente.

Brynn, que estaba completamente absorta, se gira y camina detrás de la chica con la sensación de que esta se mueve demasiado rápido para que ella pueda seguirla.

Casi jadeando, atraviesan un pasillo hasta que llegan a una sala de reuniones que tiene la puerta abierta, y la recepcionista le indica que entre.

Cuando accede al interior, lo primero que ve es la mesa larga y ovalada que hay en el centro; lo segundo, a Cameron Felton, que ya está sentada en el lado izquierdo junto a la ventana.

Brynn experimenta una sensación de presión que desemboca en un acelerón de sus latidos cuando la actriz la mira, y decide atribuir lo que ha sentido a los nervios que tiene y al miedo de que todo esto acabe con su carrera.

—Gracias por venir —dice Lexi, que está de pie junto a una fuente de agua y una cafetera—. Sé que te hemos citado con muy poco tiempo. ¿Quieres agua o café?

Brynn tarda en responder, porque es la primera vez que está en la misma habitación con Cameron desde hace meses cuando se vieron en la entrevista y, en lugar de estar pensando en alguna manera de salir de este lío en el que se ha metido, ella solo puede mirar la chaqueta oscura de la actriz, los mechones rebeldes que escapan del moño suelto de su melena y esa postura suya que seduce incluso cuando no se lo propone.

—Mitchell —dice Lexi.

Brynn se gira de golpe hacia la publicista .

—Perdón, agua, por favor.

Lexi asiente y coge un vaso de plástico para llenarlo.

—Toma asiento donde quieras.

La periodista elige el otro lado de la mesa, justo frente a Cameron, que está impresionante y al parecer muy tranquila, con las manos juntas sobre la mesa y ninguna muestra de incomodidad o nerviosismo.

Brynn la odia durante unos segundos, porque la actriz parece radiante mientras que ella lleva días sin pegar ojo.

Lexi deja un vaso de agua frente a ella y rodea la mesa para sentarse al lado de Cameron.

—Bien —dice Lexi, dejando su tablet sobre la mesa mientras mira a Brynn—. Voy a ser directa porque ninguna en esta sala podemos permitirnos perder el tiempo.

Brynn discrepa: ella tiene todo el tiempo del mundo porque, aunque no ha sido despedida oficialmente de la revista, lleva sin ir a trabajar desde el día en que recibió la demanda.

—Estamos aquí porque queremos ofrecerte una alternativa a la demanda.

El corazón le da un vuelco y, de forma automática, mira a Cameron como si temiera que en algún momento la actriz soltara una carcajada y le dijera que eso es una broma, que están aquí porque se le ha ocurrido una manera de terminar de joderla, pero la actriz apenas parpadea; solo la mira fijamente de un modo tan intenso que hace que Brynn tenga la sensación de que es transparente y ella le está leyendo sus pensamientos.

—Te escucho —dice Brynn, centrándose en Lexi.

—La demanda sigue activa, aunque paralizada, pero seguirá adelante si no llegamos a un acuerdo hoy.

—Entiendo —dice Brynn, aunque está un poco perdida.

—Lo que queremos proponerte es un acuerdo extrajudicial que suspende la demanda de forma indefinida mientras se cumplen las condiciones.

—¿Qué condiciones?

Lexi mira un documento en la tablet .

—Durante los próximos cuatro meses, tú y Cameron apareceréis juntas en público de forma regular.

Eventos, actos de prensa y situaciones cotidianas donde haya cámaras —explica Lexi sin que la actriz se inmute—.

La historia que se construya será la de una relación romántica que ha surgido de forma natural.

No habrá declaraciones explícitas, etiquetas y nada que ninguna de las dos tenga que confirmar verbalmente. Las imágenes hablarán solas.

Brynn no dice nada durante varios segundos porque está ordenando en su cabeza todo lo que ha escuchado.

—A ver si lo he entendido —dice al fin—: ¿me estás pidiendo que finja ser su novia?

—Te estoy pidiendo que aparezcas en público con ella durante cuatro meses.

Brynn suelta una carcajada histérica y se levanta de la silla.

—Esto es una puta locura, no sé qué os habéis tomado esta mañana, pero ni de coña pienso hacer lo que me pides —dice, y camina hacia la puerta.

—Si no aceptas, la demanda sigue adelante —le recuerda Lexi, encogiéndose de hombros—, y la revista ya nos ha dejado claro que no va a respaldarte. Estás sola en esto, Mitchell.

Brynn se detiene en seco y se gira de nuevo hacia la mesa mientras se toma unos segundos para valorar sus opciones hasta que, finalmente, vuelve a su sitio y se sienta, dispuesta a escuchar.

Mira un momento hacia Cameron. La actriz no ha dicho nada desde que ella ha llegado; sigue en el mismo sitio, con la misma postura y su mirada penetrante.

—Supongamos que acepto. ¿Cuáles son las condiciones de ese acuerdo?

La publicista abre una carpeta, extrae un documento de varias páginas y se lo pasa a Brynn, que comienza a leer con el ceño fruncido.

Duración: cuatro meses con opción de revisión.

Apariciones públicas: mínimo dos por mes, acordadas con antelación entre ambas partes.

Comportamiento: ninguna declaración pública sobre la naturaleza de la relación, ni a favor ni en contra.

Confidencialidad: absoluta, sin excepciones, incluyendo amigos, familia y cualquier plataforma pública o privada.

Y después está la cláusula que Brynn lee dos veces para asegurarse de que lo ha entendido bien: la demanda queda suspendida mientras ella cumpla las condiciones, y conserva su puesto de trabajo porque la revista acepta un trato con unas cláusulas que Brynn desconoce, pero que sin duda favorecen a la revista o no lo aceptarían.

Si rompe el contrato, la demanda se reactiva de forma automática y sin posibilidad de nueva negociación.

Brynn lee cada línea buscando lo que no está ahí, la trampa que pueda usar a su favor, el hueco legal o la ambigüedad que le dé margen para moverse, pero no la encuentra.

El documento está bien redactado y no contiene fisuras por ninguna parte, que es justo lo que cabría esperar del equipo legal de Cameron Felton, un equipo contra el que ella no puede pelear porque no está en igualdad de condiciones.

Deja el documento sobre la mesa y mira a Cameron de nuevo.

—¿Por qué yo? —pregunta, dirigiéndose a ella directamente.

—Estratégicamente… —empieza Lexi.

—No me interesa la estrategia —la interrumpe Brynn—. Hay otras opciones que no implican esto. ¿Por qué yo? —insiste.

Cameron la mira durante unos segundos que parecen interminables. No hay duda en su mirada, no hay incomodidad, solo esa calma suya que está sacando de quicio a Brynn.

—Porque eres la persona que más daño me ha hecho —dice con sequedad—, y quiero que lo arregles.

Brynn se queda quieta durante unos segundos, mirándola a los ojos porque siente que, de algún modo, se ha quedado atrapada en sus destellos dorados.

No sabe si es la persona que más daño le ha hecho a la actriz, pero sí sabe que se lo ha hecho; eso no lo puede negar, aunque hay una parte de ella que no puede explicar de forma racional, que intuye que ese no es el único motivo por el que Felton la está eligiendo a ella.

Cameron no la necesita para esto, puede tener a cualquier mujer, seguir adelante con la demanda y hundirla por completo, pero esto que le propone le está dando a Brynn una salida, y ella no sabe qué hacer con lo que está sintiendo ahora mismo.

—Si aceptas, la revista emitirá un comunicado para decir que ese titular jamás debió llegar a publicarse, que fue un fallo interno de producción, una confusión que no volverá a repetirse, pero si no aceptas…

Brynn escucha a Lexi de fondo, como si estuviera bajo el agua y el sonido de su voz le llegara completamente distorsionado.

Intenta concentrarse y baja la mirada al documento que tiene entre las manos, pasando a la última página, que ya tiene la firma de la publicista y la de Cameron.

Cuando Lexi arrastra un bolígrafo sobre la mesa y lo deja frente a ella, Brynn no piensa en nada más, simplemente lo coge y estampa su rúbrica sobre el documento.

Durante los siguientes quince minutos, Lexi le recuerda que todo debe ser creíble, porque el único objetivo de todo esto es hacer que el maldito hashtag deje de circular y la reputación de Cameron se restaure poco a poco.

—Si esto no funciona, la demanda…

—Se activa de nuevo, sí —la interrumpe Brynn—. Lo he pillado.

—Bien; en ese caso, creo que eso es todo. A partir de ahora no hagas planes que no puedas cancelar y estate pendiente del teléfono. Me pondré en contacto contigo cada vez que organicemos una aparición pública con el tiempo suficiente para que puedas prepararte.

—De acuerdo —dice Brynn, y mira a Cameron cuando se levanta.

La actriz sigue sin decir una palabra y ella no es capaz de adivinar qué hay debajo de esa mirada dorada tan parecida a la que Cameron tenía la noche que se conocieron.

Cinco minutos después, Brynn está en la calle, detenida en la acera con el frío colándose por el cuello del abrigo que no ha llegado a abrocharse.

Siente que una parte de ella ha vendido su independencia en esa sala de reuniones, que otra parte ha hecho lo necesario para sortear un problema al que hasta hace unas horas no le veía solución, y que otra parte, una que no puede controlar, desea recibir esa maldita llamada de Lexi Moreno cuanto antes.