Capítulo 11
—Necesito que me escuches sin interrumpirme hasta que termine —dice Lexi, dejando el bolso sobre la mesa del salón y sacando la tablet .
Cameron, que está de pie junto a la puerta con una taza de café y el pelo recogido en una coleta baja, la mira con el ceño fruncido cuando intuye que lo que Lexi va a decirle no le va a gustar.
—Soy toda oídos —asegura, y después da el último sorbo, deja la taza sobre la mesa y se sienta en el sofá.
—Me he reunido esta semana con dos especialistas en gestión de crisis, además de Nico Devine, y los tres han llegado a la misma conclusión por caminos distintos —empieza Lexi, apoyando la tablet en el brazo del sofá sin sentarse todavía—.
La demanda es el arma correcta y hay que mantenerla, pero no es suficiente para cambiar lo que se dice porque, mientras siga siendo Cameron Felton y homofobia, cualquier cosa que hagamos en el plano legal va a quedar sepultada bajo ese titular.
—Dijiste que pensarías en algo para cambiar eso —dice Cameron, sin entender muy bien a dónde quiere llegar.
—Y lo he hecho; ya tengo definida la estrategia complementaria.
La actriz se cruza de brazos y coge mucho aire, como si su cuerpo se preparara para lo que viene, porque por la cara que tiene Lexi ya tiene claro que no va a gustarle .
—Necesitas ser vista públicamente con una mujer.
Cameron se pone rígida de golpe.
—Te dije que no pensaba hacer pública mi orientación sexual solo porque ese titular me obligue —responde enfadada.
—Lo sé, y no te estoy pidiendo que convoquemos una rueda de prensa y te sentemos delante de todos los medios para que te expongas, ni que hagas una entrevista donde expliques tu vida privada. No solo porque sé que eso haría que me odiaras, sino porque tampoco serviría.
Cameron alza una ceja.
—Si lo hacemos así, sería peor. La mayoría daría por hecho que solo lo dices para parar el golpe y salvar tu reputación.
—Entonces, ¿qué es lo que sugieres exactamente? Porque me estoy perdiendo.
—Algo visual que parezca espontáneo, aunque no lo sea.
Tienes que dejarte ver con una mujer: apariciones juntas en sitios donde haya cámaras, primero algo ambiguo y después progresivo, hasta que la narrativa pública cambie sola sin que tú hayas tenido que dar ninguna explicación —Lexi hace una pausa mientras mira a la actriz, cuya expresión le resulta indescifrable—.
La historia pasaría de «Cameron Felton cuestiona la autenticidad queer » a «Cameron Felton tiene una relación con una mujer». El escándalo se desactivaría solo.
Cameron se levanta y da unos cuantos pasos por el salón.
—Me estás pidiendo que mienta.
—Te estoy pidiendo que dejes de ser invisible —aclara Lexi—. Cam, llevas catorce años construyendo una vida pública que no refleja quién eres. Esto no es mentir más; es cambiar la estrategia de forma que te proteja en lugar de exponerte. Sabes de sobra que esto sucederá tarde o temprano.
La actriz se detiene y se cruza de brazos.
—¿Qué es lo que sucederá según tú?
—Que te enamorarás de una mujer y empezarás a hacer exactamente lo que te estoy pidiendo que hagas ahora para salvar tu reputación.
Hasta ahora has mantenido tu sexualidad apartada de los medios porque jamás has sentido lo suficiente por nadie como para plantearte otra opción; eso es lo que te permite fingir relaciones con hombres cuando la gente pregunta demasiado, mientras que, en realidad, te acuestas con mujeres por las que no sientes nada más allá de la atracción, pero, querida, cuando te enamores, te va a importar una mierda quién esté mirando —Lexi se encoge de hombros y esboza una ligera sonrisa—: querrás poder ir de la mano de esa mujer sin necesidad de esconderte y asistir con ella a cada uno de los eventos a los que te inviten.
—¿Eso crees? —Cameron arquea una ceja de nuevo.
—No lo creo; lo sé, porque te conozco muy bien.
—Tal vez, pero estoy manteniendo mi vida personal en privado precisamente porque yo he elegido hacerlo así, no porque alguien me lo haya pedido —dice molesta.
—Lo sé, y por eso jamás he intentado convencerte de que salgas del armario en una entrevista. Lo que te pido es solo que te dejes ver con alguien. Sin declaraciones, sin etiquetas y sin que tengas que explicar nada a nadie.
La actriz vuelve al sofá y se sienta, apoyando los codos en las rodillas.
Odia la idea; le parece justo el tipo de argumento artificial que ella criticó en la rueda de prensa, otra capa de ficción encima de las que hay en su vida pública.
Es otra historia que mantener y un personaje que interpretar fuera del set de grabación, aunque, por otro lado, entiende la lógica de Lexi, y Cameron sabe que si hubiera salido del armario hace tiempo en lugar de fingir que le gustan los hombres, simplemente no habrían llegado a esta situación porque el titular de Brynn no habría tenido ningún sentido.
—Y supongo que ya has pensado con quién haría esto, ¿verdad?
Lexi coge la tablet y abre un documento.
—Tengo una pequeña lista con cuatro nombres.
Todas mujeres discretas, sin conflictos de interés y sin antecedentes que puedan complicar nuestro plan.
Dos están dentro del sector y dos no. Todas han sido informadas de forma preliminar y ninguna ha descartado tener una conversación para llegar a un acuerdo.
Cameron le quita la tablet y mira la pantalla, pero apenas es una ojeada rápida antes de devolvérsela.
—No.
Lexi frunce el ceño.
—Ni siquiera has leído los nombres —protesta la publicista .
—No me hace falta.
Lexi deja la tablet y se acomoda en el sofá.
—¿Te niegas porque descartas la idea o porque tienes algún nombre en mente? —tantea.
Cameron vuelve a levantarse y camina hasta la ventana, mirando un momento hacia el exterior antes de girarse hacia Lexi.
—Brynn Mitchell —dice, y las cejas de la publicista se levantan de golpe.
—¿Perdona?
—Ya me has escuchado: Brynn Mitchell, o es ella o no lo hago.
—Cam —la publicista cruza una pierna sobre la otra y la mira fijamente—. Brynn Mitchell es la periodista que escribió el artículo que generó el maldito hashtag que estamos intentando desactivar. Es la persona a la que estás demandando; no puedes…
—Sí puedo.
Lexi cierra la boca.
—Si yo tengo que exponerme a esta pantomima pública por su culpa, ella también lo hará.
Además, si la periodista que me acusó de cuestionar la autenticidad queer aparece en público conmigo de forma romántica, la historia se destruye sola —explica Cameron, con esa calma fría que a veces desconcierta a Lexi—.
No hay forma de sostener la acusación si la propia acusadora está a mi lado.
Nadie puede mantener ese titular cuando las fotografías están mostrando otra cosa.
Es la única estrategia que no solo desactiva el escándalo, sino que lo convierte en algo estúpido.
Lexi la mira durante un momento en el que su mente va a toda velocidad.
—Es brillante —dice al fin—, y también es una locura.
—Las dos cosas no son incompatibles.
—¿Y la demanda?
—La demanda sigue. Es el arma legal y la mantenemos mientras esto avanza. Si en algún momento la estrategia funciona lo suficiente, valoramos suspenderla como parte del acuerdo.
—¿Parte del acuerdo? —Lexi levanta una ceja—. ¿Ya has pensado en los términos?
—He pensado en la lógica. Los términos los negocias tú .
Lexi se levanta y camina hasta la ventana, colocándose a su lado con los brazos cruzados, mirando la calle.
—Hay un problema evidente —dice pensativa.
—¿Cuál?
—Que Brynn Mitchell no tiene ningún motivo para aceptar esto.
Cameron gira la cabeza hacia ella con esa media sonrisa que usa tan pocas veces que cuando aparece resulta difícil de leer y de ignorar al mismo tiempo.
—Sí que lo tiene; además es uno de peso, porque tiene una demanda encima que no puede pagar.
Lexi parpadea, pensativa.
—Si se lo ofreces como salida a la demanda, puede interpretarlo como chantaje —dice al fin.
—O puede interpretarlo como la única alternativa que tiene. Me da igual si lo ve como chantaje.
—Cam…
—No la estoy obligando a nada, Lexi. Tengo una demanda legítima y le estoy ofreciendo un acuerdo; puede aceptarlo o enfrentarse a ella, eso es decisión suya —explica Cameron.
—Un acuerdo que implica fingir una relación romántica con la persona que la está demandando.
—Ya he dicho que tú te encargas de los términos.
Lexi suelta un sonido parecido a una risa y niega con la cabeza.
—Aceptar la dejaría como una hipócrita por haber publicado ese titular y después liarse contigo, pero podríamos arreglarlo.
Si acepta y la cosa sale como queremos, retiramos la demanda y la revista hace una declaración diciendo que fue un fallo de edición, que ese no era el titular original del artículo.
Que aleguen lo que quieran —un hackeo, un fallo informático—; me da igual —Lexi camina de un lado para otro asintiendo mientras habla, porque ahora sí ve que el plan puede funcionar a la perfección.
—¿A ellos también les retiramos la demanda? —pregunta Cameron, confusa.
—Es necesario para que sea creíble, pero no a cambio de nada.
Les pediremos la aclaración y un acuerdo económico, una indemnización por los daños causados a tu imagen pública que obviamente será un porcentaje de todo lo que tendrían que pagar si la demanda sigue su curso.
Al fin y al cabo, aunque fuera Mitchell la que escribió el titular, fueron ellos los que lo aprobaron.
Cameron asiente.
—De acuerdo, hazlo.
—Antes de hacer nada necesito que me respondas una pregunta.
La actriz la mira, esperando.
—¿Por qué ella? Estratégicamente funciona, lo reconozco, pero hay otras formas de desactivar esto que no implican meses de contacto con alguien hacia quien sientes tanta animadversión.
Cameron no responde.
—Cam.
—Ya te lo he explicado, Lexi: si yo tengo que invertir mi tiempo en desmentir lo que esa periodista ha provocado, es justo que ella haga lo mismo.
Lo que no dice Cameron es que mientras dura esto quiere a Brynn cerca de ella, donde pueda controlarla y asegurarse de que la periodista no escribe nada sobre su vida en ese maldito blog suyo, pero, sobre todo, donde el control de lo que se dice sea suyo y no de una mujer que le está amargando la existencia desde hace meses.
Tampoco le dice que quiere que Brynn Mitchell entienda lo que es vivir bajo la mirada de alguien que tiene poder sobre ti de forma constante, que sepa lo que se siente cuando tus palabras se usan de una forma que no elegiste y cuando son los demás los que controlan la narrativa.
Y lo que tampoco dice, básicamente porque no termina de entenderlo ella misma, es que sabe que, si la demanda sigue adelante, la carrera de Brynn Mitchell estará acabada.
Cameron tiene claro lo que puede demostrarse en un juicio y lo que no, y sabe que la revista la va a abandonar y que una periodista freelance sin el respaldo de un medio no tiene cómo costearse lo que le viene.
Y por alguna razón que escapa a su lógica, Cameron no quiere causarle ese daño, por lo que la propuesta de Lexi se convierte en un salvavidas para Brynn, y si es lista y sabe lo que le conviene, está segura de que aceptará.
—Haz la llamada, Lexi.
—Muy bien, pero si esto sale mal —advierte la publicista—, y hay muchas formas de que lo haga, va a ser peor que el hashtag .
—¿Cómo podría salir mal? —Cameron siente que algo se tensa justo encima de los ojos, involuntario.
—Tú eres actriz, pero Mitchell no. Si alguien descubre que la relación es falsa, se convertirá en un escándalo del que no tengo ni idea de cómo podría salvarte.
—Tal vez, pero si esto sale bien, el hashtag deja de existir y la demanda puede disolverse sin un juicio que nos tenga a las dos en las portadas durante ocho meses.
Lexi asiente, recoge la tablet y el bolso.
—¿Hay algo más que debería saber antes de hacer esa llamada? —pregunta antes de dirigirse hacia la puerta.
—No —asegura Cameron con sequedad.
Lexi la mira un segundo y después se gira hacia la puerta.
—Me ocupo de ello esta tarde —dice, y se va, y Cameron contiene la respiración cuando experimenta una sensación de vértigo en el estómago ante la posibilidad de que Mitchell acepte.