Portada falsa Capítulo 7
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Capítulo 7

El hashtag Camefoba lleva doce horas activo cuando Cameron deja el móvil a un lado y se pasa la mano por el pelo, frustrada.

Ha leído el artículo completo tres veces.

Sus palabras están ahí, exactamente como las dijo, con el contexto y los matices intactos.

Brynn Mitchell no ha mentido, no ha añadido nada que Cameron no dijera delante de una sala llena de grabadoras.

Lo que ha hecho es otra cosa: ha elegido un titular que convierte una crítica a la industria en una declaración de homofobia, y ha apostado a que la mayoría de la gente no leerá más allá de ese titular.

La jugada le ha salido bien. Las notificaciones llevan horas siendo un ruido de fondo que Cameron ha aprendido a ignorar, pero lo que no puede ignorar es la llamada de su representante en el estudio, cuando le ha dicho que dos de las marcas con las que trabaja de forma habitual han pedido una reunión urgente, probablemente para cancelar dicha colaboración.

El estudio, por otro lado, ha emitido un comunicado que dice que ellos respetan todas las identidades —como si Cameron no lo hiciera— una frase que deja claro que no quieren verse salpicados por toda la mierda que le está cayendo encima por culpa de esa periodista que se la tiene jurada.

Está en el sofá de su apartamento esperando a que llegue Lexi con alguna solución cuando recibe una llamada de Evan.

—¿Cómo estás? —pregunta él a modo de saludo.

—Enfadada, tan enfadada que tengo ganas de romper cosas —responde ella, respirando profundamente para intentar calmarse.

—Lo entiendo, esta vez se ha pasado —dice Evan.

—¿Solo pasado? Esta mierda me puede costar la carrera, Evan, y lo sabes.

—Lo sé —confirma angustiado—. ¿Has hablado con Lexi?

—Viene de camino, pero no se me ocurre una manera fácil de solucionar esto.

Cameron se levanta del sofá y camina hacia la ventana, apoyando la frente en el cristal porque se siente febril de tanta rabia acumulada.

—Lo que me irrita —dice, cerrando los ojos un momento—, no es que lo haya publicado. Es el titular. Mis palabras están ahí, Evan, todo lo que dije está en el artículo, pero nadie va a leer el artículo porque el titular ya lo ha decidido todo.

—También lo sé.

—He criticado a las productoras por instrumentalizar a sus actores y ese titular de mierda le ha dado la vuelta hasta convertirlo en la afirmación de que odio a los gays.

—Es irónico —dice Evan con tono suave, y ella suspira y asiente para sí misma—, que te acusen de homófoba cuando eres la mujer más lesbiana que conozco.

Cameron aprieta la mandíbula y no responde, pero vuelve a asentir, porque Evan tiene razón, es lesbiana y lo sabe desde que tenía trece años y se sintió atraída por una de sus compañeras en clase de teatro, el problema es que eso solo lo sabe personas muy contadas, porque Cameron jamás ha hecho pública su sexualidad para proteger su intimidad, de hecho, hasta ha fingido relaciones con hombres —amigos íntimos y gays— solo por mantener esa parte de su vida para ella.

—Cam —dice Evan ante su silencio, bajando un poco el tono—, hay una salida muy sencilla de todo esto.

—No.

—Ni siquiera me has dejado terminar.

—Sé lo que ibas a decir y la respuesta es no —suelta Cameron.

—Escúchame un momento. Si sales del armario ahora mismo, el hashtag muere en una hora. La historia cambia completamente, pasas de ser la villana a ser la heroína de todo el colectivo y a la mierda todo esto…

—He dicho que no, Evan.

—Serias alguien que llevaba años viviendo bajo una presión que el público no conocía y que ahora…

—Evan —lo interrumpe Cameron con una calma que le cuesta mantener—, llevo años decidiendo que mi vida privada es mía.

No voy a hacer pública mi condición sexual porque Brynn Mitchell haya escrito un titular engañoso.

Eso es exactamente lo que criticaba en la rueda de prensa: que una persona haga pública su sexualidad cuando le conviene a la versión de los hechos de otra.

No voy a darle esa victoria, ni a ella, ni a nadie.

Evan se queda callado unos segundos.

—Lo entiendo. Entonces, ¿qué vas a hacer? —pregunta su amigo, que se siente impotente por no saber cómo ayudarla.

—Ni idea, pero para eso le pago a Lexi.

—Yo podría declarar que te conozco desde hace años y eso es completamente falso. No sé si ayudaría mucho, pero lo haré si lo necesitas.

—Gracias, Evan, pero no creo que sirva. Eres mi amigo y eso lo sabe todo el mundo, dirán que lo dices para ayudarme y acabarás salpicado. No te preocupes, Lexi lo resolverá.

—De acuerdo, cuéntame lo que decide. Suerte, Cam —dice antes de colgar.

Lexi llega cuarenta minutos después con Margot Stuart, que es la abogada de Cameron desde hace ocho años.

La actriz se queda desconcertada en un primero momento al verla allí con su publicista, hasta que comprende que la cosa parece más grave de lo que ella había pensado.

Las dos se sientan en el salón, Margot con una carpeta delgada sobre las rodillas y Lexi con el teléfono en la mano como siempre.

—Vale, ¿cómo es de grave? —quiere saber Cameron.

—El artículo en sí no presenta problemas legales significativos —empieza Margot—. Las declaraciones son tuyas, están en contexto y están verificadas por al menos veinte grabaciones distintas de la rueda de prensa. Brynn Mitchell no ha mentido en el cuerpo del texto.

—Eso ya lo sé —dice Cameron cortante, sintiendo que empieza a desesperarse.

—El problema, y también la oportunidad, es el titular —Margot abre la carpeta—.

Un titular es una decisión editorial, no una cita.

En este caso, el titular atribuye una posición a una persona pública de una forma que el propio texto del artículo contradice.

Eso es intencionadamente engañoso y ha generado un daño económico cuantificable: dos contratos publicitarios en riesgo, el comunicado del estudio que implica un distanciamiento, y el impacto en tu reputación que los números de las últimas horas reflejan.

Tenemos base sólida para una demanda por difamación, no contra el artículo, sino contra el encuadre premeditado del titular.

Cameron mira a Lexi, sintiendo que su pulso se acelera porque al fin puede demandar a esa periodista que es peor que un grano en el culo y pararle los pies de una vez por todas.

—¿Y la revista?

—La revista autorizó la publicación —dice Lexi—, así que sí, podría incluirse en la demanda.

—Hazlo —dice Cameron sin pensarlo un solo segundo.

—Cam, una demanda también genera ruido —dice Lexi, cruzando los brazos—, y este tipo de procesos se alargan. Puede durar meses, lo que significa meses de cobertura, meses de preguntas en cada entrevista, meses de…

—¿Y la alternativa? —la interrumpe Cameron—, ¿quedarme callada mientras Brynn Mitchell me destroza la carrera con un titular que ella sabe perfectamente que es engañoso?

—La alternativa sería una declaración pública tuya que corrija el encuadre y…

—No.

—Déjame acabar. Una declaración que ponga el foco en lo que realmente dijiste.

—Ya sé lo que dije, Lexi, estaba ahí —Cameron se levanta y se apoya en el brazo del sofá—. Lo que no voy a hacer es salir a explicarme como si me hubieran pillado en algo. No he hecho nada malo.

—Lo sé.

—Pues que lo demuestre un juicio si hace falta —Cameron mira a Margot—. ¿Cuánto tiempo tenemos para presentar la demanda?

—Podemos tenerlo listo en una semana si decides seguir adelante.

—Por supuesto que sigo —dice Cameron—, y que sea contra ella y contra la revista.

Lexi suspira y anota algo en el teléfono. Margot recoge la carpeta y Cameron vuelve a la ventana y mira la calle, que sigue pareciéndole ajena al problema que ella tiene encima.

—Una cosa más —dice Lexi desde detrás—, esta tarde tienes que responder el mensaje del estudio .

—Ya lo haré.

—Cameron.

—He dicho que ya lo haré, Lexi.

—Está bien, después te paso lo que debes decir. Cíñete al texto y mantén la boca cerrada mientras nosotras arreglamos esto.

Lexi llega hasta la puerta y se gira hacia Cameron.

—Por boca cerrada también me refiero a las redes, ni se te ocurra contestar a nada y mucho menos atacar a Brynn Mitchell.

—De acuerdo.

La publicista y la abogada se van juntas diez minutos después, y Cameron se queda sola en el salón con el teléfono sobre la mesa y mientras el hashtag sigue creciendo en algún servidor al que ella no tiene acceso y que no puede controlar.

Coge el teléfono, bloquea la aplicación de X y va a la cocina a por un vaso de agua.