Portada falsa Capítulo 6
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Capítulo 6

En la actualidad.

Lexi le confirmó que Brynn Mitchell estaría acreditada en la rueda de prensa, y Cameron apretó la mandíbula.

—Que escriba lo que quiera. Ya no puede hacerme daño —dijo con frialdad.

Eso fue esta mañana. Ahora tiene delante cuatro filas de periodistas y lleva dos minutos buscándola con la mirada, hasta que la localiza en la cuarta fila con la mano levantada y el cuaderno apoyado en la rodilla. Brynn Mitchell, en persona, en su rueda de prensa.

Cameron sonríe y la mira fijamente durante un segundo, el tiempo justo para que Brynn sepa que la ha visto, y después desvía la mirada hacia otro lado.

—Sí, tú —dice, señalando a un periodista de un medio que Brynn sabe perfectamente que tiene la mitad de la audiencia que el suyo.

Evan, que está a su lado respondiendo preguntas sobre la película que terminaron de rodar hace unas semanas, inclina la cabeza hacia ella sin girarla del todo.

—¿Eso ha sido necesario? —susurra Evan con la sonrisa fija para las cámaras, mientras el periodista se levanta y se prepara para preguntar.

—¿El qué? —responde Cameron, tapando el micro con la mano por si acaso.

—Mirarla antes de darle la palabra a otro, la estás provocando.

Cameron no contesta porque el periodista ya está haciendo su pregunta, que tiene que ver con el proceso de rodaje y que Cameron responde con la versión que tiene ensayada sobre los retos de trabajar con un director exigente y un presupuesto ajustado, la versión que es verdad, pero que no dice nada que no haya dicho ya en otras tres ruedas de prensa.

Mientras habla, ve de reojo que Brynn sigue con la mano levantada.

La siguiente mano que señala es la de un periodista de una cadena de televisión que pregunta algo sobre la banda sonora.

Después, una mujer de una revista de moda que quiere saber qué llevarán en el estreno.

La actriz responde, Evan añade algo gracioso que hace reír a la sala y ella aprovecha para mirar hacia la cuarta fila.

Brynn ha bajado la mano. Tiene el bolígrafo entre los dientes y la mira como si quisiera fulminarla, y Cameron esboza una sonrisa que empieza mirando a Brynn y termina cuando la desvía para decidir a quién le da voz.

El siguiente en levantar la mano es un hombre joven que Cameron no ubica en ningún medio concreto, y cuando abre la boca, la pregunta no tiene nada que ver con la película.

—Cameron, esta semana se ha hablado mucho de la ola de visibilidad queer en Hollywood después de la salida del armario de Daniel Marsh. ¿Cuál es tu postura sobre cómo la industria gestiona ese tipo de declaraciones públicas?

Cameron nota que Lexi se mueve ligeramente al final de la mesa, fuera del encuadre de las cámaras.

La mira un segundo preguntando sin palabras qué tiene que hacer, porque la pregunta no tiene nada que ver con la película, y Cameron está bastante segura de que la mujer de la cuarta fila y su primer artículo donde mencionó a una actriz que daba falsas esperanzas a las periodistas, tiene algo que ver con que esa pregunta esté en esta sala, porque fue su nombre el que resonó como posible actriz culpable de eso, y, por consiguiente, de ser lesbiana.

Lexi le hace un leve asentimiento con la cabeza para que responda y Cameron sabe que si le pregunta por qué quiere que lo haga, le dirá que no responder podría malinterpretarse, y que debe ser transparente en este tipo de preguntas.

Se toma un momento antes de responder, el tiempo justo para que no parezca que está eligiendo las palabras con cuidado, aunque es exactamente lo que está haciendo.

—Lo que me parece más interesante no es tanto la visibilidad en sí, sino saber para quién existe esa visibilidad y en qué momento aparece —dice, mirando directamente al autor de la pregunta—.

La industria tiene una larga historia de utilizar las narrativas personales de sus artistas cuando le resultan convenientes para la promoción de un proyecto, y creo que eso merece una mirada crítica.

Cada uno hace lo que quiere con su imagen, pero a veces uno se pregunta si todo es real.

Hay un silencio breve en la sala. Cameron coge el vaso de agua que tiene delante y bebe mientras espera que el periodista se siente, pero no lo hace.

—¿Podrías desarrollar eso?

—Creo que ya lo he desarrollado bastante —responde Cameron, con una sonrisa que cierra conversaciones sin dar un portazo.

Brynn se levanta entre los primeros cuando la rueda de prensa termina, sin molestarse en acercarse a los actores para la ronda de comentarios informales porque sabe que Cameron ya se ha encargado de que nadie le permita formular ninguna pregunta.

Recoge el cuaderno, lo mete en el bolso junto a la grabadora y cruza la sala hacia la salida sin mirar hacia la mesa, reuniéndose con James para volver a la redacción.

En el taxi de vuelta escucha la grabación dos veces.

La declaración completa de Cameron está ahí, con todo el contexto, con los matices y con la parte donde habla de la diferencia entre ser visible y ser utilizado.

Brynn lo entiende. Sabe exactamente de qué está hablando Cameron porque lleva meses leyendo entre líneas todo lo que esa mujer dice en público.

También sabe que esa última frase, aislada del resto, es pura dinamita.

Rita lee el borrador en silencio con el café en la mano, y Brynn espera en la silla de enfrente sin tocarse el bolígrafo que tiene en el bolsillo porque en el despacho de Rita intenta controlar ese hábito.

—El titular —dice Rita al fin, sin levantar la vista de la pantalla.

—Son sus palabras en una rueda de prensa abierta —dice Brynn—. No he cambiado nada ni me he inventado algo que ella no haya dicho, y el titular refleja el tono general de lo que dijo.

—El titular insinúa que Cameron Felton cuestiona la autenticidad queer de sus compañeros.

—El titular dice que cuestiona si todo es real. Que es literalmente lo que dijo.

Rita deja el café sobre la mesa y la mira .

—Sabes perfectamente que la mitad de los que lo lean no va a leer lo demás.

—Eso no es responsabilidad nuestra.

—Cierto —dice Rita, que se queda pensando y se frota la frente con los dedos.

Tiene una vocecita en la cabeza diciéndole que antes de dar el visto bueno haga que Brynn envíe el artículo al departamento legal, pero sabe que, si no publican pronto, otros medios lo harán y se llevarán la mayoría de las visitas.

Por una vez, deja que la codicia la gobierne, porque sabe el tráfico que genera cualquier artículo de Brynn sobre Cameron Felton gracias a esa guerra abierta que mantienen que ella nunca ha entendido del todo. Y ese tráfico genera muchos ingresos.

—Envíalo para su publicación —decide Rita—. Pero como esto nos explote en la cara, tú y yo vamos a tener una conversación muy larga e incómoda.

—Entendido —responde Brynn, en parte sorprendida porque estaba segura de que le iba a tocar cambiar el título.

—Ese titular podría ser una bomba de relojería —dice James, sin apartar la vista del teléfono mientras le da un sorbo a su café y va leyendo el artículo que han publicado sobre Cameron en la rueda de prensa.

Están en el bar de la esquina donde van cuando tienen unos minutos libres y necesitan despejarse del jaleo de la redacción. El artículo de Brynn acaba de publicarse y ella estaba tan inquieta que ha arrastrado a su amigo con ella.

—Es un titular como otro cualquiera —dice ella, girando su vaso sobre la servilleta de papel.

—Claro —responde James levantando una ceja, dejando el teléfono boca abajo sobre la mesa y mirándola con esa expresión que a Brynn le resulta mucho más irritante que si dijera algo—. Como otro cualquiera, lo que no entiendo es que Rita lo haya aprobado.

Brynn no responde. Sabe que James tiene razón porque ella misma lo pensó cuando Rita le dio luz verde, pero reconocerlo en voz alta es otra cosa.

Además, la declaración estaba ahí, en una rueda de prensa abierta grabada por docenas de periodistas distintos.

Ella no se ha inventado nada. Lo que sí ha hecho es elegir ese titular entre todas las opciones que tenía, y eso sí que la convierte en culpable .

El teléfono de James vibra sobre la mesa y él le da la vuelta con una ceja levantada.

—Vamos a ver —dice, mostrándole la pantalla.

Las notificaciones se acumulan en la aplicación de X a una velocidad que a Brynn le produce vértigo, porque es la misma velocidad a la que se movía el artículo de su blog sobre el ego de Cameron.

En los primeros comentarios, la frase de Cameron aparece recortada, sin el párrafo anterior ni el posterior, flotando sola como si eso fuera todo lo que dijo.

Brynn arruga la frenet, coge su propio teléfono y mira los números del artículo.

—¿Ves? —dice James—. Bomba de relojería.

Brynn contiene la respiración, porque, aunque el titular puede llegar a confundir, una vez leído el artículo las propias palabras de Cameron lo aclaran y no generan debate ninguno, pero alguien ha recortado la imagen con el titular, y eso, y no el artículo completo, es lo que se está haciendo viral.

¿Cameron Felton cuestiona la autenticidad queer?

Brynn lo relee una y mil veces, la pregunta no miente, Cameron realmente lo cuestionaba, pero no para ella misma, sino refiriéndose a que son las grandes productoras las que utilizan las salidas del armario de sus actores cuando les conviene.

En ningún momento ha criticado a ningún compañero de profesión ni al colectivo en general, pero Brynn sabe que con esa sola frase circulando por ahí, Cameron va a tener muchos problemas, y ella también.