Portada falsa Capítulo 5
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Capítulo 5

Flashback, día de la entrevista.

Brynn está sentada en la mesa donde hace las entrevistas para el pódcast de la revista, una iniciativa del departamento de marketing para captar otro tipo de público que resultó ser un éxito desde que la implantaron hace siete meses.

La periodista tiene la mirada fija en la lista de preguntas que le han pasado esta mañana y que lleva repasando casi dos horas.

Tiene las que puede hacer y las que no, las que la agente de Cameron Felton descartó y que son condición para que su representada se siente frente a ella.

Las piernas de Brynn se mueven a toda velocidad debajo de la mesa. Está muy nerviosa y todavía no puede creerse su mala suerte: cuando al día siguiente de haber publicado el artículo llegó a la redacción, Rita le dijo que la entrevista de esa semana era con Cameron Felton.

Piensa que es el karma, que se lo merece porque su reacción fue un poco desproporcionada, y ahora hay mucha gente que especula en las redes diciendo que la actriz de la que habla es Cameron Felton.

Lo peor es que no puede intervenir para negarlo, porque entonces pondría el foco en cualquier otro nombre, así que lo único que puede hacer es rezar para que Cameron no lo haya leído.

—¿Lo tienes todo claro? —pregunta Rita, apareciendo a su lado como si fuera un espectro .

Brynn casi salta de la silla del susto, pero se recompone y se echa hacia atrás en el respaldo, intentando aparentar una seguridad que no siente.

—Sí, sé lo que puedo preguntar y lo que no, tranquila. Ahora voy a ver otras de sus entrevistas para saber el tipo de respuestas que puedo esperar.

—Frías, eso seguro —dice Rita—. Esa mujer siempre sabe lo que tiene que decir y cómo cortar en seco lo que no le interesa.

Brynn la mira y parpadea, desconcertada.

Todo le parece muy confuso porque lo que Rita describe es la imagen que Cameron Felton siempre ha proyectado, de ahí que algunos medios la llamen la reina de hielo, pero eso no fue lo que ella vio en aquella terraza durante la hora que estuvo hablando con ella.

La actriz le pareció cercana, espontánea e incluso divertida a pesar de su mirada intimidante; pero después se recuerda que probablemente estaba ensayando alguno de sus personajes, y vuelve a sentirse utilizada y ninguneada.

—Supongo, pero si no me salgo del guion pactado, todo debería ir bien —comenta Brynn de forma mecánica.

Rita asiente y pasa de largo para hablar con los técnicos, y la periodista agradece quedarse sola porque los nervios se la están comiendo y no sabe qué hacer para detenerlos.

Lo que más le perturba —y le parece incoherente— es que en el fondo espera que Cameron tenga una explicación creíble para ese mensaje sin respuesta.

Que le diga algo absurdo como que se dio un golpe en la cabeza justo después de leerlo, perdió la memoria momentáneamente y se olvidó de que tenía que responderle.

Brynn sacude la cabeza para apartar sus pensamientos estúpidos y se centra en una de las entrevistas que ha seleccionado para ver, pero no consigue concentrarse porque tiene un cosquilleo raro en la boca del estómago desde que sabe que tiene que entrevistarla.

Y es muy consciente de que la mitad de lo que siente es por el temor de que Cameron haya leído el artículo y monte algún número cuando llegue, exigiendo que no sea Brynn quien la entreviste; pero la otra parte no tiene nada que ver con eso: tiene que ver con un pellizco que se desplaza más abajo por su cuerpo cuando piensa en esa mujer.

—Menos mal que el pódcast no es en directo —comenta Rita, cruzada de brazos y piernas en la silla desde la que siempre presencia la entrevista.

Son las cuatro de la tarde, la entrevista era a las tres y media, y Brynn ni siquiera puede contestar lo que diría siempre en un caso así —que los artistas solo respetan sus propios horarios, no los de los demás— pero se queda callada porque teme que el motivo de que Felton no aparezca sea su maldito artículo.

Y después se dice, para aliviar su culpa, que alguien como Cameron Felton no pierde el tiempo leyendo blogs de periodistas culturales, y menos el suyo, que apenas tiene unos miles de seguidores.

—Acabo de hablar con su publicista —dice la técnica de sonido—. Dice que está llegando.

Rita se levanta de un salto, con la expresión de hastío que tenía hace unos minutos convertida en una sonrisa enorme que le mostrará a Cameron en cuanto llegue.

Brynn resopla y ajusta el micrófono que tiene sobre la mesa; después relee todas las preguntas que tiene permitido hacer y descarta una porque le parece muy cliché.

—Es un placer tenerla aquí —escucha decir a Rita.

—Gracias —responde otra voz.

Brynn se yergue en su silla, porque ha reconocido su voz de inmediato y algo le ha tensado el estómago de golpe.

Se gira y ve cómo Cameron Felton camina junto a Rita y otra mujer que deduce que debe ser su publicista.

La actriz lleva el pelo recogido y una chaqueta oscura encima, pero lo que más impacta a Brynn es la expresión sombría que hay en su rostro, como si estuviera de muy mal humor y lo último que le apeteciera fuera esa entrevista.

Cuando llegan hasta ella, Cameron la mira y ambas se quedan enganchadas durante un segundo antes de que la actriz desvíe la mirada hacia el resto de las personas que hay en la sala, como si Brynn fuera una más y no la recordara, a pesar de que solo han pasado tres semanas.

—Le presento a Brynn Mitchell, ella le hará la entrevista —dice Rita, con una sonrisa tan amplia que Brynn está segura de que se está haciendo daño en las mejillas.

Brynn extiende la mano mientras contiene la respiración, y Cameron se queda mirándola un segundo con esos ojos ambarinos que perfectamente podrían lanzarle una descarga eléctrica y fulminarla al instante.

—Cam… —dice Lexi en un susurro de advertencia que Brynn escucha y la pone más nerviosa .

La actriz mira un momento a su publicista y después mueve la mano y estrecha la de Brynn, dándole un apretón tan fugaz como fuerte que hace que le duelan un poco los dedos cuando la suelta.

—Pues cuando queráis. Tú puedes esperar conmigo allí —dice Rita, dirigiéndose a Lexi.

Las dos mujeres caminan hacia las sillas del lateral de la sala y Brynn se queda sola frente a Cameron.

—La entrevista era hace media hora —suelta, porque está muy nerviosa y eso es lo primero que se le ha pasado por la cabeza.

—Lo sé —responde Cameron, girándose para ir a sentarse en su sitio al otro lado de la mesa.

Brynn aprieta la mandíbula y también vuelve a su silla, irritada por la soberbia de una mujer que llega tarde y ni siquiera pide perdón, como si su tiempo tuviera más valor que el de los demás. Sabe que probablemente es así, pero eso no justifica su actitud.

Lo que no sabe Brynn es que Cameron está completamente agotada, que viene directamente después de diez horas seguidas de ensayos, sesiones de fotos y reuniones, que ha discutido con Lexi durante el trayecto porque quería que suspendiera esta entrevista y la que tiene mañana, y que ha tenido una llamada muy tensa con su madre.

El resultado es que está cansada, de mal humor y sin ganas de hablar, y mucho menos con la traidora que tiene delante.

—¿Lista? —pregunta Brynn.

—Sí. —El tono de la actriz es tan seco que Brynn contiene la respiración mientras la mira y se pregunta si esta es la verdadera Cameron Felton y no la que ella conoció.

¿Se acuerda al menos de ella, o hizo una actuación tan perfecta que ni siquiera registró su rostro porque estaba concentrada en el papel?

O, lo que es peor: ¿se acuerda de ella, pero ha leído el artículo y ahora la odia?

Brynn muerde el tapón de un bolígrafo, desconcertada, porque toda la situación que rodea su experiencia con Cameron Felton es extraña y no sabe cómo gestionarla.

Tapa el micrófono con la mano y la mira, dispuesta a preguntarle si la recuerda porque no podrá concentrarse hasta saberlo, pero la interrumpe la voz de Rita .

—Empieza, Brynn, el tiempo de la señorita Felton es muy limitado.

Brynn coge mucho aire y mira al personal técnico para indicar que está lista para comenzar.

Antes de que pueda envenenarse más pensando en la actitud déspota de la mujer que tiene delante y su tiempo limitado, le hacen un gesto para indicarle que están grabando y no le queda más remedio que empezar.

La entrevista comienza y cuando apenas lleva cuatro preguntas, Brynn ya sabe que no va a sacar nada útil de esa conversación ni ningún titular potente que despierte la curiosidad de los oyentes cuando anuncien el episodio de la semana, porque Cameron responde y es educada, pero todo en ella está hueco y su mirada completamente ausente; habla como si se hubiera aprendido de memoria las respuestas adecuadas y estuviera recitando lo que ya ha dicho en otros medios.

Brynn intenta cambiar el ángulo, reformular las preguntas que tiene delante de forma que pueda añadir algo más y, con suerte, obtener alguna respuesta de la actriz que no estuviera previamente planeada, pero Cameron la sortea con maestría y a veces tiene la sensación de que quiere sonreír cuando ve la cara de exasperación de la periodista.

—¿Hay algún aspecto del personaje que has interpretado con el que te hayas sentido personalmente identificada? —pregunta Brynn.

Cameron la mira con esa expresión que la periodista lleva doce minutos intentando descifrar sin conseguirlo.

—Creo que cualquier actriz que se toma en serio lo que hace encuentra algo personal en cada personaje. Es parte del proceso.

—¿Y en este caso concreto?

—En este caso también.

Brynn deja el bolígrafo sobre el cuaderno, desesperada.

—¿Podrías ser más específica?

—El personaje se enfrenta a una situación de pérdida que requiere tomar decisiones difíciles —dice Cameron—. Eso es algo con lo que cualquier persona puede identificarse en algún nivel.

Es una respuesta perfectamente pensada para no decir nada. Brynn lo reconoce porque ella misma ha elaborado frases así alguna vez, cuando no quería revelar demasiado, pero tampoco podía negarse a responder .

Sigue intentándolo durante otros diez minutos.

Prueba el ángulo de la industria, el de los proyectos futuros e incluso el del festival donde la película se estrenará.

Cameron responde a todo con la misma cortesía glacial, sin rastro de la mujer que en una terraza de Manhattan le habló de cuánto le molestaba la hipocresía de esos eventos, la miró como si realmente le gustara lo que veía y acabó dándole su número de teléfono.

Y todo para después no responderle cuando le escribió.

Brynn cierra el cuaderno.

—Creo que tenemos suficiente —dice, aunque no está nada satisfecha.

—Perfecto —responde Lexi desde el rincón, donde ha estado durante toda la entrevista.

Rita le dice algo a la publicista que hace que esta se entretenga, y Brynn aprovecha para interceptar a Cameron cuando se levanta dispuesta a marcharse.

—¿Te acuerdas de mí? —pregunta, y Cameron se humedece el labio y después se lo muerde.

No es un gesto coqueto ni pensado para seducir, sino para mostrar su frustración, pero Brynn siente que algo le aletea por el vientre y junta las piernas para calmar la sensación mientras se maldice por sentirse así con esa mujer.

Cameron, que va subida en unos tacones de diez centímetros que la hacen más alta que Brynn, da un paso hacia ella e inclina un poco la cabeza hacia un lado.

—Por desgracia, sí —espeta con ese tono seco que ha utilizado desde que ha llegado—. Te recuerdo a ti y a tu maldito artículo; espero que hayas ganado muchos seguidores a los que castigar con tu prosa de mierda.

Brynn se queda congelada, con la boca medio abierta y el corazón en la garganta.

Lo ha visto: Cameron Felton leyó su artículo y por eso la mira como si la odiara, pero también la recuerda, y por absurdo que parezca, Brynn solo puede pensar en lo segundo, sin que su cerebro sea capaz de enviar la orden de hacer la pregunta que verdaderamente le importa: saber por qué le dio su número si no pensaba responderle.

—Ha sido un placer —dice Lexi, estrechando la mano de Rita.

Brynn parpadea al escucharla y cuando su mirada enfoca bien de nuevo, se da cuenta de que Cameron ya está saliendo por la puerta .

—Qué desastre —suelta Rita en cuanto se quedan a solas—. No has conseguido que dijera nada nuevo, Brynn. Hemos entrevistado a Cameron Felton y no hemos sacado nada interesante para los lectores.

—Lo sé, lo siento. Lo he intentado, pero es que esa mujer es…

—Seca y maleducada —completa Rita para sorpresa de Brynn, que piensa lo mismo, además de muchas otras cosas que le tienen la sangre hirviendo.

¿Quién se cree que es? Fue ella quien inició la conversación en aquella terraza, ella la que le dedicó la sonrisa más seductora que Brynn ha visto nunca y ella la que propuso mantener el contacto, ¿y ahora está ofendida?

Brynn está tan exasperada que ni siquiera espera a llegar a su casa. Se sienta en su mesa de trabajo, abre el portátil e inicia sesión en su blog para escribir un nuevo artículo que deje claro de verdad cómo es esa mujer.

Escribe rápido, con el ritmo furioso que tiene cuando está enfadada. No tiene que pensar en el tono ni en la estructura; ambas cosas salen solas porque lo que tiene dentro está lo suficientemente claro como para necesitar poco trabajo.

Esta vez pone el nombre. El artículo se llama La actriz del momento y su ego del tamaño del set , y en él Brynn describe —con la precisión de quien ha tomado notas mentales durante cuarenta minutos de espera y doce de entrevista— a una actriz que llega tarde sin disculparse, que responde preguntas sin decir nada concreto y que ha perfeccionado el arte de estar presente sin estarlo.

Lo escribe con nombre y con ejemplos concretos, y cuando termina lo lee dos veces antes de programarlo para que se publique después de las siete de la tarde, la hora a la que siempre publican el pódcast.

Lo que Brynn no sabe es que a la mañana siguiente, cuando se levante, descubrirá que su artículo tiene casi tantas visitas como el episodio; que cuando apenas lleve unas horas publicado, tendrá más retuits que todo lo que ha escrito en su blog desde que lo inició.

Tampoco sabe que un día después, cuando Cameron lea los comentarios, las citas y los memes, decidirá responder a pesar de la advertencia de Lexi Moreno, quien también tendrá que explicarle a la actriz que no pueden demandar a Brynn por escribir lo que piensa de ella, que si no se hubiera comportado como alguien con un palo metido por el culo, a lo mejor ese artículo no existiría.

La guerra abierta entre ambas será tan viral que Cameron tendrá que responder preguntas de otros periodistas sobre el blog de Brynn Mitchell.

—No leo blogs de gente que necesita inventarse enemigos para tener audiencia.

Y así comenzará una guerra entre las dos que se prolongará durante meses, y todo por un malentendido que podría aclararse si en lugar de pelearse, se sentaran a hablar.