Capítulo 4
Dos semanas después de la gala.
Han pasado catorce días desde la gala y Cameron no ha tenido tiempo de pensar en casi nada que no sea el próximo rodaje, las promociones y los compromisos que Lexi le agenda con una eficacia que a veces roza el sadismo, pero en todos esos días sí ha encontrado un hueco para pensar en Brynn Mitchell.
No lo ha hecho de una forma que le quite el sueño —porque acaba agotada y prácticamente se desmaya cuando se tumba— pero sí en todos los huecos que quedan entre un acto y otro, o mientras la maquillan y no puede hacer nada más que darle vueltas a las cosas.
Ha pensado en ella de una forma que la irrita, porque Brynn le prometió que le escribiría, pero no lo ha hecho.
Eso la hace sentir muy extraña, casi traicionada, porque Cameron le dio su número real, el que no da a casi nadie, el que no es el de su agente ni el que se inventó hace tiempo y usa cuando alguien se lo pide en un evento y no quiere ser descortés.
Se lo dio porque quiso, porque durante esa hora en la terraza Cameron no solo se sintió atraída por Brynn, también se sintió cómoda, y eso es algo que no le pasa a menudo porque apenas puede mantener una conversación de dos frases sin que la persona con la que habla haga mención a alguna de sus películas, a su atractivo o a su red de contactos.
Brynn no hizo nada de eso, y Cameron tuvo la sensación de que la chica estaba viendo a la persona y no a la actriz, pero al parecer, no fue nada de eso.
Lo que más le cuesta aceptar no es el silencio, sino no haberlo visto venir, porque Brynn es menor que ella, y a alguien joven y atractiva como esa chica lo más probable es que lo único que le interesaba esa noche era ese momento en concreto porque estaba aburrida, pero después Cameron se convirtió en una actriz más de la gala y en una anécdota que contarle a su amiga cuando llegara a su casa, porque ahora que lo piensa, Cameron está segura de que tenía a alguien, y que solo aceptó su número por cortesía, sin molestarse en apuntarlo.
—Cam, ¿estás bien? —pregunta Lexi, sentada frente a ella en los sillones de su casa.
Ella levanta la mirada del guion que tiene entre las manos y la mira como si le estuviera hablando de algo que no entiende.
Llevan dos horas en su piso, mientras Lexi, que además de su publicista es algo muy parecido a una amiga o una madre, la ayuda a interpretar frases del guion para ver si conecta con el personaje y acepta el papel.
Cameron agradece contar con ella, pero a veces la desquicia porque si ella es perfeccionista, Lexi lo es un poco más, y llevan leyendo la misma escena de diez frases casi una hora.
—Estaría mejor si pasamos a la siguiente escena —espeta irritada.
Lexi entorna la mirada y levanta los brazos para apretarse la coleta.
—Pararemos cuando te centres; ¿qué mierda te pasa? Estás leyendo los diálogos sin más, no estoy viendo a la actriz por ninguna parte.
Cameron se encoge de hombros y deja caer el guion en la mesita que tiene al lado, cruzándose de piernas mientras mira un punto fijo en la pared.
—Dejémoslo para mañana, estoy cansada.
—Está bien —Lexi también deja los papeles—. ¿Te preocupa algo? Tengo la impresión de que llevas toda la mañana con la cabeza en otra parte.
Cameron la mira y se masajea la nuca como suele hacer cuando está incómoda.
—No es nada importante, solo estoy cansada, ya te lo he dicho.
—De acuerdo, ¿te parece si hablamos de la entrevista del jueves? —pregunta la publicista—. Dejamos eso atado y me marcho para que puedas relajarte.
—¿Qué tenemos que hablar?
—Es una periodista nueva a la que no conozco, así que no sé por dónde puede salir y solo podemos decidir tres de las preguntas.
—¿No te han pasado el listado de las que harán? —pregunta Cameron, descolocada, porque si algo bueno tiene trabajar con Lexi es que nunca acepta entrevistas donde ella no controle el rumbo de la conversación, así que es muy difícil que Cameron quede expuesta a alguna pregunta incómoda.
—Lo tengo, pero como te he dicho, no la conozco y no sé si puedo fiarme de que cumpla lo acordado, así que necesito que te controles con las respuestas de la franquicia, y nada de opiniones personales sobre el guion de la segunda parte.
—Tranquila, sé lo que tengo que hacer, me tienes bien entrenada.
Lexi sonríe satisfecha, y está a punto de levantarse para irse cuando le llega una notificación de Tim, un chico que trabaja para ella rastreando las redes sociales en busca de cualquier comentario que necesite reacción inmediata sobre Cameron o los otros tres artistas a los que lleva.
—Espera un momento —dice Lexi, que abre la notificación y pulsa el enlace que Tim acaba de enviarle junto con una nota.
«No parece grave, pero quizá quieras echar un vistazo a esto».
Y Lexi siempre quiere, porque lo de decidir si es grave o no es cosa de ella, no de Tim.
—Vaya —dice cuando termina de leer.
—¿Qué pasa? —pregunta Cameron.
Lexi no aparta la mirada de la pantalla, porque después de leer el artículo está leyendo los comentarios en las redes, y lo que ve le molesta.
—Un artículo publicado en un blog personal de una periodista. No dice el nombre, pero habla de una actriz que, según ella, se dedica a seducir a periodistas en las galas benéficas.
—¿Qué actriz?
—No la menciona, pero la describe como una mujer que genera falsas esperanzas y es fría como un témpano de hielo. Podrías ser tú —añade con media sonrisa burlona que a Cameron no le hace ninguna gracia.
La actriz frunce el ceño y se inclina hacia delante, extendiendo la mano para que Lexi le entregue el teléfono.
—Déjame leerlo.
La publicista le cede su móvil y Cameron lee el artículo con los codos apoyados en las rodillas y los dedos apretados contra el móvil de tal modo que se está haciendo daño, porque, aunque no ha terminado, ha leído una frase que está entre comillas en medio del texto.
«¿Si te doy mi número, puedo confiar en que no saldrá de tu teléfono?»
Son las palabras exactas que le dijo a Brynn en la terraza del Meridian, y cuando baja hasta el final del artículo, confirma que está firmado por Brynn Mitchell.
—Qué zorra —espeta, devolviéndole el teléfono a Lexi.
—¿Zorra? ¿De qué hablas?
—Habla de mí.
—Perdona, ¿qué has dicho? —pregunta Lexi, que no está segura de haber oído bien.
—El artículo, la mujer de la que habla soy yo —explica Cameron.
—¿Cómo lo sabes?
—Porque yo le dije todas las frases que están entre comillas.
Lexi se queda callada unos segundos; después se levanta y se acerca al ventanal del salón, apoyando el hombro en el cristal con los brazos cruzados.
—Espero que al menos le dieras tu teléfono falso.
Cameron se echa hacia atrás en el sillón y Lexi eleva las cejas hasta que su frente prácticamente desaparece.
—Dios mío, Cam, ¿en qué pensabas al darle tu número a una periodista? Bueno —Lexi levanta la mano—, no me lo digas, me puedo hacer una idea.
—No te preocupes, no ha utilizado el número —dice Cameron.
Lexi camina hasta el sillón y vuelve a sentarse frente a ella.
—¿Y eso te preocupa?
—Sabes que no —contesta con frialdad—. ¿Qué vamos a hacer? ¿La demandamos?
La publicista levanta la mirada de la pantalla de su móvil y la clava sobre Cameron.
—¿Demandarla? ¿Con qué motivo? Ni siquiera dice tu nombre, y lo que se especula en los comentarios no está instigado por ella.
—¿Qué comentarios? —pregunta Cameron, poniéndose rígida.
—El artículo se ha hecho viral, algún listillo dijo que podías ser tú y los demás lo han dado por hecho, y ya sabes lo bien que funciona el hashtag Cameron en redes.
A Cameron empieza a hervirle la sangre; no solo se siente utilizada, ahora también se siente humillada, y ella no permite que nadie le tome el pelo.
—¿Qué haces? —pregunta Lexi cuando Cameron se levanta para coger su móvil.
—Voy a contestarle a la gran Brynn Mitchell —dice con sarcasmo.
—¿Brynn qué? —Lexi se levanta de golpe del sillón, ha leído el nombre hace un momento y lo ha pasado por alto, pero ahora que lo escucha...
—Mitchell —responde Cameron mientras desbloquea su teléfono.
Lexi se lo arranca de las manos.
—¿Qué coño haces?
—Salvarte de ti misma —responde la publicista señalándola con el dedo.
—¿Pretendes que deje que esa aprovechada lance un rumor sobre mí para atraer visitas a su blog? —pregunta Cameron, tratando de calmarse.
—No solo lo pretendo, sino que lo harás —asegura Lexi—.
Si contestas en el artículo o en las redes, le estarás confirmando a todo el mundo que la actriz de la que habla eres tú.
Lo mejor es que te mantengas al margen; esto morirá cuando se cansen de especular.
No le doy más de tres días antes de que todo el mundo se olvide.
—No me lo puedo creer, me difama y encima tengo que callarme —dice Cameron, exasperada.
—Como he dicho —repite Lexi, levantando una ceja—, no te nombra, así que no podemos acusarla de nada, y en cuanto a su nombre…
Lexi teclea en su pantalla a toda velocidad.
—¿Qué pasa con su nombre?
—Vaya mierda… —murmura Lexi para sí cuando se abre la pantalla que busca.
—¿Qué? ¿Qué pasa? —insiste Cameron, cada vez más intrigada.
—La entrevista del jueves que he cerrado con la revista Pulsos; según la redactora, la entrevistadora será Brynn Mitchell, que lleva el pódcast de la revista.
Cameron suelta una risita nasal y niega con la cabeza .
—Cancélala.
—No puedo, ya la he cerrado —dice Lexi, mordiéndose el labio mientras espera la reacción de Cameron.
—¿Y desde cuándo no puedes cancelar algo?
—Cálmate, Cam, no la puedo cancelar porque forma parte de la promoción de la película.
A la semana siguiente entrevistarán a tu amigo Evan, y después al director.
No es algo que yo haya buscado, por eso no conocía a la periodista en cuestión; esto lo cerró la promotora y yo estuve de acuerdo —explica la publicista.
—No me lo puedo creer —Cameron se lleva las manos a la cabeza—. ¿Cómo puede ser tan hipócrita de lanzar un artículo así a dos días de la entrevista?
—Creo que no lo sabía; su editora me ha confirmado que sería en formato pódcast hace apenas unas horas.
Cameron se deja caer en el sillón.
—Tienes que ser buena, ¿me oyes? Respondes a las preguntas pactadas, sonríes y eres amable, y te levantas y te vas en cuanto acabes.
—No puedo fingir —se queja Cameron.
Lexi se cruza de brazos y ladea la cabeza para mirarla.
—Eres actriz; si hay algo que sabes hacer, es eso. Y lo harás, Cam. Ahora olvídate de ella y vamos a centrarnos en las preguntas.
—¿Y dejo que la gente especule sin más?
—La gente ya especula y eso no puedes controlarlo. Lo que sí puedes controlar es no añadir gasolina. Si guardas silencio, ya te he dicho que esto muere en tres días. Si respondes, vive tres semanas.
Cameron resopla y su mente vuelve una fracción de segundo a la terraza, a la risa de Brynn y a esa forma sincera de mirarla, y no entiende qué es lo que hizo mal. ¿Quizá le molestó que coqueteara con ella?
—Olvídate del asunto —Lexi interrumpe sus pensamientos intrusivos—. Y la próxima vez que estés en una gala, no intentes ligar con una periodista. —Hace una pausa—. Da gracias de que no haya aireado tu orientación sexual, aunque con eso sí se hubiera ganado una demanda.
—Parecía sincera —dice Cameron en voz baja, más para ella que para Lexi .
—Todos los periodistas parecen sinceros hasta que dejan de serlo. Ya lo sabes.
Cuando Lexi se va media hora más tarde, Cameron se mete las manos en los bolsillos del pantalón y camina de vuelta al salón. Dieciséis años en esta industria y sigue sin aprender.
Se tumba en el sofá y se queda mirando el techo. No comprende por qué le afecta tanto; eso es lo que más le molesta. Ha recibido golpes más grandes que este y los ha absorbido sin que el pulso le temblara, pero por algún motivo, que haya sido Brynn la autora de este la hace sentir derrotada.