Capítulo 3 #2
—Opinión, principalmente. Cultura. Análisis de lo que pasa en el mundo y por qué me parece mal.
—¿Y hay muchas cosas que te parecen mal? —indaga Cameron, sorprendida de que sus alarmas no hayan saltado en cuanto ha deducido que Brynn es periodista.
—Bastante, sí.
—Me lo imagino.
—¿Por qué?
—Porque pareces de esas que lo cuestionan todo, de las que no se conforman con lo primero que ven e investigan hasta descubrir lo que hay debajo. ¿Eres de esas, Brynn?
A Brynn la atraviesa una especie de relámpago cuando tiene la sensación de que el tono de Cameron ha descendido al final de la frase. ¿Otra vez coquetea con ella?
—Creo que sí —confirma ella—. ¿Crees que es malo?
—Lo que pienso es que eres interesante.
Brynn considera que no se le da mal ligar con chicas, pero ahora no sabe qué decir porque no parece estar ligando con una chica cualquiera. La mujer que tiene delante es Cameron Felton, una de las actrices más sonadas del momento, y Brynn no sabe qué debe hacer en este contexto.
—Cam —escuchan desde la entrada del balcón—. Deberías entrar.
Las dos se giran y Brynn ve a una mujer morena que no aparta la mirada de su móvil mientras espera.
—Tengo que volver —dice Cameron—. Ha sido un placer, Brynn.
Brynn se sorprende cuando Cameron le tiende la mano de nuevo.
—Lo mismo digo —responde y se la estrecha, pero cuando deberían separarse, siente que Cameron la retiene y tira de ella hasta casi pegarla a su cuerpo.
—¿Si te doy mi número, puedo confiar en que no saldrá de tu teléfono? —susurra, y Brynn siente que las rodillas se le aflojan.
—¿Quieres que te escriba? Quiero decir, que nos veamos en otro sitio que no sea…
—¿Un lugar donde se gaste más del dinero que van a recaudar en lugar de coger ese dinero y donarlo? —pregunta Cameron, y Brynn se ríe—. Sí que quiero, siempre que tú también quieras.
—Dime el número, te prometo que lo memorizaré —dice Brynn, conteniendo las ganas de hundir la cara en el hueco del cuello de la actriz, que huele a una mezcla de champú y jazmín que la está volviendo loca.
Cameron se acerca para susurrarle el número, dejando que su mejilla roce la de Brynn cuando todavía tienen las manos unidas en ese apretón del que parece que no quieren despegarse.
La actriz susurra cada número con calma y, con cada uno de ellos, su aliento resbala por el cuello de la periodista, erizando toda su piel hasta que termina.
—¿Lo tienes? —pregunta Cameron.
Brynn asiente sin contestar, porque teme abrir la boca, distraerse con sus propias palabras y que se le olvide algún número.
—Bien, escríbeme pronto.
Cameron lo dice con los ojos clavados en los labios de Brynn, y la periodista solo puede asentir otra vez porque su lengua está atrapada en su boca, pegada a su paladar porque se le ha quedado seca de nuevo.
Cuando la actriz regresa al interior, Brynn corre hacia otra de las entradas y va directamente a la recepción del hotel para que alguien le preste un bolígrafo y un papel donde anotarlo.
—Gracias —le dice al hombre que le ha prestado algo con lo que escribir, y después mira el número de Cameron escrito en el papel, su número personal, no el de su agente, el suyo.
Brynn siente que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer esa noche, así que pide un taxi y se marcha a su piso. En cuanto llega, siente la tentación de escribirle a la actriz, pero considera que si lo hace tan pronto parecerá desesperada, así que se ducha, se pone el pijama y se va a la cama.
Sorprendentemente, Brynn ha dormido casi nueve horas después de una noche que le resultó completamente agotadora y a la vez una de las mejores de su vida.
No le queda café, así que se viste y va a la cafetería que hay enfrente de su edificio y, mientras se toma un capuchino con tanta crema que se ensucia la nariz la primera vez que bebe, la periodista mira su móvil, donde ha escrito el nombre de Cameron Felton en el buscador y han aparecido miles de resultados y de fotos.
Brynn trata de encontrar alguna de la actriz con una mujer, una foto que justifique que anoche no alucinó, porque, hasta donde ella sabe, Cameron Felton es heterosexual y todas las parejas con las que se la ha relacionado siempre han sido hombres.
Sin embargo, ella está muy segura de que Felton la miraba con hambre, y no era la mirada de una primeriza, era la de una mujer que ya ha estado con otras y sabe lo que quiere.
No encuentra nada, ni siquiera una mención, y lo cierto es que tampoco le preocupa.
Cameron no sería la primera ni la última actriz que oculta su orientación sexual a los medios, así que Brynn cierra el buscador y abre la agenda de contactos.
Pulsa el icono y escribe todo tipo de mensajes que borra porque ninguno le parece bueno, hasta que decide que le basta con decirle quién es y dejar que sea la actriz la que decida cómo continuar.
Número desconocido
Soy Brynn, espero que me sigas recordando.
No añade nada más y lo envía antes de arrepentirse, pero la respuesta no llega en todo el día, tampoco al siguiente ni una semana después, y Brynn sabe que escribió el número correcto porque todavía puede escuchar a Cameron susurrándoselo al oído.
Lee su propio mensaje cientos de veces en esos días, preguntándose si hay algo en esas palabras que pueda resultar ofensivo y que haya molestado a la actriz, que la ha dejado en visto.
Cuando casi han pasado dos semanas, decide que ya sabe lo que pasó: para Cameron, Brynn fue simplemente un ensayo, probablemente para una actuación o incluso para ella misma, para demostrarse que tiene esa habilidad natural de resultar irresistible ante una cámara y también ante hombres y mujeres.
Ella es la prueba de lo último. Brynn ha sido el público de una actuación y tuvo la ingenuidad de confundirlo con otra cosa.
Lo que no le perdona no es que no haya respondido. Es que durante esa hora en la terraza Brynn no estuvo fingiendo nada. Fue ella misma, y se dejó eclipsar por la belleza de la reina de hielo y su lengua entrenada para seducir.
Cuando ya han pasado dos semanas desde el mensaje, Brynn, que no soporta la rabia de sentirse utilizada, abre su portátil, se pone la lista de reproducción que usa cuando tiene demasiado ruido en la cabeza y comienza a escribir.
El artículo se titula Coleccionista , y habla de una actriz que frecuenta los eventos benéficos de Manhattan: una que regala conversaciones como una encantadora de serpientes, que finge conexión, seduce con la mirada y te tienta con la promesa de que se repita la cita para después darte su número de teléfono, dejarte en visto y convertirte en una más de su lista de conquistas.
«Si te doy mi número, ¿puedo confiar en que no saldrá de tu teléfono?»
Brynn escribe varias frases como esa, todas con las mismas palabras que Cameron utilizó porque las recuerda muy bien.
No dice su nombre porque no quiere jugársela, aunque su blog personal todavía no tiene muchos seguidores y el artículo le sirve más para desahogarse que para que la gente haga clic sobre él.
Lo publica cerca de la medianoche y cierra el portátil, y seis horas después, cuando se levanta para ir a trabajar, ve que el artículo tiene tres mil retuits y en los comentarios la gente está especulando sobre el nombre de la actriz.
Eso es lo que ha hecho su artículo sin pretenderlo, generar tal curiosidad que se está haciendo viral, y lo que más le impresiona es que uno de los nombres más escritos es el de Cameron Felton.
Brynn no lo comprende, pero se fija en uno de los primeros comentarios donde alguien simplemente dice que Cameron acudió a tres de estas galas ese mes, y eso es suficiente para que los demás lo acepten como prueba de veracidad.
La periodista mira el artículo y lo lee de nuevo, pensando por un momento que a lo mejor no debería haberlo escrito, pero no es culpa suya que la gente especule, así que apaga la pantalla y se va a la ducha.