Por siempre nosotras 33 #2
74%

33 #2

Durante unos minutos caminaron simplemente uno al lado del otro, escuchando el murmullo de la gente que abandonaba el recinto mientras el aire cálido de la noche empezaba a sustituir al calor acumulado durante el concierto.

Fue Dani quien rompió el silencio.

—¿Te ha gustado?

Lía soltó una risa pequeña.

—Creo que esa es la pregunta más absurda que me han hecho nunca.

Él sonrió.

—Era por asegurarme.

—Ha sido increíble.

Se quedaron callados otra vez.

Dani metió las manos en los bolsillos y miró hacia el suelo unos segundos antes de volver a hablar.

—Me alegro de haber coincidido contigo.

Lía giró la cabeza lentamente.

Aquella frase era sencilla.

Tan sencilla que cualquiera habría pensado que no significaba nada.

Pero ella sabía que sí.

Porque Dani no estaba hablando del concierto.

Lo miró unos segundos sin responder.

Después sonrió muy despacio.

—Yo también.

No añadieron nada más.

No hacía falta.

A unos metros de ellos, Tana los observó de reojo.

—¿Los ves? —susurró.

Álex siguió discretamente la dirección de su mirada.

Asintió.

—Sí.

—¿Crees que se han dado cuenta?

Él sonrió con calma.

—Creo que llevan toda la vida dándose cuenta.

Lo único que les falta es dejar de tener miedo.

Tana volvió a mirar hacia atrás. Lía acababa de reírse por algo que Dani le había dicho en voz baja y fue una risa distinta, más tranquila. Y, sin saber muy bien por qué, tuvo la sensación de que aquella noche no iba a cambiarles la vida de inmediato, pero sí iba a quedarse con ellos durante mucho tiempo, como esas canciones que uno deja de escuchar durante años y, aun así, sigue sabiendo cantar de memoria cuando vuelven a sonar.

Al salir del recinto, el grupo se detuvo unos segundos en la acera, todavía envueltos en el ruido de la gente que se dispersaba.

—¿Tomamos algo? —propuso Nico, mirando alrededor—. Hay un sitio aquí cerca.

Pipa asintió enseguida.

—Sí, por favor. Necesito seguir hablando de esto durante al menos dos horas más.

Álex miró a Tana, esperando su respuesta. Ella dudó apenas un segundo antes de negar con la cabeza.

—Yo paso. Estoy muerta.

Lía la miró de reojo, entendiendo al instante.

—Yo también —añadió—. Creo que necesito… bajar un poco.

Pipa frunció el ceño.

—¿Seguro?

—Segurísimo —respondió Lía con una sonrisa tranquila—. Id vosotros.

Nico se encogió de hombros.

—Vale, pero luego no os quejéis si nos lo pasamos mejor.

—Imposible —replicó Tana.

Se despidieron entre bromas rápidas y promesas de verse al día siguiente. Pipa y Nico se alejaron primero, todavía discutiendo sobre cuál había sido la mejor canción. Álex dudó un instante más, mirando a Tana.

—¿Seguro que no queréis que os acompañe?

—No hace falta —respondió ella—. Estamos bien.

Él asintió, aunque no parecía del todo convencido, y terminó siguiendo a los otros dos.

Dani se quedó unos segundos más y miró a Lía.

—¿Vais bien?

—Sí.

Hubo una pausa breve.

—Entonces… nos vemos.

—Nos vemos.

No hubo abrazo, ni gesto que alargara la despedida, solo una mirada que duró un segundo más de lo necesario antes de que ellas se giraran y se marcharan.

—Vale —murmuró Tana a su lado—. Ahora sí que tenemos que hablar.

Lía dejó escapar una risa suave.

—Lo sé.

Lía y Tana empezaron a alejarse por la avenida, perdiéndose poco a poco entre la marea de gente que abandonaba el recinto. Dani las siguió con la mirada hasta que dejó de distinguirlas entre las luces y los grupos que caminaban en todas las direcciones. Solo entonces soltó el aire despacio, como si hubiera estado conteniendo la respiración desde que terminó la última canción, y se volvió hacia los demás.

—Creo que yo también me voy.

Álex lo miró sorprendido.

—¿Ya? Habíamos dicho de tomar algo por aquí.

Dani negó con una sonrisa cansada mientras sacaba el móvil del bolsillo.

—Otro día. Me está empezando a doler bastante la cabeza y prefiero irme a casa.

Pipa resopló con una media sonrisa escéptica.

—Qué oportuno. Justo ahora.

Dani levantó un instante la vista hacia ella. No había reproche en su mirada, solo un cansancio difícil de disimular. Por primera vez desde que se conocían, ni siquiera intentó responderle con una broma. Bajó de nuevo la vista al teléfono y pidió un taxi. Aquel silencio descolocó incluso a Pipa. Álex dio un paso hacia él y le apoyó una mano en el hombro.

—¿Seguro que estás bien?

Dani tardó unos segundos en contestar.

—Sí. Solo necesito dormir un poco.

Los dos sabían que era mentira.

El taxi apareció apenas un minuto después. Dani guardó el móvil, abrazó primero a Álex y después estrechó la mano de Nico.

—Nos vemos.

—Llámame mañana —le dijo Álex.

Dani asintió sin añadir nada más. Después abrió la puerta del coche, se despidió con un gesto rápido de la mano y desapareció en el asiento trasero.

Los tres siguieron el taxi con la mirada hasta que dobló la esquina y las luces rojas desaparecieron al final de la avenida.

Pipa rompió el silencio con un encogimiento de hombros.

—Pues sí que le ha sentado intenso el concierto.

Álex no respondió y Nico tampoco, porque los dos sabían que Dani no se iba a casa por el dolor de cabeza. Se marchaba porque, después de haberla tenido tan cerca durante toda la noche, volver a despedirse de Lía le dolía mucho más de lo que estaba dispuesto a reconocer delante de nadie.