Por siempre nosotras 32 #3
70%

32 #3

Sacudió la cabeza con una mezcla de resignación y diversión antes de apartarse del grupo. No tenía intención de seguir escuchando cómo aquellos dos disfrutaban de haber organizado semejante encerrona. Buscó a Nico con la mirada y lo encontró unos pasos más atrás, observando toda la escena con una expresión que delataba que estaba haciendo un esfuerzo enorme por no reírse.

Aquello le hizo sospechar todavía más.

Caminó directamente hacia él y, cuando estuvo lo suficientemente cerca, le sujetó con suavidad del antebrazo para apartarlo un poco del resto. Nico la siguió sin hacer preguntas, dejando que lo guiara hasta una esquina de la terraza desde la que seguían viendo a los demás, pero donde el murmullo del concierto les daba cierta intimidad.

—Ven un momento.

—¿Qué pasa?

Pipa comprobó de reojo que Álex y Tana seguían entretenidos hablando entre ellos y bajó automáticamente la voz.

—Dime la verdad.

Nico apenas necesitó mirarla para entender de qué iba aquella conversación. Aun así, decidió hacerse el despistado durante un segundo.

—¿Sobre qué?

Ella entrecerró los ojos.

—No te hagas el tonto.

Hubo una breve pausa.

—¿Tú también lo sabías?

Nico soltó el aire despacio. Durante un instante valoró la posibilidad de inventarse cualquier excusa, pero enseguida la descartó. Con Pipa nunca funcionaban las medias verdades. Lo conocía demasiado bien y siempre terminaba descubriendo cuándo intentaba esconderle algo.

Sonrió de lado, resignado.

—Sí.

La reacción fue inmediata.

—¡Nico!

Él levantó las manos con gesto conciliador, intentando calmar la tormenta antes de que estallara.

—Déjame explicarlo.

—¡Llevas dos días sin escribirme por esto!

—Precisamente por esto.

Pipa lo miró como si no pudiera creer lo que acababa de escuchar.

—¿Perdona?

—Si hablaba contigo, se me iba a escapar.

Ella cruzó los brazos con fuerza.

—¿Tan poco confías en ti?

Nico dio un pequeño paso hacia ella, reduciendo apenas la distancia que los separaba.

—No. Tan poco confío en lo bien que me conoces.

Aquella respuesta consiguió desmontar una parte de su enfado. Muy pequeña, pero suficiente para que dejara de mirarlo con tanta dureza.

Nico aprovechó ese momento.

—Álex me pidió que no te dijera nada.

—¿Y tú le hiciste caso?

—Sí.

—Muy bonito.

Él sonrió con paciencia.

—Porque tenía razón.

Pipa frunció ligeramente el ceño.

—¿Ah, sí?

—Sí. Sabía que, si te enterabas de que Dani venía al concierto, ibas a intentar convencer a Lía para que no viniera.

Ella abrió la boca para protestar, pero ninguna palabra llegó a salir. Porque los dos sabían que era exactamente lo que habría hecho. La conocía demasiado bien.

Nico dejó pasar unos segundos antes de volver a hablar.

—Pipa…

Esperó hasta que ella volvió a levantar la vista.

—No estamos intentando empujar a Lía hacia Dani. Ni Álex, ni Tana, ni yo.

Hizo una breve pausa.

—Solo queremos que pueda decidir por ella misma. Sin que nadie tome esa decisión antes.

Las palabras quedaron suspendidas entre los dos. Pipa bajó la mirada hacia el suelo de madera de la terraza mientras, a su alrededor, seguían sonando las conversaciones, el tintinear de las copas y la música ambiente que precedía al concierto. Todo seguía igual, pero ella empezaba a mirar la situación desde un sitio diferente.

—Sigo sin fiarme de Dani —admitió al cabo de unos segundos.

—Lo sé.

—Y como vuelva a hacerle daño…

Nico sonrió con esa tranquilidad que tan pocas veces perdía.

—Entonces seré el primero en ayudarte a esconder el cadáver.

Pipa no pudo evitar soltar una carcajada. Le dio un pequeño golpe en el pecho con la palma de la mano mientras negaba con la cabeza.

—Eres idiota.

—Un poco.

—Mucho.

Nico aprovechó que ella todavía no había retirado la mano para entrelazar sus dedos con los suyos.

—¿Sigues enfadada?

Pipa intentó mantener el gesto serio, pero apenas aguantó unos segundos antes de rendirse.

—Un poco.

—¿Solo un poco?

Suspiró, desviando la mirada hacia el escenario.

—Es que me cuesta mucho enfadarme contigo.

La sonrisa de Nico apareció despacio, de esa forma tranquila que últimamente conseguía desarmarla más que cualquier otra cosa.

—Entonces ha merecido la pena el riesgo.

Pipa permaneció unos segundos observándolo en silencio. Después entrelazó del todo sus dedos con los de él y apoyó ligeramente la cabeza sobre su hombro, dejando que el enfado terminara de desaparecer.

—Como esto salga mal…

—No saldrá.

—¿Y si sí?

Nico levantó la vista discretamente hacia el otro lado de la terraza. Lía y Dani seguían separados por apenas unos metros, inmóviles, como si el resto de personas hubieran dejado de existir para ellos.

—Entonces estaremos todos para recoger los pedazos.

Pipa siguió su mirada. Observó primero a Lía y después a Dani. Durante mucho tiempo había estado convencida de que proteger a su amiga significaba mantenerla alejada de él. Sin embargo, por primera vez desde que lo conocía, se permitió hacerse una pregunta distinta.

Quizá el problema nunca había sido lo que ella quería para Lía.

Quizá la única pregunta importante era qué quería realmente Lía para sí misma.