Por siempre nosotras 32 #2
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32 #2

No era solo una grada mejor. Era otra experiencia. Había varias barras distribuidas por toda la terraza interior, camareros sirviendo copas y aperitivos en bandejas pequeñas, sofás bajos de color crema, mesas altas iluminadas con lámparas discretas y una enorme cristalera desde la que se veía el escenario prácticamente de frente. Todo estaba decorado con madera oscura, plantas altas y luces cálidas que daban al ambiente un aire más parecido al de un rooftop exclusivo que al de un concierto.

Pipa giró sobre sí misma como una niña pequeña, incapaz de decidir si mirar primero las barras, el escenario o las pulseras VIP que acababan de colocarles en la muñeca.

—Os juro que nunca he estado en un sitio así.

—Yo tampoco —reconoció Lía, sin poder apartar la vista del escenario.

Tana sonrió, satisfecha. Verlas disfrutar ya hacía que aquellas entradas hubieran merecido la pena, incluso aunque el plan que había detrás de todo aquello todavía no hubiera empezado del todo.

—Primero una copa —sentenció Pipa, recuperando su sentido práctico—. Luego ya lloraremos con Dani Martín.

Las tres comenzaron a caminar hacia la barra, todavía con esa mezcla de emoción y sorpresa que les hacía reír por cualquier cosa.

Al mismo tiempo, apenas unos metros más allá, Álex, Nico y Dani terminaban de recoger sus pulseras VIP en otro acceso. Dani miraba alrededor con una expresión que no conseguía disimular del todo la ilusión.

—Pues sí que era verdad lo de la zona VIP… —dijo.

—Te dije que no mentía —respondió Álex.

—Empiezo a pensar que deberíamos hacer más clientes como el tuyo.

Álex sonrió, pero apenas lo escuchaba. Mientras caminaban, levantó la vista por encima del hombro de Dani y las vio. Las tres. Exactamente donde había imaginado. Tana también acababa de verlo y, cuando sus miradas se cruzaron, no hizo ningún gesto evidente; solo levantó apenas una ceja, lo justo para confirmar que todo iba según lo previsto.

Pipa seguía completamente concentrada en decidir qué cóctel pedir.

—¿Mojito o margarita?

—Todavía no ha empezado el concierto y ya estás pensando en la segunda copa —rió Lía.

—Hay que organizar prioridades.

Tana apenas escuchaba. Seguía mirando hacia delante, contando mentalmente los segundos, sabiendo exactamente dónde estaban ellos y sabiendo también que, en cualquier momento, la noche iba a cambiar de ritmo.

Lía levantó la cabeza para buscar el escenario una vez más y entonces lo vio. Primero distinguió a Álex, después a Nico, y la sonrisa apareció sola, instintiva, porque durante un segundo aquello solo le pareció una coincidencia divertida. Pero justo cuando iba a levantar la mano para saludarlos, sus ojos siguieron avanzando hasta detenerse en Dani.

El tiempo pareció ralentizarse. Él también la había visto y se quedó quieto, con la copa todavía sin pedir y la misma expresión de sorpresa que probablemente tenía ella. Durante unos segundos ninguno de los dos dijo absolutamente nada. Ni siquiera sonrieron. Solo se miraron, como si todo el ruido del recinto hubiera desaparecido de golpe.

—¿Lía?

La voz de Pipa la sacó de aquel instante. Siguió la dirección de su mirada y entonces también los vio. Primero a Álex, luego a Nico y, por último, a Dani. Su expresión cambió despacio, pasando de la sorpresa a la sospecha en cuestión de segundos, antes de girarse lentamente hacia Tana.

—Tana…

La abogada bebió con tranquilidad un sorbo de agua, como si no tuviera absolutamente nada que ocultar.

—¿Sí?

—¿Hay algo que quieras contarnos?

—¿Sobre qué? —preguntó Tana, fingiendo una inocencia tan poco convincente que Pipa entrecerró los ojos.

—Sobre esos tres.

Tana miró hacia el otro lado de la sala como si acabara de descubrirlos en ese mismo instante.

—Anda… qué casualidad.

Pipa soltó una carcajada incrédula.

—Eres una mentirosa pésima.

En ese momento Álex empezó a caminar hacia ellas con una sonrisa imposible de disimular. Pipa se cruzó de brazos antes de que llegara junto a Tana y alzó una mano para detenerlo.

—Ni se te ocurra besarla.

Álex se quedó quieto a medio paso.

—¿Perdón?

—Primero explícanos esto.

Se hizo un pequeño silencio. Álex miró a Tana, Tana lo miró a él y los dos terminaron riéndose al mismo tiempo, como dos culpables que ni siquiera intentaban defenderse demasiado.

—Lo siento… —dijo Álex, levantando las manos—. Pero era demasiado buena oportunidad como para dejarla pasar.

Pipa abrió mucho los ojos.

—¡Lo habíais preparado!

—Un poquito.

—¡Un poquito dice!

Lía seguía sin intervenir. No porque no hubiera entendido lo que acababa de pasar, sino porque Dani seguía allí, a unos metros, sin apartar la mirada de ella y esa era la única sorpresa que, en realidad, le importaba.

Pipa mantuvo la mirada fija en Álex durante unos segundos más. Intentó aparentar enfado, cruzándose de brazos y frunciendo ligeramente el ceño, aunque la sonrisa que luchaba por escapársele hacía imposible que nadie la tomara demasiado en serio.

—Sois lo peor.

Álex se encogió de hombros con absoluta tranquilidad, como si llevara toda la vida acostumbrado a ese tipo de acusaciones.

—Lo sabemos.

—Y encima estáis orgullosos.

—Un poco.

Tana le dio un codazo suave en las costillas antes de que siguiera provocándola.

—No la piques más.

—¿Yo?

—Sí, tú.

Pipa negó despacio mientras soltaba un resoplido exagerado.

—De verdad… No sé cómo os aguanto.

—Porque, aunque no quieras reconocerlo, en el fondo me aprecias —respondió Álex con una sonrisa imposible de borrar.

—No te flipes.