A mi manera
Me quedé quieta un segundo frente a la verja y respiré hondo. El corazón me iba tan rápido que parecía que se me notaba desde fuera. Levanté la mano para llamar y, justo entonces, la puerta se abrió.
—¡Hola, Beca! ¡Calcetines! —gritó Vega, agachándose para rascarle detrás de las orejas—. ¿Has venido a ver a mi hermano?
Esta vez no me escondí.
—Sí —dije—. ¿Está en casa?
Vega levantó la vista.
—Ah…, pues no. Mi madre ha ido a buscarlo al psicólogo.
Aquello me dejó descolocada un segundo. ¿Psicólogo? ¿Nico?
Me pareció rarísimo
—No salgas sin avisarme, Vega. —Una chica joven apareció en la entrada y me sonrió; supuse que sería la canguro—. Hola, ¿necesitas algo?
—No, no. Buscaba a Nico, pero ya hablaré con él en otro momento. Gracias.
Me despedí y eché a andar de vuelta.
Pensé en Nico. En que siempre sonreía. En que siempre parecía tranquilo. En que se llevaba bien con todo el mundo. Y caí en algo que no había pensado antes: igual esa era solo la parte que enseñaba.
La parte que nos dejaba ver…
Quizá por eso iba al psicólogo…Creía que éramos amigos, pero en realidad no sabía tanto de él como pensaba. Quizá él también tenía cosas dentro que no sabía muy bien cómo decir.
Llegué a casa en plan «misión fallida», pero sin drama, sin sentirme tan… enfadada. Era una sensación extraña, diferente.
No tenía la cabeza como para pensar en nada serio, así que empecé a ordenar mi cuarto, sin un objetivo claro, solo por hacer algo con las manos.
Abría cajones, recolocaba cosas que ya estaban colocadas, movía libros de un sitio a otro…
hasta que di con la bolsa de las botas rojas.
Todavía no las había devuelto. Seguían ahí. Tal cual las había dejado.
Las saqué de la bolsa. Eran chulas. Mucho. Me puse a mirarlas con calma, fijándome en detalles en los que antes no había reparado: tenía las costuras como doradas, y por dentro, estaban forradas con una tela roja muy suave. Eran especiales.
Me parecían un poco más altas de la cuenta, así que le di la vuelta a una para mirar la suela y entonces cayó al suelo un papel doblado y leí: «Para Rebeca».
Nada más verlo, reconocí la letra.
La de mi madre.
Beca, si estás leyendo esto quiere decir que al final te las has probado. Si, por el contrario, el que está leyendo esto es un dependiente de la sección «devoluciones»… hola, y perdón, puedes hacer desaparecer esta nota.
Vi las botas y pensé que te quedarían geniales. Pero no voy a intentar convencerte. No tienes que ponértelas para gustarme a mí ni a nadie. Y si las cambias por otra cosa, perfecto también.
Con o sin ellas, prométeme ser siempre quien tú quieras ser, no quien creas que esperan los demás de ti. Y con estas botas o sin ellas, camina siempre a tu manera.
Te quiere, la Reina Maga n.º1 (mamá)
Cuando terminé de leer, me senté en la cama con la nota entre las manos y me quedé quieta un momento, como si necesitara parar un poco.
No lloré ni nada, pero me emocioné igual, porque sentí que mi madre estaba ahí conmigo, justo ese día en que todo se me estaba haciendo un poco cuesta arriba sin que yo supiera muy bien por qué. Volví a leer la nota despacio.
«Camina siempre a tu manera».
Entonces me di cuenta de que llevaba semanas haciendo justo lo contrario, pensando demasiado en los demás, en lo que dirían, en lo que pensarían, en lo que se suponía que tenía que hacer, y muy poco en mí.
Y fue raro, porque mi madre no sabía nada de todo eso, pero, aun así, me había mandado el mensaje perfecto, justo cuando más lo necesitaba.
Como siempre
Respiré hondo y entonces sí, sin darle más vueltas, me puse por fin las botas.
Me miré en el espejo y fue muy guay, porque me gusté, me gusté de verdad.
Di un par de pasos por mi cuarto solo para escucharlas contra el suelo, como comprobando que eran mías.
No me sentía perfecta ni segura del todo, pero sí me sentía más yo.
Cogí el móvil, me hice un selfie en el espejo y se lo mandé a mi madre sin pensarlo.
Cuando volví a mirarme, me di cuenta de que cada vez me gustaban más esas botas.
Y con esa energía nueva, de las que te empujan por dentro, me fui directa al garaje todavía con ellas puestas, agarré la guitarra y, por fin, la canción empezó a salir como tenía que salir.
Ha cambiado todo en tan poco tiempo 11
Que no sé cómo explicar lo que siento 11
Me pasa que a veces me dejo llevar 11
Por miedos que nunca se cómo evitar… 11
Y es que, además, cuando mi mundo cambió 11
fue en plan desastre y hasta el suelo tembló… 11
Me quedé tan sola y pensé que jamás 10+1
Iba a encontrar cuál era mi lugar 10+1
Y ya lo ves, aunque he estado rayada 11
Las cosas pasan y pasan los dramas 11
Y no queda otra que gastar suela 11
Marcaré el paso con mis botas nuevas 11